viernes, 11 de septiembre de 2009

Ni siquiera merece título.


Qué odioso es esto de matar el tiempo. O dejar, que él mismo se vaya menguando, a la espera de que algo pase, no se qué, pero por favor, hágalo. Venga anécdota querida, te estaba esperando, por mucho viví sólo pensándote. Esta vaga sensación, por unos pocos segundos, de sentirme un vil Schopenhauer siglos atrás, queriendo revelar nuestro más ínfimo secreto: el hombre es un maldito animal que sólo se busca pasar bien el tiempo antes de la muerte. Satisfechas todas sus necesidades, ahora queda, sólo… esperar. Y ocuparse, por mientras. Tejiendo, inventándole problemas al mundo. Sea lo que sea, proceden del mismo hilo pútrido que es el ocio.
Y con este escrito, que tuvo la sola intención de ahorcar este tiempo, me voy. No ha pasado nada, pero sé que entre las fauces de la posibilidades, me tocará.

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