
El otro día alguien me dijo que estudiara lo que quisiera. Esa frase, tan repetida por entre los que me aconsejan, no deja de ser mentira cada vez que la pienso. Jamás estudiaré lo que realmente quiero.
Y a pesar que me detengo a meditar qué es lo que deseo para mi futuro; no dejo de concluir que aquella decisión es un resultado involuntario, parcial y esclavizante.
Jamás podré llegar a una situación imparcial. Les explico: todas las circunstancias de mi vida han determinado que finalmente decidiera estudiar Psicología y Filosofía.
Comencemos por la primera circunstancia: No nací lo suficientemente inteligente como para decidir en el abanico de probabilidades. Si quisiera realmente aportar al mundo desde la Física y la Astronomía, como siempre he soñado; tendría que robarle 40 puntos de CI a cualquier tipejo. Tendría que haber nacido neuronalmente más capaz. Mi mente se ha conformado con entender apenas unas leyes físicas conceptuales, y de vez en cuando visitar el Discovery Channel. No debería haber gastado la mayoría de mis años aprendiendo reglas sociales y formas de adaptación a los grupos. En fin, para que la Ciencia dura hubiese sido una opción real de éxito, tendría que haber nacido de nuevo.
En segundo lugar, mi situación económica me impidió desde pequeña proyectarme estudiar Antropología, Filosofía a secas, Literatura, Teatro, Estética; y el cúmulo de carreras que le siguen. Nací en un país con bajas probabilidades de triunfar mundialmente. Con mala educación, y bajos campos laborales. No nací en Hollywood, ni en Beverly Hills. Afortunadamente tampoco en África ni en Países en los que la religión coarte aún más mis posibilidades.
Hormonalmente inestable, de personalidad múltiple y atención de corto plazo vulnerable: mi cuerpo ha arribado a los cimentos de College.
Y desde allí, las opciones se reducen a dos: Psicología o Derecho.
Ambas son estimadas en el Campo Laboral, aunque la primera es menospreciada a nivel Científico por los Psiquiatras. La segunda está declarada como una regulación de leyes de invención humana, y la primera no se decide ni qué es.
Un ramo de Civil, mi temperamento analítico, mi falta de memoria; sin olvidar las innumerables hipótesis sobre un futuro de soledad y amargura, terminaron por dejar en el banquillo a la Psicología. Y para que la inestabilidad no me espante en las noches, le he sumado la Filosofía y un Post- Grado.
Esto de ser imparcial, cuesta. Convencerse de que realmente es lo que quieres, es difícil tarea,
tomando conciencia de las circunstancias que te han llevado a ella.
Sin embargo, y después de toda esta influencia cultural-genética-económica-hormonal y mental que me determina; algo me dice que aún soy libre y puedo decidir. Por eso me gusta ser un humano: pues con mucho esfuerzo puedo contradecir mi naturaleza. Y me encantaría vivir la vida de eterna rebelde, aunque sin lugar a dudas, le haré caso a lo que el conjunto de circunstancias me dictan: he decidido ser obediente, y ello es parte de ser libre, ¿ o no?
Todo parecería estar escrito para que esto pasara. Y Quizás a esta encerrona que nos hace la vida le llamen vocación.
Ay Danieeeel, cómo es que siempre nos encontramos con los mismos problemas???
ResponderEliminarPero que RICO es estudiar, una de las mejores cosas que nos han pasado, tremenda oportunidad. Y lo que más queremos aprender, siempre lo aprenderemos por nuestra cuenta (Milenko, mi jai guru)
Te echo de menos!!!!!!!!! besos
Pili
ahahajhjha... está demasiado bueno.
ResponderEliminarEn realidad, no hay muchas posibilidades, como dices, pero, la vida nos parece una elección siempre.
Un beso