viernes, 25 de diciembre de 2009

Vocación.





El otro día alguien me dijo que estudiara lo que quisiera. Esa frase, tan repetida por entre los que me aconsejan, no deja de ser mentira cada vez que la pienso. Jamás estudiaré lo que realmente quiero.
Y a pesar que me detengo a meditar qué es lo que deseo para mi futuro; no dejo de concluir que aquella decisión es un resultado involuntario, parcial y esclavizante.

Jamás podré llegar a una situación imparcial. Les explico: todas las circunstancias de mi vida han determinado que finalmente decidiera estudiar Psicología y Filosofía.

Comencemos por la primera circunstancia: No nací lo suficientemente inteligente como para decidir en el abanico de probabilidades. Si quisiera realmente aportar al mundo desde la Física y la Astronomía, como siempre he soñado; tendría que robarle 40 puntos de CI a cualquier tipejo. Tendría que haber nacido neuronalmente más capaz. Mi mente se ha conformado con entender apenas unas leyes físicas conceptuales, y de vez en cuando visitar el Discovery Channel. No debería haber gastado la mayoría de mis años aprendiendo reglas sociales y formas de adaptación a los grupos. En fin, para que la Ciencia dura hubiese sido una opción real de éxito, tendría que haber nacido de nuevo.

En segundo lugar, mi situación económica me impidió desde pequeña proyectarme estudiar Antropología, Filosofía a secas, Literatura, Teatro, Estética; y el cúmulo de carreras que le siguen. Nací en un país con bajas probabilidades de triunfar mundialmente. Con mala educación, y bajos campos laborales. No nací en Hollywood, ni en Beverly Hills. Afortunadamente tampoco en África ni en Países en los que la religión coarte aún más mis posibilidades.

Hormonalmente inestable, de personalidad múltiple y atención de corto plazo vulnerable: mi cuerpo ha arribado a los cimentos de College.

Y desde allí, las opciones se reducen a dos: Psicología o Derecho.

Ambas son estimadas en el Campo Laboral, aunque la primera es menospreciada a nivel Científico por los Psiquiatras. La segunda está declarada como una regulación de leyes de invención humana, y la primera no se decide ni qué es.

Un ramo de Civil, mi temperamento analítico, mi falta de memoria; sin olvidar las innumerables hipótesis sobre un futuro de soledad y amargura, terminaron por dejar en el banquillo a la Psicología. Y para que la inestabilidad no me espante en las noches, le he sumado la Filosofía y un Post- Grado.
Esto de ser imparcial, cuesta. Convencerse de que realmente es lo que quieres, es difícil tarea,
tomando conciencia de las circunstancias que te han llevado a ella.

Sin embargo, y después de toda esta influencia cultural-genética-económica-hormonal y mental que me determina; algo me dice que aún soy libre y puedo decidir. Por eso me gusta ser un humano: pues con mucho esfuerzo puedo contradecir mi naturaleza. Y me encantaría vivir la vida de eterna rebelde, aunque sin lugar a dudas, le haré caso a lo que el conjunto de circunstancias me dictan: he decidido ser obediente, y ello es parte de ser libre, ¿ o no?

Todo parecería estar escrito para que esto pasara. Y Quizás a esta encerrona que nos hace la vida le llamen vocación.

domingo, 13 de diciembre de 2009

El Chico del Angst. Un día cualquiera...


El chico estaba pasando por la peor etapa de su vida. Y no lo creía porque supiese el futuro y desde entonces sólo esperaría subir; sino que lo pensaba porque aquel, había sido el peor de sus días.

Se dio cuenta de algo fundamental para la existencia de un ser humano: no tenía valores. Hace rato los había negado tener, y de hecho, no les veía ninguna razón de ser más que el gusto de encontrarse con personas virtuosas, y, por cuestiones de reciprocidad, sentía deber en corresponderles.

Hace años que no creía en Dios, y tampoco le creía una pisca a todo lo que sonara arbitrario. Desde chico le dijeron qué hacer y no hacer, aunque lo único que hizo fue contradecir esas reglas. Luego no le vio sentido seguir escondiendo su realidad: no podía seguir ocultando mentiras, infidelidades y traiciones. A los 20 perdió toda culpa, y no veía causa metafísica, religiosa ni instintiva para contrariar todo lo que hacía. Con el tiempo adquiría experiencia y llegaba a su casa a escribir en una lista, aquellos valores que realmente le servían para conseguir amor en las personas. Escribía cuándo y cómo hacerlo. El chico tenía claro que robaría si tuviese hambre, asesinaría si llegaran a rozar la íntima parte de su ser y se viese aislado. Mentiría si de ello dependiera su existencia.

Evidentemente no lo hacía porque no podía: Las consecuencias eran la cárcel, el daño moral y el reproche de la sociedad. Lo único que sabía era que no quería estar solo, y para eso debía cumplir con ciertos valores que consideró correctos.

Sin embargo, ese día estaba solo. Nadie conocía a esa puta. Nadie la había visto, y si moría nadie se enteraría. ¿Por qué no hacerlo? ¿Por qué sí?

Se vio atormentado por sus instintos: todo su ser quería despedazarla, y sin embargo, no lo hizo. Le pagó y ella se fue dejando una ráfaga malolienta.

