jueves, 9 de febrero de 2012

Metro cincuenta y cinco.



Mientras
los demás hablan,
cotorrean,
balbucean chistes,
tomaste mi espalda suavemente.
Acordes,
Manos,
Libros.
Copas de pisco, naipes,
Mis dedos se encajan en tu cintura..
Comienzan las insinuaciones.
De pronto
eres la parte del mundo que me falta,
no sé lo que fuiste, ni como serás,
pero quién necesita entender
a Man Ray,
quién necesita conocer a Proust
si la vida se trata de eso para mí,
aceptar la incertidumbre,
imaginar las verdades
y defenderlas como si lo fueran realmente.
Me encantas.
Te recorrería como
Te recorren tus venas,
Una junto a la otra,
Divagando hacia tus manos,
hasta tu pecho,
hasta tus piernas,
hasta tus labios.
No eres como yo
y eso
es lo que más me gusta,
que me desees,
que me mires y
me escuches.
Libre es quien no nombra nada
Y tampoco niega todo:
Quién sabe quién eres
si tampoco me importa,
si te tengo al lado
mío,
y te observo y no me canso.
Si deseas irte, vete
Las cosas no cambian,
Yo sigo entre tus venas,
Y aún mido un metro cincuenta y cinco.

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