Lo que me enamora de las letras, es que no perecen. Y esa trascendencia, que sólo se presenta en el éter, en el universo y en la moralidad del ser humano, se esmera en conquistarme todos los días. Si de algo vamos a hablar, es de lo inefable, aquellas vicisitudes en las que el fonema ha quedado corto. Empaquetar aquello en letras, me ambiciona al punto de extender la naturaleza de las mismas palabras...
sábado, 24 de diciembre de 2011
No le hagas el amor a una mujer, si en el antes, después, y mientras, sólo saldrán gemidos de tu boca.
me encanta!
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