Confiaba él en su instinto de bondad; aunque la verdadera razón de no asesinarla era clara: flojera. De despedazarla, de ocultar el cuerpo y cavar una tumba. Prefirió ver televisión y comer un helado. Cuando se nos cruzan los instintos, nacía una idea. Al fin y al cabo, ellas sólo sirven para argumentarlos.

viernes, 4 de diciembre de 2009

Tractatus prematuro.


- Mamita...

- - Dime …

- - ¿Qué es mujer?

- - Mujer es una dama, como tú.

- - Sí, pero dama es lo mismo que mujer, dime, ¿qué es mujer?

- Un humano que posee útero, mamas, y habla fino. Como tú.

- - Pero allí me dijiste cómo era la mujer, no qué es.

- -Te dije, un humano.

- Pero el hombre también es un humano. ¿Qué es la mujer?

- - ¡Hay cabra e’ mierda, es un nombre que le pusieron a una especie de humano, déjate e webear!

- - Ahhh ya, di las cosas como son entonces. Mujer es un nombre. Una palabra.

Quisiera poder expresar qué es lo que pienso del Mundo. Quisiera decirlo. Pero decir lo qué es, resulta imposible. Las palabras, sólo nos dicen cómo son las cosas. No que son. Porque no son. Entiéndanlo: no existe definición para la misma definición. ¿Qué es el ser humano? Paff, son sólo palabras.

sábado, 28 de noviembre de 2009

¿Cuál es tu ética Piñera?

Hace poquito tiempo atrás, mientras procrastinaba viendo el 11, el guapo Alfonso Eicholz de Tolerancia Cero le preguntaba a Piñera, a voz de todos los chilenos: ¿Cuál es la diferencia entre gobernar una empresa y un país?

Me pareció notable la pregunta, no sólo porque salió de su boquita, sino que también fue muy lúcida y mucho más profunda de lo que Piñera creyó. De hecho, él respondió y evadió como siempre responder una cuestión más trascendental oculta en ella: ¿Usted dirige al país con la ética del economista, la del Utilitarismo, la cuantificadora y maximizadora de utilidades? ¿Usted tiene límites éticos a la hora de velar por el interés de País, o en LAN, por el interés de su empresa?

La pregunta era precisa. Era al grano, y profundamente arraigada en la ética que posee el Presidente. Porque esto de publicar la vida privada de los presis, de mostrar a los hijitos holandeses de Arrate, o que de alguna vez por todas Frei se ría, tiene que ver con la ética de nuestros próximos Presidentes. Tiene que ver con sus virtudes: si son honestos, si son carismáticos, si son buenas personas.

Lo que la lleva hoy, es ser moderado, un Rawls ( ¡gracias Milenko!). O sea, un Piñera de Derecha pero que permite la pastilla del día después. Un Frei socialista pero que comparte el neoliberalismo. Y no es una crítica. Quizás ser moderado es lo mejor. Quizás no. Nadie tiene la verdad cabros, no me canso de repetirlo.

Ahora bien, siempre hay cosas que parecen ser más correctas racionalmente. Y la desconfianza hacia Piñera va hacia sus límites: ¿Hasta donde le llegan los principios, cuando de perder platita se trata? Usted, en sus mocasines: ¿Haría lo mismo?

Hace poquito en Teoría Polític

a aprendí, de la manito de Weber, que el político sí o sí es un demonio que debe en ocasiones mentir, robar, engañar, etc. En ocasiones. Vamos, no es tan grave, ¿ o sí?. Nadie le cree, ni Eicholz, ni Villegas, ni siquiera el Piñerista más acérrimo; que él pudo conseguir tanto dinero sin haber ocupado medios corruptos. Nadie. Y ese es el problema de Piñera: que aún debe demostrar que no posee la ética del economista exitoso ( si es que no la tiene), y que realmente tiene límites. Porque quizás el dueño de un Banco no sea éticamente un consecuencialista, pero, quienes tienen éxito absoluto en los negocios sí. Y Piñera es uno de ellos.

Ahora bien, ¿cómo convencer de esto? Aún no lo logra. Pareciera tenerlo pegado como moho a sus arruguitas. El chileno medio, el que vota, el indeciso: toditos tenemos esa duda y desconfianza general al comparar la honestidad de Piñera con la de Arrate. Como el segundo no tiene nada que perder, y todo por ganar, promete y promete sin ningún técnico que le haga la peguita de hacerlo realidad.

Piñera es sin duda, una figura mediáticamente poco creíble, aunque ello no quiera decir que sea un mal político, y un mal Presidente. Apostaría veinte lucas a que lo haría mejor que Arrate. No esperen, apostaría toda mi vida como esclava.

Es una cuestión muy lógica: la ética del candidato, sus valores, sus formas de concebir las paradojas que conllevan la administración del Poder; son directamente proporcionales al voto. Y la ética del político debe ser representativa a la del chileno, que por lo demás y en general, es meramente instintiva. Ninguno de nosotros ha escrito un sistema ético propio: todos somos una pequeñita mescolanza de autores, o quizás, de opiniones diversas. Para lograr lo anterior, nos tendríamos que igualar a los grandes pensadores que construyen mundos propios. O que nos construyen el mundo.

