
Lo que me enamora de las letras, es que no perecen. Y esa trascendencia, que sólo se presenta en el éter, en el universo y en la moralidad del ser humano, se esmera en conquistarme todos los días. Si de algo vamos a hablar, es de lo inefable, aquellas vicisitudes en las que el fonema ha quedado corto. Empaquetar aquello en letras, me ambiciona al punto de extender la naturaleza de las mismas palabras...
viernes, 25 de diciembre de 2009
Vocación.

domingo, 13 de diciembre de 2009
El Chico del Angst. Un día cualquiera...

El chico estaba pasando por la peor etapa de su vida. Y no lo creía porque supiese el futuro y desde entonces sólo esperaría subir; sino que lo pensaba porque aquel, había sido el peor de sus días.
Se dio cuenta de algo fundamental para la existencia de un ser humano: no tenía valores. Hace rato los había negado tener, y de hecho, no les veía ninguna razón de ser más que el gusto de encontrarse con personas virtuosas, y, por cuestiones de reciprocidad, sentía deber en corresponderles.
Hace años que no creía en Dios, y tampoco le creía una pisca a todo lo que sonara arbitrario. Desde chico le dijeron qué hacer y no hacer, aunque lo único que hizo fue contradecir esas reglas. Luego no le vio sentido seguir escondiendo su realidad: no podía seguir ocultando mentiras, infidelidades y traiciones. A los 20 perdió toda culpa, y no veía causa metafísica, religiosa ni instintiva para contrariar todo lo que hacía. Con el tiempo adquiría experiencia y llegaba a su casa a escribir en una lista, aquellos valores que realmente le servían para conseguir amor en las personas. Escribía cuándo y cómo hacerlo. El chico tenía claro que robaría si tuviese hambre, asesinaría si llegaran a rozar la íntima parte de su ser y se viese aislado. Mentiría si de ello dependiera su existencia.
Evidentemente no lo hacía porque no podía: Las consecuencias eran la cárcel, el daño moral y el reproche de la sociedad. Lo único que sabía era que no quería estar solo, y para eso debía cumplir con ciertos valores que consideró correctos.
Sin embargo, ese día estaba solo. Nadie conocía a esa puta. Nadie la había visto, y si moría nadie se enteraría. ¿Por qué no hacerlo? ¿Por qué sí?
Se vio atormentado por sus instintos: todo su ser quería despedazarla, y sin embargo, no lo hizo. Le pagó y ella se fue dejando una ráfaga malolienta.
Confiaba él en su instinto de bondad; aunque la verdadera razón de no asesinarla era clara: flojera. De despedazarla, de ocultar el cuerpo y cavar una tumba. Prefirió ver televisión y comer un helado. Cuando se nos cruzan los instintos, nacía una idea. Al fin y al cabo, ellas sólo sirven para argumentarlos.
viernes, 4 de diciembre de 2009
Tractatus prematuro.

- Mamita...
- - Dime …
- - ¿Qué es mujer?
- - Mujer es una dama, como tú.
- - Sí, pero dama es lo mismo que mujer, dime, ¿qué es mujer?
- Un humano que posee útero, mamas, y habla fino. Como tú.
- - Pero allí me dijiste cómo era la mujer, no qué es.
- -Te dije, un humano.
- Pero el hombre también es un humano. ¿Qué es la mujer?
- - ¡Hay cabra e’ mierda, es un nombre que le pusieron a una especie de humano, déjate e webear!
- - Ahhh ya, di las cosas como son entonces. Mujer es un nombre. Una palabra.
Quisiera poder expresar qué es lo que pienso del Mundo. Quisiera decirlo. Pero decir lo qué es, resulta imposible. Las palabras, sólo nos dicen cómo son las cosas. No que son. Porque no son. Entiéndanlo: no existe definición para la misma definición. ¿Qué es el ser humano? Paff, son sólo palabras.
sábado, 28 de noviembre de 2009
¿Cuál es tu ética Piñera?

