
“Mija. Si va a ser psicóloga, no crea que sabrá lo que es la vida. Lo peor que puede hacer es comenzar a teorizarla, como si ella se escribiese y tuviese reglas. Como si fuésemos todos iguales. Cómo si pudiésemos insertarnos en las mentes de otros. Usted ha despertado en un mundo. Apenas con dos años, ya sabe que antes que usted, vivieron muchos más. Murieron muchos más. Con cinco se da cuenta que no sólo se parece mucho a ellos, sino que es uno más. Muchos años después se da cuenta que aunque no lo crea, morirá. Morirá como todos los otros, como la primera hojita que se posó en la Tierra hace millones de años atrás. Luego se da cuenta que no muere: se hace polvo. Allí toma conciencia de que usted vive porque muere. Y que a fin de cuentas, por más que sepa y descubra, morirá. Y más vale que lo quiera pues no cabe tanta gente en este mundo. No cabemos todos, y no seremos jamás felices por completo. Luego se da cuenta usted, que la muerte es una palabra; que la vida se compone de años. Que jamás verá ni sabrá que piensan los demás. Que apenas y sabe quién es. Luego piensa que le queda poco. Y se arrepiente de haber desperdiciado alguno de esos años, pensando que eres trascendente. La consuela el hecho de dejar memoria, de tener hijos y que ellos la cuiden a una. Finalmente no sabe ni qué pensar, pues te cansas. Le cansa caminar, respirar, hasta ver televisión. Le cansa tener dinero, pagar las cuentas, encender las luces, hacer el almuerzo a la misma hora de siempre, ir al doctor para seguir viviendo y prolongar algo que deja de tener algún sentido. Sin embargo desea seguir gastando su tiempo indefinidamente; lo único que en realidad poseemos. Y sigue mirando los autos para cruzar la calle, sigue asustándose con los temblores; con las arritmias y pre infartos. Para entonces la muerte… es un alivio. Y allí, en ese instante, agradeces la eterna sabiduría de la naturaleza.”
Muy sabia la abuela, habla de la sabiduría de los años. A mí me pasa algo parecido. Cuando chico mi papá me decía muchas cosas, y yo, con mi mente de niño decía que no, que no tenía razón. Y ayer le dije a mi hermano chico lo mismo, y me acordé de cuánto me lo repetía mi papá. Los años cambian la vida... sin duda
ResponderEliminarUn beso
¿Tu abuela? Muy triste lo que dijo...
ResponderEliminar