domingo, 30 de agosto de 2009

Mi destino, el día que lo supe.


Y resultó que el día finalmente llegó. Estaban vestidos de luz y sólo les reconocía las manos, que eran de sombra.

Su voz, ondulada, tan opaca como sus dedos, comenzó a hablar. Eran muchos, pero habló uno: me entregó un papiro con lo que siempre pedí.
“Tú decides si abrirlo”_ me dijo_.

Finalmente lo leí, qué más da, no lo iba a tener invernando en mi cocina. El papel describía perfectamente lo que estoy haciendo ahora
: "Finalmente escribirás que vinimos, y mentirás dos veces más.”
Es cierto, acabo de mentir, la voz del tipo no era opaca, más bien hermosa. Está bien, pero, ¿cuál era la segunda mentira? Aún no la encuentro, estoy siendo completamente honesta, por primera vez.
Luego el papel describía nuevamente lo que estoy haciendo:Te cuestionarás si habías dicho dos mentiras, y cuando recuerdes lo que dice este papiro, te darás cuenta cuál es”.
¡Qué increíble! No sé cuál es la segunda mentira. Déjenme contarles mi alegría: ¡El papiro no es cierto!, no me he dado cuenta luego de volver a leerlo. Esto sólo me dice una cosa:no puedes predecir lo que haré y hacerme consciente de ello, pues evidentemente será distinto. ¡Qué imbéciles!

(La autora omitió lo que versaba el papiro: Finalmente te darás cuenta que de nada sirvió auto-engañarte. La segunda mentira es haberte mentido: sí te diste cuenta cuál era y sin embargo, te engañaste. Acto seguido: no intentes cambiar el destino, pues escrito está. Y si se equivoca: qué tanto. Lo volvemos a re- escribir.)

viernes, 28 de agosto de 2009

No estoy hablando estupideces.


Recuerdo muy bien la última vez que nos vimos. Ahí estabas, con tu hilera de dientes grandes sonriéndole a tu reflejo en mis ojos. Aplaudiéndoles a unas yeguas de cintura avispa. Buscando que también lo hiciera.

Yo te estaba mirando, ¿sabes? Esos dientes no son humanos. Demasiado bellos. ( ¿cuánto gastaste en mantenerlos?). Es todo un tema de disputa. ¿Y tus manos? Frondosas como tu barba; provocadora-remedio de comezones. ¿Y tu nariz? Resbala la luz en su menguante, el sol siempre estuvo más cerca de ti que de los demás.

No obstante, siempre me gustó más tu panza (los kilos demás, asúmelo). No los bajes, te humanizan… ¿Quieres ser inalcanzable? Tus kilos te delatan: No eres perfecto, ni lo serás. Nadie lo es. No lo intentes siquiera, a menos que quieras retroceder cada día más.

En ese mismo instante me abrazaste. Descanse mi cuerpo en el tuyo, mientras lo rodeabas con tus brazos. Se rozaron las poleras, y nuestros hálitos muy cerca se mezclaron. Las pestañas de ambos ojos, besándose por igual, y un suave aroma nos endulzaba las narices.

Estas cosas de los físicos: que el tiempo es relativo, que los espacios dependen de los sujetos, que la energía es igual a la masa. Todo real, todo tan concreto. Tan genios, los pintores del mundo: con sus números describiendo hasta nuestros cuerpos disfrutando de la música.

¿Por qué te fuiste? ¿Por qué llegaste? (la última realmente la quiero saber). ¿Estaba escrito? ¿Lo escribimos nosotros?

Fueron dos semanas, aunque para ambos muchos meses. Ahora ha sido un mes, y buff… parecieran años. No estoy hablando estupideces, Einstein estaría de acuerdo conmigo

martes, 25 de agosto de 2009

La Impresionista


Para el amor y la amistad soy una impresionista. Las personas son cuadros y pinturas espontáneas, libertando la cotidianeidad que las compone.

Es por eso que siempre me llamaron la atención los malos modales: me parecen una exquisita e imperecedera señal de confianza y espontaneidad. Probablemente haya tipejos que aún entre los aristócratas eructen y no puedan despojarse de su naturaleza roteque- animalesca, pero, en general, los de clase media hacia las alturas, nos sabemos comportar como ladys, snobs, gentlemans y unas cuantas siutiquerías más, cuando nos topamos con otros sujetos en determinados eclipses de espontaneidad.

Y como decía antes, en el impresionismo, el que observa puede darse cuenta que no existen detalles, sino esencias. Como en nuestros ojos: que ven todos pero no partes. Los hombres me gustan bellos, pero no bien acabados. Creíbles y reales, distintos a Brad Pitt, iguales a Tom Cruise.