Hace poquito tiempo atrás, mientras procrastinaba viendo el 11, el guapo Alfonso Eicholz de Tolerancia Cero le preguntaba a Piñera, a voz de todos los chilenos: ¿Cuál es la diferencia entre gobernar una empresa y un país?
Me pareció notable la pregunta, no sólo porque salió de su boquita, sino que también fue muy lúcida y mucho más profunda de lo que Piñera creyó. De hecho, él respondió y evadió como siempre responder una cuestión más trascendental oculta en ella: ¿Usted dirige al país con la ética del economista, la del Utilitarismo, la cuantificadora y maximizadora de utilidades? ¿Usted tiene límites éticos a la hora de velar por el interés de País, o en LAN, por el interés de su empresa?
La pregunta era precisa. Era al grano, y profundamente arraigada en la ética que posee el Presidente. Porque esto de publicar la vida privada de los presis, de mostrar a los hijitos holandeses de Arrate, o que de alguna vez por todas Frei se ría, tiene que ver con la ética de nuestros próximos Presidentes. Tiene que ver con sus virtudes: si son honestos, si son carismáticos, si son buenas personas.
Lo que la lleva hoy, es ser moderado, un Rawls ( ¡gracias Milenko!). O sea, un Piñera de Derecha pero que permite la pastilla del día después. Un Frei socialista pero que comparte el neoliberalismo. Y no es una crítica. Quizás ser moderado es lo mejor. Quizás no. Nadie tiene la verdad cabros, no me canso de repetirlo.
Ahora bien, siempre hay cosas que parecen ser más correctas racionalmente. Y la desconfianza hacia Piñera va hacia sus límites: ¿Hasta donde le llegan los principios, cuando de perder platita se trata? Usted, en sus mocasines: ¿Haría lo mismo?
Hace poquito en Teoría Polític

a aprendí, de la manito de Weber, que el político sí o sí es un demonio que debe en ocasiones mentir, robar, engañar, etc. En ocasiones. Vamos, no es tan grave, ¿ o sí?. Nadie le cree, ni Eicholz, ni Villegas, ni siquiera el Piñerista más acérrimo; que él pudo conseguir tanto dinero sin haber ocupado medios corruptos. Nadie. Y ese es el problema de Piñera: que aún debe demostrar que no posee la ética del economista exitoso ( si es que no la tiene), y que realmente tiene límites. Porque quizás el dueño de un Banco no sea éticamente un consecuencialista, pero, quienes tienen éxito absoluto en los negocios sí. Y Piñera es uno de ellos.
Ahora bien, ¿cómo convencer de esto? Aún no lo logra. Pareciera tenerlo pegado como moho a sus arruguitas. El chileno medio, el que vota, el indeciso: toditos tenemos esa duda y desconfianza general al comparar la honestidad de Piñera con la de Arrate. Como el segundo no tiene nada que perder, y todo por ganar, promete y promete sin ningún técnico que le haga la peguita de hacerlo realidad.
Piñera es sin duda, una figura mediáticamente poco creíble, aunque ello no quiera decir que sea un mal político, y un mal Presidente. Apostaría veinte lucas a que lo haría mejor que Arrate. No esperen, apostaría toda mi vida como esclava.
Es una cuestión muy lógica: la ética del candidato, sus valores, sus formas de concebir las paradojas que conllevan la administración del Poder; son directamente proporcionales al voto. Y la ética del político debe ser representativa a la del chileno, que por lo demás y en general, es meramente instintiva. Ninguno de nosotros ha escrito un sistema ético propio: todos somos una pequeñita mescolanza de autores, o quizás, de opiniones diversas. Para lograr lo anterior, nos tendríamos que igualar a los grandes pensadores que construyen mundos propios. O que nos construyen el mundo.
En fin. Cuál es el límite de Piñera, se conocerá en la praxis: cuando nos demuestre cuán empresario es como Presidente, o cuán Presidente es para sus empresas. Lo anterior quizás es bueno: quién sabe si es mejor una política de fines. Como la de Estados Unidos. Chile está en las pequeñas ligas, y las discusiones son aún de corbatitas y de Kramer. Las conversaciones aún son de la gordura de la Bachelet y de la callulla de Frei. Aún conversamos de aborto, aún conversamos de homosexuales. El resto del mundo desarrollado está en otra, una cuadra más adelante.
lunes, 23 de noviembre de 2009
El Príncipe

