
¿Hay algo más inefable que un beso?
Probablemente su preámbulo, su preludio, el cosquilleo que le hace antesala y que le epiloga.
Sea cual sea el escenario que le da vida, un buen beso jamás podrá empaquetarse en palabras. Ellas podrían aceitar el movimiento de nuestros recuerdos, y traerlos a esa luz que enardece los silencios.
Mis preferidos son los que comienzan con una Obertura tenue, probablemente cuando la boca vaga por entre el rostro: los labios van ensayando curiosos; la lengua apenas toma partida pero advierte su presencia, los ojos se entrecierran, los hálitos van haciéndose uno y las cabezas se encuadran para comenzar la sinfonía. Es un momento clave, pues puedes arrepentirte y dar vuelta tu figura (también funciona si tu varón no es sensible, pues se vuelve más hercúleo y emprende la lucha por tu beso), y dejar al hombre con la introducción de lo que

eres, o de lo que será en algunos segundos.
Es increíble como el mundo comienza a desvanecerse y a dibujarse como tú y él. Es un bellísimo transporte hacia los orígenes de la Humanidad, cuando Adán y Eva podían besarse sin que nadie más les observara. Besos a oscuras, a mi juicio, los mejores. Si te acolchona la nuca una exquisita almohada, mucho mejor. Si tu hombre se viste de un rico perfume, muchisísimo mejor.
El preludio, quizás adornado con las manos de tu amante rozando tus mejillas con lisura, o quizás su nariz descubriendo la tuya, es algo que dura algunos minutos; cuando el cosquilleo comienza a travestirse de un candor ascendente. Mi punto de vista es absolutamente feminista y se reduce a mi experiencia, que supongo, no es la misma que la de todas. Como había dicho antes, la Obertura da cabida al beso en su esplendor. Las bocas se posan amortiguadas, y siguen un ritmo armonioso, si tienes suerte simétrico, sino, algo torpe. La saliva termina por hacerse una, y tu mejilla se posa en la otra, acomodando las narices en un ángulo perfecto.
Las cabezas rotan, el candor se eleva, la pureza va haciéndose agua: y con ello el decoro y toda la caballerosidad que solíamos llevar antes. Ya somos uno: qué vale ahora la siutiquería de creerse una dama de las de antaño, ahora somos una mujer y un hombre. La mano se posa con más fuerza, la velocidad exalta aún más la pasión que engalanan ambos. El resto de la historia, dejémosla como historia. El recuerdo sigue, o a veces concluye. Y lo mejor de todo, es que son sólo segundos, en los que todo el universo te parece exquisito, el placer te hace más sentido que el recato.
Vuelvo a pensar en aquello, y quedo gusto a poco: definitivamente es indescriptible la amalgama de sensaciones que te provoca un beso de la persona que quieres, o deseas. Para los que hemos besado alguna vez, de nada sirve nombrarlo, pues bastante bien lo sabemos. En fin, mejor dejo de escribir. Se me está haciendo agua la boca.
jaja, buenísimo.. y uf, toda la razón!
ResponderEliminarqué ricoo un besooo!!! ajjajaja
Me encantó... además que ahora que trasladaste tu Arte hasta este sitio, con esas canciones tan tuyas jajjaja...
ResponderEliminarMuy lindo..
Juan
Pero qué cosas qué escribes chica ah?
ResponderEliminarjajajja, buenísimo tu blog, don Juan decía ahí en septentrio que le pusiste mucho de tí a esto..
Pues bien, mis besos han sido muchos , y algunos bastantes torpes...
Espero que estés bien.. Muchos besos.
Joaquín Hoffman