En fin. Cuál es el límite de Piñera, se conocerá en la praxis: cuando nos demuestre cuán empresario es como Presidente, o cuán Presidente es para sus empresas. Lo anterior quizás es bueno: quién sabe si es mejor una política de fines. Como la de Estados Unidos. Chile está en las pequeñas ligas, y las discusiones son aún de corbatitas y de Kramer. Las conversaciones aún son de la gordura de la Bachelet y de la callulla de Frei. Aún conversamos de aborto, aún conversamos de homosexuales. El resto del mundo desarrollado está en otra, una cuadra más adelante.

lunes, 23 de noviembre de 2009

El Príncipe

Hay personas que por más que las hayan criado con olor a Parra, les hayan limpiado la cara y achicharrado la voz con Neruda, y las hayan abanderado con olorcito a empanada; parecieran no haber nacido en el Chilito Lindo de Cizarro,Piñera y Arenita.

Digámoslo así, sin regodeos: hay de esos que no tienen la mínima idea de que en las calles de Cerro Navia se cuelgan zapatillas para publicitar la droga, ni que el Mote con Huesillos más rico está a la vuelta de Jota Pérez con Radal.

Pocos encuentros cercanos he tenido con esta gente, que proviene del Olympo y que poquito se nos cruza a nosotros los descendientes de Moctezuma, Atahualpa y sus derivados. Y fíjense que no les hablo de los cuicos, porque estudio en la PUC y eso es pancito de cada día. Les hablo de una caricatura más prodigiosa y más europea que los turistas.

Me lo encontré al bajar la cro-mi hacia la Estación Santa Ana. Era la 504, y para mí mala suerte, el peldaño hacia la vereda era abismante para mi pati-corta. Casi como una princesa de Disney, o como una bruta ( como se quiera ver), me tropecé y fui a caer en los brazos de un hombre dorado de pies a cabeza ( no exagero, sus ojos, su piel, su cabello, hasta sus cejas lucían radiantes).

Al principio sólo noté una camisa adornada con un Rolex que me empuñaba para sostenerme; luego me percaté de su magnánima apariencia.

Tengo esa absurda costumbre de comenzar a ver símiles a las personas, y no miento que era igualito al príncipe William de Inglaterra. Apostaría mil pesos a que si me encuestan hoy, habría votado por él de Presidente. Y dejando fuera a las hormonas ( tarea ardua y valiente); Principe William me ayudó y sonriente me preguntó si me “ encontraba bien, o si necesitaba más ayuda ”. Y, posterior al desliz, nos fuimos conversando toda la Línea a San Joaquín.

Allí comenzaron los detalles: llevaba al menos 3 rosarios colindándole el cuerpo. Yo no sé si existen detergentes tan buenos como para que le haya lucido tan blanca la camisa; y mientras cavilaba en vicisitudes; el príncipe ya había ayudado a una abuela a sujetarse del pilar.

En el Metro me contaba que estudiaba Medicina en la PUC, y que decidió tomar el Metro para no gastar más bencina, y “ finalmente darle un respiro al Planeta”.


Por la mente me cruzaba la idea de que si acaso podía haber persona más limpia que él. Creo que no tenía caries, ni siquiera un rezago de ellas. Se me olvidó nombrarles que entre que me hablaba simpático y se fijaba en el exterior, un mar de puras yeguas lo miraba. Y él: pensando en no-sé-qué: probablemente no mujeres.

La aventura terminó en San Joaquín, por supuesto. Y no es que quiera hacerle una apología a este tipo de seres humanos, sino que nunca-jamás-había-percibido -a-alguien-tan-bueno. De apariencia, y de sentimientos. Repróchenme lo que quieran ( lo viste media hora, no es concluyente). Pero simplemente me preguntaba si es que acaso él había nacido aquí: con la mugre, las papitas fritas, con Tommy Rey y Américo en la Tele. ¿Sabrá que le pueden robar ese Rolex en cualquier calle de Santiago? ¿Habrá visto alguna vez en su vida a algún flaite? ¿Sabe lo que significa una duchita caliente para el que no la tiene? ¿ Se habrá dado cuenta que es tan diferente al chileno-medio? ¿Cómo chucha cree que es Chile?

En fin. Todo un paradigma filosófico para alguien que probablemente debe estar comiendo caviar o disfrutando en algún spa chino. Y como ya saben, esto quizás puede estar plagado de prejuicios. Inevitable, por lo demás, cuando te encuentras con Príincesas y Príncipés.

domingo, 8 de noviembre de 2009

¿Cómo le explico?




Este joven lo tenía todo claro. Iba a la Universidad a enseñar; a reírse de los profesores. Lo sabía todo. Todo. Sabía tanto y de tantos, que la mayoría de la vida se la pasaba durmiendo: lo que no sabía era qué iba a soñar.

Quisiera contarles qué es eso que sabía, pero no lo sé, sólo se que todo estaba en su cabeza.
Un día, caminaba yo con mi parsimonia de siempre; cuando el viento me desordenó la ropa y desmaquilló mi rostro. Allí fue cuando me lo encontré, camino a casa.