Hay personas que por más que las hayan criado con olor a Parra, les hayan limpiado la cara y achicharrado la voz con Neruda, y las hayan abanderado con olorcito a empanada; parecieran no haber nacido en el Chilito Lindo de Cizarro,Piñera y Arenita.
Digámoslo así, sin regodeos: hay de esos que no tienen la mínima idea de que en las calles de Cerro Navia se cuelgan zapatillas para publicitar la droga, ni que el Mote con Huesillos más rico está a la vuelta de Jota Pérez con Radal.
Pocos encuentros cercanos he tenido con esta gente, que proviene del Olympo y que poquito se nos cruza a nosotros los descendientes de Moctezuma, Atahualpa y sus derivados. Y fíjense que no les hablo de los cuicos, porque estudio en la PUC y eso es pancito de cada día. Les hablo de una caricatura más prodigiosa y más europea que los turistas.
Me lo encontré al bajar la cro-mi hacia la Estación Santa Ana. Era la 504, y para mí mala suerte, el peldaño hacia la vereda era abismante para mi pati-corta. Casi como una princesa de Disney, o como una bruta ( como se quiera ver), me tropecé y fui a caer en los brazos de un hombre dorado de pies a cabeza ( no exagero, sus ojos, su piel, su cabello, hasta sus cejas lucían radiantes).
Al principio sólo noté una camisa adornada con un Rolex que me empuñaba para sostenerme; luego me percaté de su magnánima apariencia.
Tengo esa absurda costumbre de comenzar a ver símiles a las personas, y no miento que era igualito al príncipe William de Inglaterra. Apostaría mil pesos a que si me encuestan hoy, habría votado por él de Presidente. Y dejando fuera a las hormonas ( tarea ardua y valiente); Principe William me ayudó y sonriente me preguntó si me “ encontraba bien, o si necesitaba más ayuda ”. Y, posterior al desliz, nos fuimos conversando toda la Línea a San Joaquín.
Allí comenzaron los detalles: llevaba al menos 3 rosarios colindándole el cuerpo. Yo no sé si existen detergentes tan buenos como para que le haya lucido tan blanca la camisa; y mientras cavilaba en vicisitudes; el príncipe ya había ayudado a una abuela a sujetarse del pilar.
En el Metro me contaba que estudiaba Medicina en la PUC, y que decidió tomar el Metro para no gastar más bencina, y “ finalmente darle un respiro al Planeta”.
Por la mente me cruzaba la idea de que si acaso podía haber persona más limpia que él. Creo que no tenía caries, ni siquiera un rezago de ellas. Se me olvidó nombrarles que entre que me hablaba simpático y se fijaba en el exterior, un mar de puras yeguas lo miraba. Y él: pensando en no-sé-qué: probablemente no mujeres.
La aventura terminó en San Joaquín, por supuesto. Y no es que quiera hacerle una apología a este tipo de seres humanos, sino que nunca-jamás-había-percibido -a-alguien-tan-bueno. De apariencia, y de sentimientos. Repróchenme lo que quieran ( lo viste media hora, no es concluyente). Pero simplemente me preguntaba si es que acaso él había nacido aquí: con la mugre, las papitas fritas, con Tommy Rey y Américo en la Tele. ¿Sabrá que le pueden robar ese Rolex en cualquier calle de Santiago? ¿Habrá visto alguna vez en su vida a algún flaite? ¿Sabe lo que significa una duchita caliente para el que no la tiene? ¿ Se habrá dado cuenta que es tan diferente al chileno-medio? ¿Cómo chucha cree que es Chile?
En fin. Todo un paradigma filosófico para alguien que probablemente debe estar comiendo caviar o disfrutando en algún spa chino. Y como ya saben, esto quizás puede estar plagado de prejuicios. Inevitable, por lo demás, cuando te encuentras con Príincesas y Príncipés.
domingo, 8 de noviembre de 2009
¿Cómo le explico?

sábado, 31 de octubre de 2009
Casi imposible.

jueves, 15 de octubre de 2009
La Respuesta.
Caminaba la respuesta al frente,
cuando preguntaba
por ella:
¿Será que la veré?
¿Será que se escucha o recuerda?
Será que existe, será palabra y una sola, será mentira o una paradoja.
Será que tiene edad y se cansa de vivir,
Será que tiene tiempo
o que aún no nace
Será que es un niño que juega y se esconde.
Será que está desnuda
o al menos se viste.
Será que ni siquiera ella se conoce.
Pasó y ni supe:
Mi corazón palpitó al ver su sombra doblar la esquina.
No se imagine Ud. un edificio:
era una esquina que flotaba en el aire.
Piense Ud. cuando la conozca
y me vea cruzando las calles
Y sea yo quién dobla las esquinas
la que las pinta de sombra
la que se arranca y se venga
a la que el tiempo la envejece
y se pregunta por ella
sin saber que no es sino en su mente
donde están todas las avenidas.
domingo, 11 de octubre de 2009
De magos, sastres y Oro.

