
Y resultó que el día finalmente llegó. Estaban vestidos de luz y sólo les reconocía las manos, que eran de sombra.
Su voz, ondulada, tan opaca como sus dedos, comenzó a hablar. Eran muchos, pero habló uno: me entregó un papiro con lo que siempre pedí.
“Tú decides si abrirlo”_ me dijo_.
Finalmente lo leí, qué más da, no lo iba a tener invernando en mi cocina. El papel describía perfectamente lo que estoy haciendo ahora : "Finalmente escribirás que vinimos, y mentirás dos veces más.”
Es cierto, acabo de mentir, la voz del tipo no era opaca, más bien hermosa. Está bien, pero, ¿cuál era la segunda mentira? Aún no la encuentro, estoy siendo completamente honesta, por primera vez.
Luego el papel describía nuevamente lo que estoy haciendo: “Te cuestionarás si habías dicho dos mentiras, y cuando recuerdes lo que dice este papiro, te darás cuenta cuál es”.
¡Qué increíble! No sé cuál es la segunda mentira. Déjenme contarles mi alegría: ¡El papiro no es cierto!, no me he dado cuenta luego de volver a leerlo. Esto sólo me dice una cosa:no puedes predecir lo que haré y hacerme consciente de ello, pues evidentemente será distinto. ¡Qué imbéciles!
¡Qué increíble! No sé cuál es la segunda mentira. Déjenme contarles mi alegría: ¡El papiro no es cierto!, no me he dado cuenta luego de volver a leerlo. Esto sólo me dice una cosa:no puedes predecir lo que haré y hacerme consciente de ello, pues evidentemente será distinto. ¡Qué imbéciles!
(La autora omitió lo que versaba el papiro: Finalmente te darás cuenta que de nada sirvió auto-engañarte. La segunda mentira es haberte mentido: sí te diste cuenta cuál era y sin embargo, te engañaste. Acto seguido: no intentes cambiar el destino, pues escrito está. Y si se equivoca: qué tanto. Lo volvemos a re- escribir.)
Que raro. No lo entendí...
ResponderEliminarEl final sobre todo!
jajakakjkja... sí, pero creo que se entiende.
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