No sé, muy extraña es la vida: sentí que me observó y en segundos se llevó lo que era. Y me imaginaba que si él sabía lo que pasaría, no habría hecho lo que hizo: me sonrió, vi sus encías, subió al Metro y se esfumó.
Lo de las encías era necesario nombrarlo: me quedé pensando en ellas un buen rato.

Luego me pregunté: Si lo sabe todo, ¿ sabrá él que pienso en sus encías? ¿ Sabrá él que yo no creo que lo sepa?
Fue entonces cuando me embargó esta vergüenza, porque imagínense algo peor: ¡¡¿Qué tal si sí lo sabe!!?? ¿ Cómo le explico que pasé más de media hora pensando en encías?

sábado, 31 de octubre de 2009

Casi imposible.




No sé cómo
se me ocurrió escribir poemas.
No sé ni cómo huelen:
menos cómo se escriben.

Y sin embargo sé
que te quiero
escribir
el poema
más bello de todos,
y que mis manos sueltas:
desvergonzadas,
te recorrerán en las noches
y te vomitarán en
los papeles.

¡Hacer el poema más bello del mundo:
o del Universo,
o de los universos!
Con la ciencia nunca se sabe.

Para eso
recorrí el mundo;
créeme,
buscaré para este poema:
a la dama más enamorada,
a el mar más frondoso
desde una elegante
desembocadura.

Hallaré metáforas
donde nadie las ha leído.
Cambiaré el nombre
hasta del mismo poema.
Copiaré un verso
si es necesario:
apiádense poetas,
he aquí una ladrona de bellezas.

Mas:
¡Cómo hacer que rime,
que emocione
y que se aplaudan ellas al leerse!,
¡Que todo gavilán se arrepienta
de volar
sin hacerlo antes por mis hojas:
que la palabra agradezca ser tan
embellecida!

Que el poeta sea juez del mundo.
Que la poesía cree al hombre
y no al revés.

Porqué, nos preguntamos,
todos los poetas, y yo,
por qué separó la Naturaleza
tanta belleza:
quizás toda junta,
en un poema,
quizás una belleza
por cada poema
y luego de eso,
me dirás tú: quietud.

Por ese motivo,
y con las peores intenciones
de un anti-anti-poeta,
quise unir lo más bello.
El resto:
el resto del trabajo
déjaselo al amor.



jueves, 15 de octubre de 2009

La Respuesta.


Caminaba la respuesta al frente,

cuando preguntaba

por ella:

¿Será que la veré?

¿Será que se escucha o recuerda?

Será que existe, será palabra y una sola, será mentira o una paradoja.

Será que tiene edad y se cansa de vivir,

Será que tiene tiempo

o que aún no nace

Será que es un niño que juega y se esconde.

Será que está desnuda

o al menos se viste.

Será que ni siquiera ella se conoce.

Pasó y ni supe:

Mi corazón palpitó al ver su sombra doblar la esquina.

No se imagine Ud. un edificio:

era una esquina que flotaba en el aire.


Piense Ud. cuando la conozca

y me vea cruzando las calles

Y sea yo quién dobla las esquinas

la que las pinta de sombra

la que se arranca y se venga

a la que el tiempo la envejece

y se pregunta por ella

sin saber que no es sino en su mente

donde están todas las avenidas.



domingo, 11 de octubre de 2009

De magos, sastres y Oro.


Hay quiénes leen los libros aún mejor que quienes los escriben. Hay quienes que a partir de la poquísima materia prima de las palabras, erigen edificios o los demuelen. Esa es la tarea “casi-imbécil” de los que roban un verso, se acuestan con él, lo reposan debajo de la almohada y lo transmutan en ideas al día siguiente. Digo casi, porque siendo escéptica, ya nada es una total verdad, y lo más seguro es que esté equivocada.

Muchos de estos alquimistas maniáticos somos los humanistas. Aquellos que ansiamos con fulgor descubrir códigos secretos en donde, quizás, no hay ningún disfraz. Aquellos que leemos en los zapatos de los autores y nos movemos por las letras con el mismo vaivén con el que el autor manipulaba su pluma. Y por más que intenten convencerme, a muchos humanistas les interesa poco la verdad. Más bien, algunos se han dedicado a desordenarla o a inventarla. Muy bien lo decía Einstein: “si deseas decir la verdad, hazlo con precisión. La elegancia déjasela al sastre”.

Y eso somos. Unos sastres. Y unos sastres complejos.

A ver qué diría Aristóteles si le contara que su libro ha sido traducido a cientos de lenguas, y como las mil putas se ha manoseado, mal interpretado; bien triturado con cuchillitos de críticas, molido, comido, debatido y requeté vilipendiado. Como Duchamp, que le hizo bigotes a la Monalisa. ( No caeré en analizar ese cuadro, Duchamp se reía de quiénes le veían algún sentido).

El análisis_ que es una de mis actividades predilectas_, tiene mucho de imaginería. Tiene mucho de creatividad, de cocina propia, de lenguaje inventado y propia condimentación. Y hoy le tocó al propio análisis ser analizado. Lo tomé por entre sus calzoncillos y le senté en una silla ( ¿Ven lo mucho de sastre y poco de precisa que soy?).