Hay quiénes leen los libros aún mejor que quienes los escriben. Hay quienes que a partir de la poquísima materia prima de las palabras, erigen edificios o los demuelen. Esa es la tarea “casi-imbécil” de los que roban un verso, se acuestan con él, lo reposan debajo de la almohada y lo transmutan en ideas al día siguiente. Digo casi, porque siendo escéptica, ya nada es una total verdad, y lo más seguro es que esté equivocada.
Muchos de estos alquimistas maniáticos somos los humanistas. Aquellos que ansiamos con fulgor descubrir códigos secretos en donde, quizás, no hay ningún disfraz. Aquellos que leemos en los zapatos de los autores y nos movemos por las letras con el mismo vaivén con el que el autor manipulaba su pluma. Y por más que intenten convencerme, a muchos humanistas les interesa poco la verdad. Más bien, algunos se han dedicado a desordenarla o a inventarla. Muy bien lo decía Einstein: “si deseas decir la verdad, hazlo con precisión. La elegancia déjasela al sastre”.
Y eso somos. Unos sastres. Y unos sastres complejos.
A ver qué diría Aristóteles si le contara que su libro ha sido traducido a cientos de lenguas, y como las mil putas se ha manoseado, mal interpretado; bien triturado con cuchillitos de críticas, molido, comido, debatido y requeté vilipendiado. Como Duchamp, que le hizo bigotes a la Monalisa. ( No caeré en analizar ese cuadro, Duchamp se reía de quiénes le veían algún sentido).
El análisis_ que es una de mis actividades predilectas_, tiene mucho de imaginería. Tiene mucho de creatividad, de cocina propia, de lenguaje inventado y propia condimentación. Y hoy le tocó al propio análisis ser analizado. Lo tomé por entre sus calzoncillos y le senté en una silla ( ¿Ven lo mucho de sastre y poco de precisa que soy?).
En fin, si me dedicaré a las mentiras, ya es hora de que también niegue esta verdad. ¿O no? Hay que ser consecuente. Al menos en esto: nada claro están los humanistas de lo que quieren, ¡Imagínense que ni siquiera han descubierto quiénes son!
Yo les tengo una noticia: no se engañen. Las palabras somos así: difusas, tan empaquetaditas que dejamos la realidad fuera. Si ni siquiera los números la abarcan por entero, no le pidamos más a nuestra ciencia de la confusión. A mí me gusta. Siempre me han gustado los magos.
miércoles, 7 de octubre de 2009
¿ Cómo pudo Nietszche vivir en esto?

Creo que el nihilismo debe tener un punto culmine. Y creo que lo estoy viviendo, al punto de cuestionarse hasta si este nihilismo no hace más que volver a negarse. El síntoma de muerte total la tiene esta diarrea mental que sólo me hace pensar absurderías. ( Pero ya casi todo es absurdo, ¿no?). Y así te la pasas caminando, hasta que besas a alguien y en un instante te preguntas: ¡Qué sentido tiene!, o quizás te introduces en el pasado de los griegos, alucinas con sus ideas, y te preguntas: ! Qué sentido tiene! , comes sin hambre y te preguntas: !Qué sentido tiene!, escribes en el blog y te preguntas: !Qué sentido tiene! , te preguntas! qué sentido tiene preguntarse el sentido!
miércoles, 30 de septiembre de 2009
¿Debate?

