
Siempre luciste tu espalda arqueada, a pesar de que te prolongabas al metro ochenta. De arriba solías sonreírme, y ahora es tu recuerdo quién lo hace a menudo, aún cuando mi memoria ha relegado cómo es que era la anatomía de tus dientes. Algún canino se me viene a la psique, más de eso no me pidas, sabes que tengo mala memoria.
Y de memoria esde lo que te estás haciendo ahora bonito_ como solíamos decirnos_, pues ya no yergue frente a mí tú garbo de príncipe ni tampoco puedo reír con tu tono vocal de latifundio: se me ha ido el recuerdo de tus raquíticas amigas, colindándote, chillándote agudo.
Nunca escribí de ti porque supongo que me inundaba la vergüenza, pero hoy lo hago porque te extraño mucho, aún cuando haya pasado más corriente por nuestro río que antes. No sé si por tu cauce han braceado más peces, pero te cuento que por el mío sí. Y a un mes de despojarme de tus labios, ya me han roto el corazón de nuevo.
¡Cuándo aprenderás Daniela!_ solías decirme, cuando aún éramos amigos_. Te extraño Bonito. No sé si habrá alguien que me ame tanto como tú lo hiciste, y tampoco sé si es que existes hoy. Pudieron haberte llevado las mismas cotorras que te hacían guardia, y ahora que no convives con mi rotería, se te acentuará más la “thr” en vez de la “tr”. Pero no te escribo para criticar tu socialité. No. Al fin y al cabo, no es más que lenguaje, todos nacimos del mismo puñado de serrín y ahora nos revoloteamos en el viento. Y fue el viento quién nos juntó una noche. ¿Será él mismo quién nos separó?
Te cuento que se murió la Tsunami, mi perra. Y sé que llorarás con la pérdida_ quién más que tú amaba tanto a los animales_. Pero hoy te han llorado los días, me ha faltado tu presencia, tu voz quebradiza, tu romántico paradigma, tus constantes halagos y mentiras. Me mentiste tanto que me la creí Bonito. Me decías que era la mejor, la más bonita, tu morena en la que se arrulla el sol por entre los cabellos. No soy así querido. Espero que te hayas dado cuenta, que, valgo un poco más que los hongos, porque en mí aguarda un corazón a la espera de grandes aventuras.
Somos jóvenes e impredecibles, y quién sabe si estás ahora con una avispada dándote besos. No lo sé. Y no te culpo, los hombres en su mayoría somos iguales: tú sabes, yo nací hombre. Pero te amé, aún cuando fue anacrónico, estuvo tarde y ya atardecían las buenas nuevas de nuestra complicidad.
Te recordaré Bonito, porque en un tiempo más ya no lo haremos, o quizás quiénes seremos. Para ahorrarnos tiempo, dejemos un minuto de silencio y recordemos nuestros poemas a las 6 de la Tarde. Me haces falta Bonito, porque me han roto el corazón y tú siempre fuiste arquitecto de corazones, te las ingeniaste para que me bombeara la alegría por entre las venas.
Si me echas de menos, acompáñame a echarme de más, porque hoy es eso lo que me hace falta. Te quiero.