En fin, si me dedicaré a las mentiras, ya es hora de que también niegue esta verdad. ¿O no? Hay que ser consecuente. Al menos en esto: nada claro están los humanistas de lo que quieren, ¡Imagínense que ni siquiera han descubierto quiénes son!

Yo les tengo una noticia: no se engañen. Las palabras somos así: difusas, tan empaquetaditas que dejamos la realidad fuera. Si ni siquiera los números la abarcan por entero, no le pidamos más a nuestra ciencia de la confusión. A mí me gusta. Siempre me han gustado los magos.

miércoles, 7 de octubre de 2009

¿ Cómo pudo Nietszche vivir en esto?


Creo que el nihilismo debe tener un punto culmine. Y creo que lo estoy viviendo, al punto de cuestionarse hasta si este nihilismo no hace más que volver a negarse. El síntoma de muerte total la tiene esta diarrea mental que sólo me hace pensar absurderías. (
Pero ya casi todo es absurdo, ¿no?). Y así te la pasas caminando, hasta que besas a alguien y en un instante te preguntas: ¡Qué sentido tiene!, o quizás te introduces en el pasado de los griegos, alucinas con sus ideas, y te preguntas: ! Qué sentido tiene! , comes sin hambre y te preguntas: !Qué sentido tiene!, escribes en el blog y te preguntas: !Qué sentido tiene! , te preguntas! qué sentido tiene preguntarse el sentido!

¿Ven? Una tautología, como le llaman algunos: volver a lo mismo. En mi caso, NADA.
En fin, el urinario es bellísimo, quizás dice más cosas que las que Duchamp creyó.

Para seguir con mi línea los dejo con un chiste que aprendí hoy de la boca de un amigo, jaajaja, aún me río:

Un hombre va al médico y le dice:

- Doctor, tengo un problema muy serio.
- A ver, ¿cuál es?
- Es que me tiro unos pedos tremendos. Y lo raro es que no huelen mal.
- Oiga, es algo bien raro, porque siendo tan grandes tendrían que apestar.
- A ver a ver, tírese uno. El hombre se tira uno tan fuerte que empiezan a retumbar los cristales se mueven las lámparas, vuelan los papeles, empiezan a temblar los muebles y el pedo continúa.
Al cabo de unos segundos aparecen grietas en las paredes y el edificio se resquebraja y finalmente se hunde. Después de unos minutos el terremoto anal acaba. El paciente se queda mirando alrededor tratando buscar al Doctor entre los escombros, cuando de repente sale su cabeza de debajo de una piedra y dice:
- ¡Hay que operar, urgente!...
- ¿ Del ano, doctor?
- ¡No! de la nariz, weon!

jajajajaja...


miércoles, 30 de septiembre de 2009

¿Debate?



Mientras trituraba una manzana verde con mis dientes y achinaba mis ojos de acidez; me pareció entretenido reflexionar de mis tendencias cítricas: recocer mi garganta con limones, mostazas y vinagres. Y en tanto un oasis de saliva desembocaba entre mis mandíbulas, me interrumpió la voz de un experto en Marketing y Política que opinaba del Debate Presidencial.

Sus palabras me retorcieron más el hígado que una mata de ácidos. Comenzó a cuchichear de la corbata de Piñera, de lo "fome y opaco que estuvo Frei", y que Enríquez-Ominami se vio más juvenil que todos.

Y entre estos bagajes intrascendentes, me vomitó la pregunta: ¿Y van a hablar alguna wea' importante del debate? Espontáneamente las respuestas emergieron:

En primer lugar, no hubo debate. (No me vengan con que sí, por favor). Un profesor de argumentación podría haber escrito una Biblia de Falacias luego del Show, y un poeta podría haber reunido en antología la sarta de clichés que se dijeron. Porque eso fue el Debate: Un discurseo de frases célebres, una discusión de personalismos, y en momentos un Show. No hubo discusión de temas ni confrontaciones argumentativas. ( Y un montón de políticos estará repitiendo: El pecado lo cometió el tiempo y el formato, de ellos es toda la culpa).

En segundo lugar, nunca hubo ni podrá haber debate. La ordinariez cultural flota en el aire como moho en la pared, y a la gente poco le importa bañarse.
A ver: ¿Qué importa discutir cifras del PIB, si ni siquiera se sabe qué es? Más fácil es, por supuesto, decir que la pobreza se acabará, y punto. Y el olorcito a mentira se va posando en los bigotes de los políticos. El formato no da para discusiones, sino que puede dejar un halo de temple psicológico.
Más fácil y atractivo es fijarse en cuanto se parece Piñera a Kramer, en cuantas muletillas posee Marco, y en cuantos pliegues tiene el rostro de Frei. La votación no se reduce a personas y proyectos, sino que a insignificantes signos: ( ¡Qué adorable, Piñera salió en 1910!).