Oh! Me derrito por Tom Cruise. Luce fuertes dislocaciones en los tabiques, dientes algo exagerados, cejas disparejas y corta estatura_ y sin embargo_ es tan bello como una escultura griega o un cuadro de Manet.

Nunca fui de detalles, y por eso siempre fui y seré una impresionista: tan cotidiana como una calle santiaguina llena de perros quiltros, y tan corriente como una margarita despojada entre las macetas. Una figura que la definen los colores y no las formas, una fotografía que retrata momentos efímeros. Me enamoro de las personas por los momentos, por una ínfima vivencia que nos une.

Edouard Manet, el pintor del cuadro que luce en la altura, es sin duda muy parecido a mí. La mujer leía, afanada; quizás ensimismada entre las hojas. Quién sabe. Quizás habrá sido el cachorro que acurruca entre sus muñecas lo que llamó la atención de Manet. Lo cierto es que su atención distrajo a la mujer en la Estación de trenes, y por un segundo ella lo miro a los ojos.

Lo que ella no sabía era que Manet nació fotógrafo mucho antes que las mismas cámaras. Y su mirada será eterna, pues pudo él hacer de sus ojos una pintura, y plasmar en ella lo más inefable: su desnuda y espontánea esencia.

domingo, 16 de agosto de 2009

Cómo será la cuarta.


Esta es la tercera vez que leo La República de Platón.

La primera vez fue absolutamente literaria, fisgonee en los detalles imbéciles (si andaban en el Pireo hablando, si era Atenas, quién era quién, si Sócrates era gay). La segunda vez, a los dieciséis, lo leí adentrada en el personaje de Trasímaco, sin duda un galán retórico que pisaba la tierra y no volaba entre ideas sublimes. Un hombre más de ojo y no tanto de visiones; más de política que de filosofía. Maquiavelo versus Sócrates, Dios vs. Humano, Abel vs. Caín.

El debate era intenso y sin duda me calaba los huesos: Recuerdo que comencé a preguntarme lo mismo que Trasímaco: "El justo hace el bien, pero, ¿ Vive bien?." En el primer capítulo fui respondida por Sócrates, y me encolerizó tanto como a toda Grecia al decirme que la justicia me haría vivir bien pues es la máxima realización de mis virtudes. A éstas alturas nada me convence menos que él y sus ensimismadas confusiones. ¿Es la justicia una virtud mía a desarrollar? ¿No es acaso una invención de-para-por la Sociedad?

En fin, estoy lateando porque es la tercera vez que me doy la lata de abrir ésta fotocopia.

Más manoseada por hombres que una puta; y traducida por siglos y siglos, siempre se mantiene abierta a ser interpretada por la sed de insatisfechos lectores. Ahora me estoy fijando en los detalles macro (yo les llamo, detalles “Oro”, pues él ve las obras de manera sociológica, tal como un ventrílocuo mira muñecos en lo alto).

Mi interpretación omnisciente me lleva a muchas cosas. Una de ellas, por ejemplo, es sentirme muy identificada con Sócrates. Él no llegaba al ágora a sentar su trasero y cotorrear sus ideas. El llegaba improvisto de convicciones, atento a lo que los demás podían aportarle a su libro de verdades. Sócrates no creía en la verdad, pero sin embargo, quería creer en ella. Y la buscaba incesantemente en toda Atenas, interrogando como detective a todo intelectualillo que le hacía peso. Sócrates fue sin duda un egoísta. Buscaba_ como los filósofos y algunos psicólogos_, encontrarse a sí mismo. Es por eso que ni él sabía que era la justicia, y seguramente quería creer que existía en algún lugar inaccesible en vida.

Yo no creo lo mismo. Pero sufro a veces, como Sócrates o Platón, de una epistemofilia terrible, que me hace leer bulímicamente cosas que quizás nunca podré aplicar. La universidad es el mejor lugar para mí. Y el viaje durante páginas es aún más intenso. La diferencia clara entre Sócrates y yo, es que, puedo vivir sin saber, aún cuando ambos padezcamos de la misma enfermedad. Puedo aprender con calma, vivir sin objetivo ni ley, vivir a expensas de un Diálogo sin convicciones. Aún así, aunque quiero con toda mi alma parecerme a Sócrates, algo me dice que Trasímaco está más cerca de lo que, sin ninguna duda, realmente soy.