viernes, 25 de septiembre de 2009
Taldo al anochecer

Llegan esos días en las que el mundo es un absurdo. En mi caso, porque es un sentir de muerte. Al fin y al cabo, moriré. Y no hay nada más. No recordaré nada más. Para qué todos esos para qué’s. Y allí, caigo en ese ocaso aún más absurdo que engañarse con el sentido.
Buscar afanosamente a un ídolo: a un filósofo tan elocuente y lúcido; capaz de conocerse a sí mismo. El hombre más sabio de todos, vamos, díganme quién es. Que me responda todas estas sandeces que me cruzan el estómago, y que evito vomitarlas entre la multitud. Cada vez que encuentro a esa figura: se mancha, vuelve a parecer tan humano. Los grandes hombres, más animales que yo. Somos esclavos de nuestro cuerpo, de nuestra biología, de nuestro tiempo y nuestra cultura. Y qué nos queda: el absurdo. Muchos kilómetros al Oeste, en este mismo instante, un africano se mutila. Un gringo se suicida. Un filósofo descubre un nuevo juego de palabras. Una suiza tiene un orgasmo. Y yo, que wea hago, escribo. Por la mierda: ¡Por qué si no elegí vivir no quiero suicidarme!
viernes, 18 de septiembre de 2009
Qué rabia.

Qué decepción fue encontrarte de nuevo. Preferiría no haberte visto, que no me hubieses saludado; después de todo no sueles gastar el tiempo con personas como yo: siempre fuiste un lobbysta por dentro, y añoraste que llegara el día en el que toda la sarta de rotos se despojaran de tu espalda. Ahora eres tú quien le sobas las espaldas a una larga faena de contactos políticos y camaradas gremialistas, y como los parásitos, no vives sin comer un poquito de su suculenta existencia.
Yo sé que naciste cínico, y créeme que es un talento aplaudido en estos tiempos. Me sonreíste con esa hilera de dientes que el resentimiento te fabricó; y con esas comisuras te la pasabas engañándote: no soportabas ser un roteque.
Te dignaste a preguntarme cómo me iba, aunque ya sé que nada te importa. Y no es que sea una imprudente, pero mijito, aún cuando gastes millones en perfumería, se le siente el olor a caldo Maggie al abrazarme; y detrás de toda esa burocracia aún te bailan los pies con la cumbia y quisieras transformar Martini en chichita.
Cómo te ha cambiado el mundo, cabrito, que ahora el verde de los billetes te parece más atractivo que el de los campos. Cómo y cuándo te convertiste en la bandera de los levantados de raja, y blanqueaste el pasado como quien barre la basura de su casa y espera que alguien la recoja.
Te entró o descubriste la bulimia del poder, y todos los días vomitas pobreza… (cómo cae en el retrete lo que eras).
Supiste siempre que terminarías pisoteando gente, pero dime, ¿Cuándo es que intercambiaste tu corazón por venganza? No estoy exagerando ni caricaturizándote. Realmente lo veía venir. Odiaste al cuico porque en promedio es más alto, más bello, más educado y listo. Y ahora, no sé si fuiste tú o el destino quién te sembró una papa en la garganta y le lustras los zapatos a quienes tanto crucificaste. Quién soy yo para criticarte, si apenas me leen 3 o 4 personas. Eso, en una calculadora, o en un porcentaje, se parece al 0.
Te admire tanto porque pensé que aún no te resignabas a vivir en este mundo real: lleno de leviatanes, mentiras, cinismos y miedos.
Pensé que con tu brillante cerebro terminarías siendo un gran líder. Y de eso queda harto poco, pueh compadrito, ute nunca podría mandar a su jefe. Pero vamos, no es tan terrible. No eres el único ex socialista, ex marxista, ex idealista, ex anti-pinochetista, ex revolucionario.
Yo sabía que el brillito de tus ojos, cuando decías que querías cambiar el mundo sería abatido. La desgracia fue encontrarte hecho todo lo contrario: sin pelo, con más guata, con una cabeza de economista, y camuflado con el gris de un terno.
Anyway, te doy las gracias por el abrazo, mal que mal fue gratis, y esa palabra no está en tu vocabulario. Y, si es que nos encontramos de nuevo, espero que me evites, no vaya a ser que a mí se me pegue todo ese resentimiento, y usted se vaya a las reuniones pasado a sopaipilla.
jueves, 17 de septiembre de 2009
De la sopaipilla y el Loto.