Conciencia de esta pobreza, la tenemos, la pregunta es por qué pedimos caviar en la cena si es que le hemos puesto sólo huesos a la olla. Chile es flaite, asumamos ello de una vez. Si nos pusiéramos a razonar con dureza por quién votar, lo más sensato sería votar con honestidad y sin tincadas por el Sr. Pene. Por eso vale más no pensar mucho, mal que mal poquitas diferencias tiene la Derecha de Piñera con la que hoy protagonizamos con Bachelet. Y cuando los grandes temas tienen pequeñas diferencias, todo se centra en la persona.

El problema es que pocas veces nos damos el trabajo de comentar ideas y no superficialidades. Pocos se preguntan hasta qué punto la fortuna afecta al liderazgo, hasta qué punto un indulto es trascendente o una corbata afecta un buen Gobierno.

Muy fácil es para los intelectuales criticarlos, aún cuando saben que la ordinariez de los debates se deben a todos. Y a ellos incluidos.
Cerebros mezquinos: compartan la materia gris con el pueblo y hagan algo. Terminaremos, con o sin gusto, hablando todos de corbatas y tonitos de voz. Cuando en realidad, todos sabemos que la Política está más acostumbrada a los desnudos y a los silencios.


viernes, 25 de septiembre de 2009

Taldo al anochecer


Llegan esos días en las que el mundo es un absurdo. En mi caso, porque es un sentir de muerte. Al fin y al cabo, moriré. Y no hay nada más. No recordaré nada más. Para qué todos esos para qué’s. Y allí, caigo en ese ocaso aún más absurdo que engañarse con el sentido.

Buscar afanosamente a un ídolo: a un filósofo tan elocuente y lúcido; capaz de conocerse a sí mismo. El hombre más sabio de todos, vamos, díganme quién es. Que me responda todas estas sandeces que me cruzan el estómago, y que evito vomitarlas entre la multitud. Cada vez que encuentro a esa figura: se mancha, vuelve a parecer tan humano. Los grandes hombres, más animales que yo. Somos esclavos de nuestro cuerpo, de nuestra biología, de nuestro tiempo y nuestra cultura. Y qué nos queda: el absurdo. Muchos kilómetros al Oeste, en este mismo instante, un africano se mutila. Un gringo se suicida. Un filósofo descubre un nuevo juego de palabras. Una suiza tiene un orgasmo. Y yo, que wea hago, escribo. Por la mierda: ¡Por qué si no elegí vivir no quiero suicidarme!

viernes, 18 de septiembre de 2009

Qué rabia.


Qué decepción fue encontrarte de nuevo. Preferiría no haberte visto, que no me hubieses saludado; después de todo no sueles gastar el tiempo con personas como yo: siempre fuiste un lobbysta por dentro, y añoraste que llegara el día en el que toda la sarta de rotos se despojaran de tu espalda. Ahora eres tú quien le sobas las espaldas a una larga faena de contactos políticos y camaradas gremialistas, y como los parásitos, no vives sin comer un poquito de su suculenta existencia.

Yo sé que naciste cínico, y créeme que es un talento aplaudido en estos tiempos. Me sonreíste con esa hilera de dientes que el resentimiento te fabricó; y con esas comisuras te la pasabas engañándote: no soportabas ser un roteque.

Te dignaste a preguntarme cómo me iba, aunque ya sé que nada te importa. Y no es que sea una imprudente, pero mijito, aún cuando gastes millones en perfumería, se le siente el olor a caldo Maggie al abrazarme; y detrás de toda esa burocracia aún te bailan los pies con la cumbia y quisieras transformar Martini en chichita.

Cómo te ha cambiado el mundo, cabrito, que ahora el verde de los billetes te parece más atractivo que el de los campos. Cómo y cuándo te convertiste en la bandera de los levantados de raja, y blanqueaste el pasado como quien barre la basura de su casa y espera que alguien la recoja.

Te entró o descubriste la bulimia del poder, y todos los días vomitas pobreza… (cómo cae en el retrete lo que eras).

Supiste siempre que terminarías pisoteando gente, pero dime, ¿Cuándo es que intercambiaste tu corazón por venganza? No estoy exagerando ni caricaturizándote. Realmente lo veía venir. Odiaste al cuico porque en promedio es más alto, más bello, más educado y listo. Y ahora, no sé si fuiste tú o el destino quién te sembró una papa en la garganta y le lustras los zapatos a quienes tanto crucificaste. Quién soy yo para criticarte, si apenas me leen 3 o 4 personas. Eso, en una calculadora, o en un porcentaje, se parece al 0.

Te admire tanto porque pensé que aún no te resignabas a vivir en este mundo real: lleno de leviatanes, mentiras, cinismos y miedos.

Pensé que con tu brillante cerebro terminarías siendo un gran líder. Y de eso queda harto poco, pueh compadrito, ute nunca podría mandar a su jefe. Pero vamos, no es tan terrible. No eres el único ex socialista, ex marxista, ex idealista, ex anti-pinochetista, ex revolucionario.

Yo sabía que el brillito de tus ojos, cuando decías que querías cambiar el mundo sería abatido. La desgracia fue encontrarte hecho todo lo contrario: sin pelo, con más guata, con una cabeza de economista, y camuflado con el gris de un terno.