Esperaré la cuarta vez que lea el libro. No serán los mismos ojos lectores, y por lo tanto, tampoco serán los mismos principios ni los mismos finales.

lunes, 10 de agosto de 2009

SI ESTOY EQUIVOCADA, HAGAMELO SABER. (el título se lee al final)


Si estoy sola es porque me he enterado de la única verdad.
Las personas son instantáneas: digamos, que aparecen cuando las veo y ya no están cuando no las miro.
Que no tienen más historia que el trayecto desde algún punto en el espacio, hasta que mis ojos las pueden describir.
Que no vienen de ningún lado ni van a ninguna parte. Que no conocen a nadie más que a mí en algún momento.
El problema es que hace tiempo no me veo al espejo, y estoy desapareciendo.

sábado, 8 de agosto de 2009

FUCK! Ya lo habían pensado.



A propósito de tifones, el otro día me sobrevino una de esas preguntas filosóficas que barren con toda la estructura en la que reposan tus ideas.

Eso sí, tengo que confesar que luego de algunas remadas navegando por Wikipedia, me decepcionó el hecho de que muchas de mis interrogantes han sido requete pensadas por otros vejetes de toga o pelucones ilustrados, y que no solamente les cruzan como rayos los estómagos, sino que se dedican a manosearlas toda la existencia. Viven, se mueren, dialogan y discursean por ellas.

El abismo del mar ha sido siempre para mí una gran metáfora, por ejemplo. (No he leído acerca de esto, así que si conocen a alguien que lo haya dicho, me cuentan el plagio inconsciente). Los científicos saben que allí, en las profundidades de ese límite, están los orígenes de la vida, las esencias de los ciclos. Y resulta que conmigo es igual: Mientras más cerca estoy de donde la luz flagela en mi vasta y profunda esencia, más veo esa tímida verdad que se esfuerza en esconderse. ¿Cómo será aquella superficie, donde habitan mis reales anhelos, mi origen y mis sueños: mi infinito espectro?

¿Será lo más profundo de mi ser algo tan crudo de conocer, que rehúye de tal forma, que al ser tocado se recoge y al descubrirse mata?¿ Cuál es por entera mi realidad?

La vida, la concibo como una eterna lucha contra la fuerza del mar: que nos ejerce presión en su territorio, y como elásticos nos eleva a la superficie. Para llegar hasta la línea divisoria de la luz, es necesario bracear con ímpetu hacia ella: contener la respiración y patalear con fe hacia la verdad.

Algo parecido dice Platón con la Alegoría de la Caverna, San Agustín con su Yo, y Freud con el inconsciente. Me doy cuenta que no soy la primera en desmenuzar y oponer apariencias y realidades, aún cuando probablemente puedan ser lo mismo. Quizás miles de pelagatos han gastado su vida en la misma pregunta: ¿Podré alguna vez saber quién soy? ¿Puedo conocer realmente? ¿Existe alguna razón de vida, o simplemente todo lo anterior debe ser construido con el paso del tiempo? : Es decir, seré lo que viva, conoceré lo que mis formas de organización cerebral inventen, y la razón de vida aparecerá tatuada algún día en una esquina de mis círculos.

Soy novata en existencialismo; aún no me doctoro en Sartre ni en Camus, pero sé bien que existen tantas teorías que parafrasean lo mismo, que me decepciono. Algunas de ellas son: La teleología, en la que tenemos sentido de vida, nuestra virtud y máximo fin es ser cada día más dignos. Allí vemos a: Kant, Aristóteles, Jonas, Piaget, bla bla. Y el constructivismo: somos lo que nuestro ambiente ha creado, una permanente construcción que se desmonta y se yergue en la adaptación: Vigotsky, Darwin, ciencias en general. O sea Daniela, no estás pensando algo muy extraordinario. Ya lo había pensado casi un millar de personas como tú. ¿Se habrán sentido tan quiltros como yo? Digamos, corrientes, de la calle, absolutamente iguales de pulgosos. En esta época lo que vale es especializarse y dedicar años en conocer lo que otros en el pasado han descubierto.

Y allí, cuando ya eres contemporánea, agregarle algunas letras al conocimiento. Letras tuyas, con tus curvas y faltas de ortografía. ( "El amor zi exizsteh, no ez unah consecuencia biologika. Daniela Céspedes) )

Y así, sabiendo cada vez más de algo pero cada vez menos del mundo, terminas inventando_ como los escritores_, una pequeña novela acerca de lo que realmente es la vida.

Como en Babilonia, cuando todos hablaban idiomas diferentes. O como las aves que sólo conocen algunos trayectos. Lo bueno sería realizar la compra- venta que hizo una vez Descartes, al decir: “Daría todo lo que conozco, por la mitad que ignoro”. O, quizás, ser un poco más holgazanes y desde la comodidad de nuestras camas ser socráticas, y caer en la final cuenta de “saber que nada sabemos”. Tan sabios y flojos como Sócrates, la vida sigue, y los rayos cruza- estómagos no detienen el tiempo. Por eso me voy. Tengo que ir a almorzar.