
Tiemblas despacio, tierra...
y me haces olvidar
de pronto,
que usaba zapatos
y me vestía vanidosa,
que oprimía más botones
y menos manos,
que ya ni caminaba por el patio
ni sabía del perro,
ni de las flores,
que no disfrutaba de la luna,
ni de la mugre entre la punta de los pies.
Tiemblas con fuerza, tierra...
y me haces olvidar
de pronto,
que vivía entre paredes
y comía sin mis manos,
que no abrazaba a mis padres,
ni a mis hermanos,
ni a la parra,
ni a la brisa de madrugada,
ni a mi misma,
allí, entre escombros asustada,
de qué, si ni siquiera te has caído
de amor,
ni de sufrimiento.
Qué sé yo de sufrir
y de terremotos,
si hace una hora reía
de esas cosas tontas,
que los jóvenes suelen reírse.
Gracias a Dios estamos vivos,
dice mi madre,
y a quién le daré gracias yo,
si a ese no le creo esmero
en este asunto,
ha de estar tomando te con el Diablo,
entre compadres,
como dice el rumor,
de la boca de los mismos que recomiendan
acomodarse en los marcos de las puertas.
No me meta a Dios en este lío,
mire que se muere y se muere gente
pa allá pal sur.
No me meta al destino,
y acostúmbrese a la fuerza del azar,
a esta naturaleza que jamás
abrirá su boca para dar explicaciones.
Porque nada de lo que diga
en esta cantata
cambiará las cosas,
ni los rezos de media noche,
ni los gritos y las revueltas.
De hechos está hecha la vida,
no de creencias,
así que guárdese la boca,
que yo la juzgo
por lo que veo.
Y por lo que veo
el tiempo sigue corriendo,
y aún se grita pa allá pal sur ayuda,
yo aún no me olvido
de mi antigua vida,
y sigo midiendo un metro cincuenta y cinco.
Cuando leí tu poema, algo raro me pasó... pero aún no se como expresarlo...habría dicho: oh, que lindo, pero no es lo que quiero decir.
ResponderEliminarTerrible lo del terremoto, pero hay muchas formas de ayudar. Besos dany
Al parecer eres tú a quien sigo buscando.
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