Anyway, te doy las gracias por el abrazo, mal que mal fue gratis, y esa palabra no está en tu vocabulario. Y, si es que nos encontramos de nuevo, espero que me evites, no vaya a ser que a mí se me pegue todo ese resentimiento, y usted se vaya a las reuniones pasado a sopaipilla.

jueves, 17 de septiembre de 2009

De la sopaipilla y el Loto.


El otro día me preguntaron si podía estar sola. La pregunta fue mal planteada¸ porque de poder, puedo… el punto es, si quiero estar sola. En fin, vicisitudes semánticas siempre han estado demás y no le echan más condimento a la olla.

Lo trascendental comenzó a fluir cuando empecé a reflexionar qué tan rico me puede entregar el amor, que me hace desearlo con tesón los días en los que sólo toca mi boca un cigarro. Y mientras mis ojos zigzagueaban con la torrecita de cenizas, recordé que el amor es la increíble transformación de nuestra ordinaria existencia en una flor de loto.

Como si nada, sin avisar y sin pedirnos permiso, nos convertimos en únicas e irrepetibles para alguien. Se nos incrusta en la sien la idea de que nacimos con el objeto de algún día, mientras nos deslizamos por las aceras, cruzarnos con esos ojos que nos soñaron con fervor. Como los budistas, que entre los peregrinajes se dedican a encontrar flores de loto y tréboles de cuatro hojas. Y el instante de encuentro se transforma en la única vez, en la única posibilidad, en la terrible sensación de que nunca más se podrá poseer algo semejante. Somos un derecho de propiedad, pero de esos buenos, de esos que no necesitan obligatoriedad ni empujones. Él, buscó toda la vida encontrarte, y tú, buscaste toda la vida ser encontrada. (¿O al revés?).

Esta sensación de unicidad, de infinitud, de exquisito regocijo y horrible temor de pérdida, te convierte en una flor de loto. Y de pronto él también es único, a él los colores le lucen mejor que a todas las figuras humanas. En sus ojos está el sol, y en sus pestañeos el día y las noches. (Muy bello, tuve que escribirlo pues una vez me lo dijiste, ¡romántico!). En fin. Lo rico y jugoso del amor es transformarte en eso, en una gema carísima, en un cheque en blanco, en la Caja de Pandora, en una sopaipilla con mostaza ( me gustan mucho). Una sopaipilla con mostaza en un invierno frío y de hambre, frita con el aceite a punto y ligeramente delgada, crujiente, husmeante… Una sopaipilla irrepetible (dígamos que no podríamos hacer que nuevamente el aceite la cosa tan rico, ni de pronto provocar lluvias y fatigas).

Eso es lo que extraño del amor. Y lo que quizás me hace falta cada vez que no tengo a alguien. Pero, tranquilos, no estoy desesperada. Es que ya se está pasando el invierno, y hay que esperar. La mostaza siempre tiende a ser más amarga cuando se le prueba muy seguido.

viernes, 11 de septiembre de 2009

Ni siquiera merece título.


Qué odioso es esto de matar el tiempo. O dejar, que él mismo se vaya menguando, a la espera de que algo pase, no se qué, pero por favor, hágalo. Venga anécdota querida, te estaba esperando, por mucho viví sólo pensándote. Esta vaga sensación, por unos pocos segundos, de sentirme un vil Schopenhauer siglos atrás, queriendo revelar nuestro más ínfimo secreto: el hombre es un maldito animal que sólo se busca pasar bien el tiempo antes de la muerte. Satisfechas todas sus necesidades, ahora queda, sólo… esperar. Y ocuparse, por mientras. Tejiendo, inventándole problemas al mundo. Sea lo que sea, proceden del mismo hilo pútrido que es el ocio.
Y con este escrito, que tuvo la sola intención de ahorcar este tiempo, me voy. No ha pasado nada, pero sé que entre las fauces de la posibilidades, me tocará.

lunes, 7 de septiembre de 2009

El Leguleyo



El leguleyo. Que se arremanga la seda de sus camisas y luce un Rolex vanidoso. Que simula ver la hora, cuando en realidad sólo desea lucir sus diamantes. Y mientras le envidian su testosterona y las yeguas le chirrean con demencia, la autoestima se le eleva hasta las nubes y es desde allí de donde les habla a los demás, cómo si debajo del hombro estuvieran.

El leguleyo. Tan feliz como un mendigo que se siente pobre. Todo le hace falta, aunque ya no le quepan más números en su chequera, más apellidos en su agenda, más cartones, sábanas e infidelidades en su conciencia. Sabe que derrite con su holgura y estandarte, y mientras articula mentiras que no cree, comienza a fantasear con el circo que lo mira como cuando él fue uno de los que admiró a los sofistas.

