viernes, 27 de enero de 2012

Pulp


"Entonces la puerta se abrió de golpe. Y entró aquella mujer. Lo único que puedo decirles es que hay miles de millones de mujeres en este mundo, ¿verdad? Algunas están bien. La mayoría están bastante bien. Pero de vez en cuando la naturaleza produce un fenómeno salvaje, hace una mujer especial, una mujer increíble. Quiero decir que la miras y no puedes creértelo. Todo en ella es un movimiento ondulante perfecto, azogue, es como una serpiente, le miras un tobillo, le miras un codo, le miras el pecho, le miras la rodilla y todo se funde en un ser impresionante, provocador, con unos ojos bellísimos que sonríen, la boca un poco hacia abajo, los labios como si estuvieran a punto de soltar una carcajada ante tu indefensión. Y saben cómo vestirse y su pelo largo incendia el aire. ¡Demasiado! ¡Maldita sea, demasiado!"
Extracto de Pulp, Charles Bukowski

lunes, 23 de enero de 2012

El hombre más triste






El hombre más triste no es el que está solo.
El hombre más triste es el que no se tiene a sí mismo,
el que no se reconoce en el espejo,
el que elegiría cualquier cosa menos despertar
en ese cuerpo,
con esa vida,
con ese mundo muerto
en su memoria,
imaginando otros universos
en los que están todos menos él.

El hombre más triste eres tú, y no posees
nada,
nada más que tus lágrimas esparcidas por tus manos,
mientras te abrochas la corbata,
mientras saboreas un café
y limpias tus dientes con tu lengua,
mientras besas a las desconocidas
y te tiritan las piernas,
mientras escuchas canciones
que nadie reconoce,
que están en tu cabeza,
mientras observas la felicidad
de los otros.

Le robas el disfraz al transeúnte
más cercano,
le das la mano a los demás para saber si existes,
si piensan lo mismo de ti.

El hombre más triste lo niega,
está muerto,
¿lo entienden?
no tiene más que a una copa de vino,
una mosca rodeando,
un cigarro que le quema la garganta,
una foto de sí mismo,
y una futura
pintura de lo que nunca fue,
de lo que pudo haber sido,
de lo que podrías ser, de lo que podrías hacer.
El hombre más triste eres tú.
Eres tú.

domingo, 1 de enero de 2012

El Guardián entre el Centeno




Muchas  veces  me  imagino  que  hay  un  montón  de  niños  jugando  en  un  campo  de
centeno.   Miles   de   niños.   Y   están   solos,   quiero   decir   que   no   hay   nadie   mayor vigilándolos. Sólo yo. Estoy al borde de un precipicio y mi trabajo consiste en evitar
que los niños caigan en él. En cuanto empiezan a correr sin mirar a donde van, yo
salgo  de  donde  esté  y  los  cojo. Eso  es  lo  que  me  gustaría  hacer  todo  el tiempo.
Vigilarlos. Yo sería el guardián entre el centeno. Te parecerá una tontería, pero es lo
único que de verdad me gustaría hacer. Sé que es una locura.

J.D. Salinger.


El guardián entre el centeno es un libro que leí hace tiempo atrás, cuando era más inocente que hoy.
Lo leeré cuando ya nisiquiera pueda yo misma
clasificarme así.
Lo recomiendo totalmente, y no quiero parafrasear de qué se trata; para eso está Wikipedia.
A veces dan ganas de dejar de vivir y leer.

Cuando les pase eso,
abran ese libro y comiencen a leerlo sin fin,
y dame el gusto, lector anónimo,
de compartir conmigo qué te pareció.

Cuando escuché al docto astrónomo





Cuando escuché al docto astrónomo,
cuando me presentaron en columnas
las pruebas y guarismos,
cuando me mostraron las tablas y diagramas
para medir, sumar y dividir,
cuando escuché al astrónomo discurrir
con gran aplauso de la sala,
qué pronto me sentí inexplicablemente
hastiado,
hasta que me escabullí de mi asiento y
me fui a caminar solo,
en el húmedo y místico aire nocturno,
mirando de rato en rato,
en silencio perfecto a las estrellas.


Walt Whitman