Lo que me enamora de las letras, es que no perecen. Y esa trascendencia, que sólo se presenta en el éter, en el universo y en la moralidad del ser humano, se esmera en conquistarme todos los días. Si de algo vamos a hablar, es de lo inefable, aquellas vicisitudes en las que el fonema ha quedado corto. Empaquetar aquello en letras, me ambiciona al punto de extender la naturaleza de las mismas palabras...
domingo, 10 de junio de 2012
"He aprendido que el amor verdadero es una forma muy intensa de perdón. No creo que las personas anhelen el amor porque detesten quedarse solas en casa las noches de Sábado ni porque teman ir solas a un restaurant. Buscan el amor porque quieren que alguien les perdone tener las gafas pegadas con cinta adhesiva, o cinco kilos demás. Desean encontrar a alguien que no se fije en nimiedades como un peinado horrendo, una risa ruidosa, o un sofá salpicado de patatas crujientes".
Lois Smith Brady
sábado, 5 de mayo de 2012
Me equivoqué
Me equivoqué contigo. Y la idea mosquea mi cabeza e insiste en quedarse, arbitrariamente, sin que yo lo pidiera. Los psicólogos somos espectadores de la vida, ¿ me entiendes? Y mientras más lo eres, menos vives, y más sabes de la vida. Es una contradicción absolutamente necesaria, pensar es dejar de vivir unos minutos.
Me equivoqué contigo. Prendo mi segundo cigarro, fijo tu imagen en mi mente y lo veo ahora todo más claro, aunque no sé con qué comparo esta claridad si siempre estuve segura de lo que pienso, mucho más ahora que antes. Tu memoria se ha confundido tanto que no sé a qué me refiero; lo he dicho antes, soy una pésima arquitecta de mis recuerdos, y esta mosca que me agita por dentro lo hace tan fuerte que no puedo dejar de ignorarla; me equivoqué contigo y no puedo decírtelo…
No es mera cuestión de valentía, no malinterpretes mis palabras, es una cuestión de tiempo… me equivoqué con la persona que eras hace unos meses, y a él le debo las disculpas. ¿Cómo devolverme y decirte otra cosa, intentar corregir a esa Daniela que no se dio cuenta, que pensó de más, que se vio desde afuera y finalmente habló desde otro lugar?
Yo sé lo que siento, tampoco pienses que no me conozco, querido, he dedicado 20 años a la tarea de entenderme. La cuestión es simple: me equivoqué, y qué puedo hacer para remediarlo, ya no puedo. Me equivoqué tanto que incluso debí haberme vestido de otra forma, debí haberte esperado menos, debí haber guardado silencio… En todo me equivoqué, y qué puedo hacer. La luna está tan llena y yo estoy aquí observándola.
No quiero echarle la culpa a mi carrera, ella no es más que una rama de lo que soy, aún naciendo en otro siglo habría estudiado algo similar. Soy yo y este ideal idiota de ser feliz, que es tan difuso y cautivante, y me ata al cuello, llevándome a rastras.
Me equivoqué contigo. Y lo siento, profundamente. Espero volver a conocerte, otro día, cuando haya pasado tanto tiempo que el recuerdo de ambos sea tan distinto, y ninguno reconozca el olor del otro.
En todo me equivoqué,
Y,
Qué puedo hacer.
miércoles, 4 de abril de 2012
Vaivén

La amé, y sólo después de consumado el beso, me interrogué sobre el significado de la entrega.
Era el primer día y aún no conocía el color de sus ojos. Me equivoqué al alabarlos, porque fui directo al fondo de la mirada.
De la misma manera que un día, el último, al caer de la noche y conociendo ya el sabor de sus ojos, me equivoqué asimismo
y para siempre por la última vez. Claro que para entonces había ya acostumbrado mis horas a ese error y amaba el error
que era Ella toda y que la hacía personal, incomparable, única.
Filoteo Samaniego, poeta ecuatoriano.
domingo, 18 de marzo de 2012
Tú y yo sin embargo

Una persona normal sabría que, en estas circunstancias, no estamos juntos... no nos besamos, no nos damos la mano, no nos llamamos por teléfono. No sabes lo que hago, tampoco sé lo que haces, no nos juntamos a ver una película juntos; no nos tocamos ni recorremos el cuerpo del otro.
Una persona como yo y tú sin embargo, no lo sabe.
¿Quién sabe si me piensas al mismo tiempo que yo estoy recordándote? No sé lo que sientes, tampoco tú sabes lo que siento yo. Sé que escuchas a BB King un Viernes por la tarde, y que yo estoy escuchando a Eric Clapton. Sé que tocas la guitarra de vez en cuando, y tú debes suponer lo mismo.
Una persona normal se desespera e intenta averiguarlo. Una persona normal llama al otro, le pregunta acerca de sus sentimientos. Una persona normal convierte en acto sus pensamientos.
Una persona como yo y tú sin embargo, no lo hace.
Cada uno tiene una teoría diferente de por qué las cosas no son como antes. Cada uno intenta conformarse con la suya, repasada una y otra vez por su cabeza hasta convencerse.
Una persona normal no espera dejar de sentir para comenzar a hablar.
Una persona como yo y tú sin embargo, no lo hace.
Nos queremos?
Nos gustamos?
Mucho menos…
Mucho más…
quizás,
simplemente coincidimos en que
por más que escapemos,
nos dolemos,
y el silencio nos perfora todos los días
hasta desvanecerlo
todo.
jueves, 1 de marzo de 2012
Esclavo
lunes, 27 de febrero de 2012
Luis

Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien
cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío;
alguien por quien me olvido de esta existencia mezquina
por quien el día y la noche son para mí lo que quiera,
y mi cuerpo y espíritu flotan en su cuerpo y espíritu
como leños perdidos que el mar anega o levanta
libremente, con la libertad del amor,
la única libertad que me exalta,
la única libertad por que muero.
Tú justificas mi existencia:
si no te conozco, no he vivido;
si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido.
Extracto de " Si pudiera decir el hombre lo que ama" de Luis Cernuda.
jueves, 23 de febrero de 2012
En la noche

Huelo a asfalto
y tu a primavera.
Mis pies están marcados de calle,
de bares,
de la sonrisa
vacía
de los idiotas.
mis manos
con el aire
nocturno
de los cigarrillos,
llenas
de libros que nadie quisiera leer
alegre.
La gente como yo
es triste
una vez al día,
a veces horas seguidas,
a veces
sólo 10 segundos
de agonía.
Huelo a asfalto
y tu a primavera.
Hay días en los que no salgo
de mi mente.
Los ojos no ven, somos
yo y cuatro paredes.
Eres tú
también,
¿lo eres?
¿te sientes aquí
asfixiado
entre las colillas de cigarro?
Por ahí debes estar querido.
El viento me trae
una carta con tu aliento
todas las noches.
Te escondo,
con el afán de elegir
cuando recordarte,
pero quién
es capaz de controlar cuando
reír,
cuando llorar,
cuando reventar de rabia
un vaso lleno de vino.
Huelo a asfalto,
y tu a primavera.
No puedo negar quién
soy,
de donde vengo.
De alguna forma
las calles me siguen,
y en los senderos
se construyen
murallas.
Inútil se me hace
querer el mar
achinando mis ojos,
si cada árbol es un mural,
y una flor
parece exigir
un macetero.
En la noche
huelo a asfalto,
y
tu,
a
la
Primavera.
sábado, 18 de febrero de 2012
Lacan
domingo, 12 de febrero de 2012
Primera vista

Ambos están convencidos
de que los ha unido un sentimiento repentino.
Es hermosa esa seguridad,
pero la inseguridad es más hermosa.
Imaginan que como antes no se conocían
no había sucedido nada entre ellos.
Pero ¿qué decir de las calles, las escaleras, los pasillos
en los que hace tiempo podrían haberse cruzado?
Me gustaría preguntarles
si no recuerdan
-quizá un encuentro frente a frente
alguna vez en una puerta giratoria,
o algún "lo siento"
o el sonido de "se ha equivocado" en el teléfono-,
pero conozco su respuesta.
No recuerdan.
Se sorprenderían
de saber que ya hace mucho tiempo
que la casualidad juega con ellos,
una casualidad no del todo preparada
para convertirse en su destino,
que los acercaba y alejaba,
que se interponía en su camino
y que conteniendo la risa
se apartaba a un lado.
Hubo signos, señales,
pero qué hacer si no eran comprensibles.
¿No habrá revoloteado
una hoja de un hombro a otro
hace tres años
o incluso el último martes?
Hubo algo perdido y encontrado.
Quién sabe si alguna pelota
en los matorrales de la infancia.
Hubo picaportes y timbres
en los que un tacto
se sobrepuso a otro tacto.
Maletas, una junto a otra, en una consigna.
Quizá una cierta noche el mismo sueño
desaparecido inmediatamente después de despertar.
Todo principio
no es mas que una continuación,
y el libro de los acontecimientos
se encuentra siempre abierto a la mitad.
Wislawa Szymborska- Poetiza, ganadora del Premio Nobel de Literatura 1996.
jueves, 9 de febrero de 2012
Metro cincuenta y cinco.