El otro día me preguntaron si podía estar sola. La pregunta fue mal planteada¸ porque de poder, puedo… el punto es, si quiero estar sola. En fin, vicisitudes semánticas siempre han estado demás y no le echan más condimento a la olla.
Lo trascendental comenzó a fluir cuando empecé a reflexionar qué tan rico me puede entregar el amor, que me hace desearlo con tesón los días en los que sólo toca mi boca un cigarro. Y mientras mis ojos zigzagueaban con la torrecita de cenizas, recordé que el amor es la increíble transformación de nuestra ordinaria existencia en una flor de loto.
Como si nada, sin avisar y sin pedirnos permiso, nos convertimos en únicas e irrepetibles para alguien. Se nos incrusta en la sien la idea de que nacimos con el objeto de algún día, mientras nos deslizamos por las aceras, cruzarnos con esos ojos que nos soñaron con fervor. Como los budistas, que entre los peregrinajes se dedican a encontrar flores de loto y tréboles de cuatro hojas. Y el instante de encuentro se transforma en la única vez, en la única posibilidad, en la terrible sensación de que nunca más se podrá poseer algo semejante. Somos un derecho de propiedad, pero de esos buenos, de esos que no necesitan obligatoriedad ni empujones. Él, buscó toda la vida encontrarte, y tú, buscaste toda la vida ser encontrada. (¿O al revés?).
Esta sensación de unicidad, de infinitud, de exquisito regocijo y horrible temor de pérdida, te convierte en una flor de loto. Y de pronto él también es único, a él los colores le lucen mejor que a todas las figuras humanas. En sus ojos está el sol, y en sus pestañeos el día y las noches. (Muy bello, tuve que escribirlo pues una vez me lo dijiste, ¡romántico!). En fin. Lo rico y jugoso del amor es transformarte en eso, en una gema carísima, en un cheque en blanco, en la Caja de Pandora, en una sopaipilla con mostaza ( me gustan mucho). Una sopaipilla con mostaza en un invierno frío y de hambre, frita con el aceite a punto y ligeramente delgada, crujiente, husmeante… Una sopaipilla irrepetible (dígamos que no podríamos hacer que nuevamente el aceite la cosa tan rico, ni de pronto provocar lluvias y fatigas).
Eso es lo que extraño del amor. Y lo que quizás me hace falta cada vez que no tengo a alguien. Pero, tranquilos, no estoy desesperada. Es que ya se está pasando el invierno, y hay que esperar. La mostaza siempre tiende a ser más amarga cuando se le prueba muy seguido.
viernes, 11 de septiembre de 2009
Ni siquiera merece título.

Y con este escrito, que tuvo la sola intención de ahorcar este tiempo, me voy. No ha pasado nada, pero sé que entre las fauces de la posibilidades, me tocará.
lunes, 7 de septiembre de 2009
El Leguleyo

El leguleyo. Que se arremanga la seda de sus camisas y luce un Rolex vanidoso. Que simula ver la hora, cuando en realidad sólo desea lucir sus diamantes. Y mientras le envidian su testosterona y las yeguas le chirrean con demencia, la autoestima se le eleva hasta las nubes y es desde allí de donde les habla a los demás, cómo si debajo del hombro estuvieran.
El leguleyo. Tan feliz como un mendigo que se siente pobre. Todo le hace falta, aunque ya no le quepan más números en su chequera, más apellidos en su agenda, más cartones, sábanas e infidelidades en su conciencia. Sabe que derrite con su holgura y estandarte, y mientras articula mentiras que no cree, comienza a fantasear con el circo que lo mira como cuando él fue uno de los que admiró a los sofistas.
El leguleyo. Se le confunden las apariencias y hace tiempo que no es él. Se la pasa mintiendo, y ahora se le han mezclado las certezas. Descubrió que la vida era un sinsentido, y se la pasa convenciendo a los demás de lo contrario. Ama a las mujeres: a todas por igual sin distinciones ni decencia. Les sonríe y les revuelca las faldas entre las noches; les sacia la sed y las vuelve a dejar sedientas. Sabe que la vida es un incentivo, y se las arregla por acicalarse la figura y perfeccionar su retórica. Estudió muchos años de la ética, y sin embargo vive ocultando inmoralidades. La vida le parece corta, intensa, desastrosamente complicada. No le queda tiempo para darse cuenta que todo es muy simple. No le queda tiempo para mirarse y descubrirse; volver a embarcar el rumbo. No le da tiempo para reflexionar sus contradicciones; excepto cuando se acuesta y reposa su cabeza en la almohada. Por razones prácticas y de salud mental, decidió tomar una pastilla de dormir todos los días.
jueves, 3 de septiembre de 2009
Sonrisa es sin duda, un olvido

