
El chico estaba pasando por la peor etapa de su vida. Y no lo creía porque supiese el futuro y desde entonces sólo esperaría subir; sino que lo pensaba porque aquel, había sido el peor de sus días.
Se dio cuenta de algo fundamental para la existencia de un ser humano: no tenía valores. Hace rato los había negado tener, y de hecho, no les veía ninguna razón de ser más que el gusto de encontrarse con personas virtuosas, y, por cuestiones de reciprocidad, sentía deber en corresponderles.
Hace años que no creía en Dios, y tampoco le creía una pisca a todo lo que sonara arbitrario. Desde chico le dijeron qué hacer y no hacer, aunque lo único que hizo fue contradecir esas reglas. Luego no le vio sentido seguir escondiendo su realidad: no podía seguir ocultando mentiras, infidelidades y traiciones. A los 20 perdió toda culpa, y no veía causa metafísica, religiosa ni instintiva para contrariar todo lo que hacía. Con el tiempo adquiría experiencia y llegaba a su casa a escribir en una lista, aquellos valores que realmente le servían para conseguir amor en las personas. Escribía cuándo y cómo hacerlo. El chico tenía claro que robaría si tuviese hambre, asesinaría si llegaran a rozar la íntima parte de su ser y se viese aislado. Mentiría si de ello dependiera su existencia.
Evidentemente no lo hacía porque no podía: Las consecuencias eran la cárcel, el daño moral y el reproche de la sociedad. Lo único que sabía era que no quería estar solo, y para eso debía cumplir con ciertos valores que consideró correctos.
Sin embargo, ese día estaba solo. Nadie conocía a esa puta. Nadie la había visto, y si moría nadie se enteraría. ¿Por qué no hacerlo? ¿Por qué sí?
Se vio atormentado por sus instintos: todo su ser quería despedazarla, y sin embargo, no lo hizo. Le pagó y ella se fue dejando una ráfaga malolienta.
Confiaba él en su instinto de bondad; aunque la verdadera razón de no asesinarla era clara: flojera. De despedazarla, de ocultar el cuerpo y cavar una tumba. Prefirió ver televisión y comer un helado. Cuando se nos cruzan los instintos, nacía una idea. Al fin y al cabo, ellas sólo sirven para argumentarlos.
I was that kind of guy. :( ...
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