El leguleyo. Se le confunden las apariencias y hace tiempo que no es él. Se la pasa mintiendo, y ahora se le han mezclado las certezas. Descubrió que la vida era un sinsentido, y se la pasa convenciendo a los demás de lo contrario. Ama a las mujeres: a todas por igual sin distinciones ni decencia. Les sonríe y les revuelca las faldas entre las noches; les sacia la sed y las vuelve a dejar sedientas. Sabe que la vida es un incentivo, y se las arregla por acicalarse la figura y perfeccionar su retórica. Estudió muchos años de la ética, y sin embargo vive ocultando inmoralidades. La vida le parece corta, intensa, desastrosamente complicada. No le queda tiempo para darse cuenta que todo es muy simple. No le queda tiempo para mirarse y descubrirse; volver a embarcar el rumbo. No le da tiempo para reflexionar sus contradicciones; excepto cuando se acuesta y reposa su cabeza en la almohada. Por razones prácticas y de salud mental, decidió tomar una pastilla de dormir todos los días.

jueves, 3 de septiembre de 2009

Sonrisa es sin duda, un olvido



Dígame ,
para qué conocer y agrandar el mundo.
para qué saber si existe la justicia
la verdad
el bien
la política
la belleza,
la metafísica,
las causas
y los efectos.

Para qué entender el cosmos
presumiendo que es un libro impreso
y no una hoja rasa
que de a poco se escribe a puñales
Dígame, se lo ruego
para qué conocer y agrandar el mundo.


para qué se inventaron los porqués
y las sinrespuestas.
para qué deletrear absurdos,
desvalijar antigüedades.

Para qué recorrer siglos de angustias
y poemas
para qué conocer y agrandar el mundo
hacerlo un remolino a sus anchas
Dígame, aunque sea su última mentira
para qué conocer
y agrandar el mundo.


para qué controlar hasta el impulso

y saber sin reparos...
De qué sirve
si no entiendes
que bastará con mirarte

y la sola
sencillez de reírnos juntos
me hará olvidar
que alguna vez
el mundo fue más
que sonrisa.

domingo, 30 de agosto de 2009

Mi destino, el día que lo supe.


Y resultó que el día finalmente llegó. Estaban vestidos de luz y sólo les reconocía las manos, que eran de sombra.

Su voz, ondulada, tan opaca como sus dedos, comenzó a hablar. Eran muchos, pero habló uno: me entregó un papiro con lo que siempre pedí.
“Tú decides si abrirlo”_ me dijo_.

Finalmente lo leí, qué más da, no lo iba a tener invernando en mi cocina. El papel describía perfectamente lo que estoy haciendo ahora
: "Finalmente escribirás que vinimos, y mentirás dos veces más.”
Es cierto, acabo de mentir, la voz del tipo no era opaca, más bien hermosa. Está bien, pero, ¿cuál era la segunda mentira? Aún no la encuentro, estoy siendo completamente honesta, por primera vez.
Luego el papel describía nuevamente lo que estoy haciendo:Te cuestionarás si habías dicho dos mentiras, y cuando recuerdes lo que dice este papiro, te darás cuenta cuál es”.
¡Qué increíble! No sé cuál es la segunda mentira. Déjenme contarles mi alegría: ¡El papiro no es cierto!, no me he dado cuenta luego de volver a leerlo. Esto sólo me dice una cosa:no puedes predecir lo que haré y hacerme consciente de ello, pues evidentemente será distinto. ¡Qué imbéciles!

(La autora omitió lo que versaba el papiro: Finalmente te darás cuenta que de nada sirvió auto-engañarte. La segunda mentira es haberte mentido: sí te diste cuenta cuál era y sin embargo, te engañaste. Acto seguido: no intentes cambiar el destino, pues escrito está. Y si se equivoca: qué tanto. Lo volvemos a re- escribir.)

viernes, 28 de agosto de 2009

No estoy hablando estupideces.


Recuerdo muy bien la última vez que nos vimos. Ahí estabas, con tu hilera de dientes grandes sonriéndole a tu reflejo en mis ojos. Aplaudiéndoles a unas yeguas de cintura avispa. Buscando que también lo hiciera.

Yo te estaba mirando, ¿sabes? Esos dientes no son humanos. Demasiado bellos. ( ¿cuánto gastaste en mantenerlos?). Es todo un tema de disputa. ¿Y tus manos? Frondosas como tu barba; provocadora-remedio de comezones. ¿Y tu nariz? Resbala la luz en su menguante, el sol siempre estuvo más cerca de ti que de los demás.

No obstante, siempre me gustó más tu panza (los kilos demás, asúmelo). No los bajes, te humanizan… ¿Quieres ser inalcanzable? Tus kilos te delatan: No eres perfecto, ni lo serás. Nadie lo es. No lo intentes siquiera, a menos que quieras retroceder cada día más.

En ese mismo instante me abrazaste. Descanse mi cuerpo en el tuyo, mientras lo rodeabas con tus brazos. Se rozaron las poleras, y nuestros hálitos muy cerca se mezclaron. Las pestañas de ambos ojos, besándose por igual, y un suave aroma nos endulzaba las narices.

Estas cosas de los físicos: que el tiempo es relativo, que los espacios dependen de los sujetos, que la energía es igual a la masa. Todo real, todo tan concreto. Tan genios, los pintores del mundo: con sus números describiendo hasta nuestros cuerpos disfrutando de la música.

¿Por qué te fuiste? ¿Por qué llegaste? (la última realmente la quiero saber). ¿Estaba escrito? ¿Lo escribimos nosotros?

Fueron dos semanas, aunque para ambos muchos meses. Ahora ha sido un mes, y buff… parecieran años. No estoy hablando estupideces, Einstein estaría de acuerdo conmigo