
Muchas veces me imagino que hay un montón de niños jugando en un campo de
centeno. Miles de niños. Y están solos, quiero decir que no hay nadie mayor vigilándolos. Sólo yo. Estoy al borde de un precipicio y mi trabajo consiste en evitar
que los niños caigan en él. En cuanto empiezan a correr sin mirar a donde van, yo
salgo de donde esté y los cojo. Eso es lo que me gustaría hacer todo el tiempo.
Vigilarlos. Yo sería el guardián entre el centeno. Te parecerá una tontería, pero es lo
único que de verdad me gustaría hacer. Sé que es una locura.
J.D. Salinger.
El guardián entre el centeno es un libro que leí hace tiempo atrás, cuando era más inocente que hoy.
Lo leeré cuando ya nisiquiera pueda yo misma
clasificarme así.
Lo recomiendo totalmente, y no quiero parafrasear de qué se trata; para eso está Wikipedia.
A veces dan ganas de dejar de vivir y leer.
Cuando les pase eso,
abran ese libro y comiencen a leerlo sin fin,
y dame el gusto, lector anónimo,
de compartir conmigo qué te pareció.
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