
Quisiera contarles qué es eso que sabía, pero no lo sé, sólo se que todo estaba en su cabeza.
Un día, caminaba yo con mi parsimonia de siempre; cuando el viento me desordenó la ropa y desmaquilló mi rostro. Allí fue cuando me lo encontré, camino a casa.
No sé, muy extraña es la vida: sentí que me observó y en segundos se llevó lo que era. Y me imaginaba que si él sabía lo que pasaría, no habría hecho lo que hizo: me sonrió, vi sus encías, subió al Metro y se esfumó.
Lo de las encías era necesario nombrarlo: me quedé pensando en ellas un buen rato.
Luego me pregunté: Si lo sabe todo, ¿ sabrá él que pienso en sus encías? ¿ Sabrá él que yo no creo que lo sepa?
Fue entonces cuando me embargó esta vergüenza, porque imagínense algo peor: ¡¡¿Qué tal si sí lo sabe!!?? ¿ Cómo le explico que pasé más de media hora pensando en encías?
Debió haber tenido las encías pa la caga, el sabelotodo. jajakjajakj
ResponderEliminarjajajajjajaj unas encías con peridontitis o no? jajjajaj!!!
ResponderEliminar