viernes, 19 de marzo de 2010

Panchito.


Ayer llegué desde la U y vi a mi papá enchufado en la tele. Estaban pasando un programa de chiquillos guapos y ágiles: Calle 7. Todos y cada uno de ellos debe modelar su cuerpo para hacer una perfecta armonía entre la simpatía y la entereza. Abdominales y simétricos rostros nos sonreían mientras tragaba la mitad de una marraqueta.

De pronto, uno de ellos llamó mi atención. Se llama Pancho Barrena- no espero que lo conozcan ni que se desgasten la vida haciéndolo- pero resultó que después de perder una competencia, comenzó a llorar desconsoladamente. Al principio sonreí, de tonta que soy a veces. Luego me extrañó que su aflicción durara media hora. Finalmente caí en una total incredulidad al ver que su llanto era real: sus ojos rojos y su nariz mocosa delataban una completa frustración.

Entonces reflexioné profundamente. Panchito es un claro ejemplo de mucha de la gente con la cual convivo cada día. Aquella que, producto de las comodidades, no sabe lo que es sufrir. No sabe lo que es perder todos los días. No sabe lo que es no encontrar un sentido de existencia; luego de haber perdido casas, familias, respuestas, dirección y fines. Aquella que reiría si cae de un juego en un programa de televisión.

No obstante Panchito, a sus ventisiempre años, seguía lagrimeando en la pantalla. Lanzó su polera al juez; golpeó algunas sillas, volvió al estudio y luego se fue. Como cuando teníamos siete años y nos quitaban los juguetes. O cuando nos fuimos de un colegio cuando pequeños, y luego de desangrarnos de llanto nos despedíamos de nuestros compañeros, y comentábamos el día por teléfono.

¿Sabrá Panchito del real llanto? ¿Lo sabré yo? ¿Cuándo es que se llora de verdad, se abren los ojos? ¿Cuánto de sufrir es bueno para caer en la cuenta de la vida, esa de carne y hueso?

En la PUC hay muchos Panchitos. Y no es que me excluya del grupo, mal que mal tengo dieciocho. En la PUC hay muchos Panchitos, y también hay de esos peores: los que desean seguirlo siendo. Allí me excluyo yo, sin pretensiones masoquistas.

5 comentarios:

  1. Es brigido encontrar ese "sentido de existencia", del cual hablas! Por lo que uno se levanta y por lo que uno vive...

    ResponderEliminar
  2. Estoy en College de Ciencias Sociales, pero tomando ramos de Psicología para el traspaso.

    ResponderEliminar
  3. Los de Calle 7, definitivamente son unos mamones a los que se les ha dado todo en la vida. Más encima, ahora que pasó lo del terremoto, lloran por ellos siendo que hay miles de personas muertas. Nada que decir, una verguenza.

    ResponderEliminar
  4. Jajaja, me reí hartoo, lo vi llorando a la pasada mientras bajaba hacia las noticias del UCV ese día, y supuse que era por una idiotez similar.
    Creo que lo que dices tiene mucho de cierto. Creo que todos en nuestra vida hemos pasado por momentos pancho, algunos por distintas cirscunstancias los dejan atrás tempranamente, otros no tanto pero igualmente lo hacen, pero claramente en la ponti hay muchos panchitos que ni siquiera se plantean el seguirlo siendo como un tema importante a solucionar en su vida...
    Yo soy de los que más temprano que tarde, quizás en una edad en la que aún lo que me correspondía era seguir pataleando cada cierto tiempo por cosas intrascendentes como la mayoría de los niños, dejó de ser un barrena. No totalmente, pero sí en un altísimo grado desde muy pequeño empecé a notar que hay cosas por las que verdaderamente vale la pena sufrir, y por las que es sano sufrir. Pero también eso me creó cierto desequilibrio, cierta inclinación hacia la introversión, que creo solucioné recién entrando a la puc y viendo la frivolidad y superficialidad reinante en muchos de mis pares del college en los que no me veía para nada reflejado, y me las tuve que ingeniar para sociabilizar y encontrar a un grupo de amigos que agradezco infinitamente.
    El entrar a esta U me implicó un proceso de madurez a la fuerza, que de verdad necesitaba. Y mientras escribo esto, me pregunto si alguna vez los panchitos se han hecho un cuestionamiento similar. Lo veo dificil, y no es su culpa totalmente. Las historias de vida marcan mucho la forma de ser, y las de ellos, lo digo porque conozco a muchos de ellos, no se diferencian mucho, debido a la artificialidad y creencia de sus padres en que el concepto de familia es uno solo, y que si su hijo no lo presencia vivirá traumado de por vida. Soy el producto de la antítesis de aquello, y pucha que soy feliz con mi forma de ser...
    Saludos dani :), soy el felipe por siaca, jajaj.

    ResponderEliminar