Mientras
los demás hablan,
cotorrean,
balbucean chistes,
tomaste mi espalda suavemente.
Acordes,
Manos,
Libros.
Copas de pisco, naipes,
Mis dedos se encajan en tu cintura..
Comienzan las insinuaciones.
De pronto
eres la parte del mundo que me falta,
no sé lo que fuiste, ni como serás,
pero quién necesita entender
a Man Ray,
quién necesita conocer a Proust
si la vida se trata de eso para mí,
aceptar la incertidumbre,
imaginar las verdades
y defenderlas como si lo fueran realmente.
Me encantas.
Te recorrería como
Te recorren tus venas,
Una junto a la otra,
Divagando hacia tus manos,
hasta tu pecho,
hasta tus piernas,
hasta tus labios.
No eres como yo
y eso
es lo que más me gusta,
que me desees,
que me mires y
me escuches.
Libre es quien no nombra nada
Y tampoco niega todo:
Quién sabe quién eres
si tampoco me importa,
si te tengo al lado
mío,
y te observo y no me canso.
Si deseas irte, vete
Las cosas no cambian,
Yo sigo entre tus venas,
Y aún mido un metro cincuenta y cinco.
viernes, 27 de enero de 2012
Pulp

"Entonces la puerta se abrió de golpe. Y entró aquella mujer. Lo único que puedo decirles es que hay miles de millones de mujeres en este mundo, ¿verdad? Algunas están bien. La mayoría están bastante bien. Pero de vez en cuando la naturaleza produce un fenómeno salvaje, hace una mujer especial, una mujer increíble. Quiero decir que la miras y no puedes creértelo. Todo en ella es un movimiento ondulante perfecto, azogue, es como una serpiente, le miras un tobillo, le miras un codo, le miras el pecho, le miras la rodilla y todo se funde en un ser impresionante, provocador, con unos ojos bellísimos que sonríen, la boca un poco hacia abajo, los labios como si estuvieran a punto de soltar una carcajada ante tu indefensión. Y saben cómo vestirse y su pelo largo incendia el aire. ¡Demasiado! ¡Maldita sea, demasiado!"
Extracto de Pulp, Charles Bukowski
lunes, 23 de enero de 2012
El hombre más triste

El hombre más triste no es el que está solo.
El hombre más triste es el que no se tiene a sí mismo,
el que no se reconoce en el espejo,
el que elegiría cualquier cosa menos despertar
en ese cuerpo,
con esa vida,
con ese mundo muerto
en su memoria,
imaginando otros universos
en los que están todos menos él.
El hombre más triste eres tú, y no posees
nada,
nada más que tus lágrimas esparcidas por tus manos,
mientras te abrochas la corbata,
mientras saboreas un café
y limpias tus dientes con tu lengua,
mientras besas a las desconocidas
y te tiritan las piernas,
mientras escuchas canciones
que nadie reconoce,
que están en tu cabeza,
mientras observas la felicidad
de los otros.
Le robas el disfraz al transeúnte
más cercano,
le das la mano a los demás para saber si existes,
si piensan lo mismo de ti.
El hombre más triste lo niega,
está muerto,
¿lo entienden?
no tiene más que a una copa de vino,
una mosca rodeando,
un cigarro que le quema la garganta,
una foto de sí mismo,
y una futura
pintura de lo que nunca fue,
de lo que pudo haber sido,
de lo que podrías ser, de lo que podrías hacer.
El hombre más triste eres tú.
Eres tú.
domingo, 1 de enero de 2012
El Guardián entre el Centeno

Muchas veces me imagino que hay un montón de niños jugando en un campo de
centeno. Miles de niños. Y están solos, quiero decir que no hay nadie mayor vigilándolos. Sólo yo. Estoy al borde de un precipicio y mi trabajo consiste en evitar
que los niños caigan en él. En cuanto empiezan a correr sin mirar a donde van, yo
salgo de donde esté y los cojo. Eso es lo que me gustaría hacer todo el tiempo.
Vigilarlos. Yo sería el guardián entre el centeno. Te parecerá una tontería, pero es lo
único que de verdad me gustaría hacer. Sé que es una locura.
J.D. Salinger.
El guardián entre el centeno es un libro que leí hace tiempo atrás, cuando era más inocente que hoy.
Lo leeré cuando ya nisiquiera pueda yo misma
clasificarme así.
Lo recomiendo totalmente, y no quiero parafrasear de qué se trata; para eso está Wikipedia.
A veces dan ganas de dejar de vivir y leer.
Cuando les pase eso,
abran ese libro y comiencen a leerlo sin fin,
y dame el gusto, lector anónimo,
de compartir conmigo qué te pareció.
Cuando escuché al docto astrónomo

Cuando escuché al docto astrónomo,
cuando me presentaron en columnas
las pruebas y guarismos,
cuando me mostraron las tablas y diagramas
para medir, sumar y dividir,
cuando escuché al astrónomo discurrir
con gran aplauso de la sala,
qué pronto me sentí inexplicablemente
hastiado,
hasta que me escabullí de mi asiento y
me fui a caminar solo,
en el húmedo y místico aire nocturno,
mirando de rato en rato,
en silencio perfecto a las estrellas.
Walt Whitman
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