Dígame ,
para qué conocer y agrandar el mundo.
para qué saber si existe la justicia
la verdad
el bien
la política
la belleza,
la metafísica,
las causas
y los efectos.
Para qué entender el cosmos
presumiendo que es un libro impreso
y no una hoja rasa
que de a poco se escribe a puñales
Dígame, se lo ruego
para qué conocer y agrandar el mundo.
para qué se inventaron los porqués
y las sinrespuestas.
para qué deletrear absurdos,
desvalijar antigüedades.
Para qué recorrer siglos de angustias
y poemas
para qué conocer y agrandar el mundo
hacerlo un remolino a sus anchas
Dígame, aunque sea su última mentira
para qué conocer
y agrandar el mundo.
para qué controlar hasta el impulso
y saber sin reparos...
De qué sirve
si no entiendes
que bastará con mirarte
y la sola
sencillez de reírnos juntos
me hará olvidar
que alguna vez
el mundo fue más
que sonrisa.
domingo, 30 de agosto de 2009
Mi destino, el día que lo supe.

Y resultó que el día finalmente llegó. Estaban vestidos de luz y sólo les reconocía las manos, que eran de sombra.
Su voz, ondulada, tan opaca como sus dedos, comenzó a hablar. Eran muchos, pero habló uno: me entregó un papiro con lo que siempre pedí.
“Tú decides si abrirlo”_ me dijo_.
Finalmente lo leí, qué más da, no lo iba a tener invernando en mi cocina. El papel describía perfectamente lo que estoy haciendo ahora : "Finalmente escribirás que vinimos, y mentirás dos veces más.”
Es cierto, acabo de mentir, la voz del tipo no era opaca, más bien hermosa. Está bien, pero, ¿cuál era la segunda mentira? Aún no la encuentro, estoy siendo completamente honesta, por primera vez.
¡Qué increíble! No sé cuál es la segunda mentira. Déjenme contarles mi alegría: ¡El papiro no es cierto!, no me he dado cuenta luego de volver a leerlo. Esto sólo me dice una cosa:no puedes predecir lo que haré y hacerme consciente de ello, pues evidentemente será distinto. ¡Qué imbéciles!
viernes, 28 de agosto de 2009
No estoy hablando estupideces.

Recuerdo muy bien la última vez que nos vimos. Ahí estabas, con tu hilera de dientes grandes sonriéndole a tu reflejo en mis ojos. Aplaudiéndoles a unas yeguas de cintura avispa. Buscando que también lo hiciera.
Yo te estaba mirando, ¿sabes? Esos dientes no son humanos. Demasiado bellos. ( ¿cuánto gastaste en mantenerlos?). Es todo un tema de disputa. ¿Y tus manos? Frondosas como tu barba; provocadora-remedio de comezones. ¿Y tu nariz? Resbala la luz en su menguante, el sol siempre estuvo más cerca de ti que de los demás.
No obstante, siempre me gustó más tu panza (los kilos demás, asúmelo). No los bajes, te humanizan… ¿Quieres ser inalcanzable? Tus kilos te delatan: No eres perfecto, ni lo serás. Nadie lo es. No lo intentes siquiera, a menos que quieras retroceder cada día más.
En ese mismo instante me abrazaste. Descanse mi cuerpo en el tuyo, mientras lo rodeabas con tus brazos. Se rozaron las poleras, y nuestros hálitos muy cerca se mezclaron. Las pestañas de ambos ojos, besándose por igual, y un suave aroma nos endulzaba las narices.
Estas cosas de los físicos: que el tiempo es relativo, que los espacios dependen de los sujetos, que la energía es igual a la masa. Todo real, todo tan concreto. Tan genios, los pintores del mundo: con sus números describiendo hasta nuestros cuerpos disfrutando de la música.
¿Por qué te fuiste? ¿Por qué llegaste? (la última realmente la quiero saber). ¿Estaba escrito? ¿Lo escribimos nosotros?