
Una vez, alguien a quien etiqueto hoy como ex; me dijo que si me había encontrado a mí y no a otra persona, era por algo. Una frase bastante cliché que se repite como Tommy Rey en el año nuevo, y que habita en las bocas de los amantes poco originales.
Pues bien, qué dulce suena eso en los oídos de una mujer encantada y extaciada en hormonas; aunque en realidad en aquella ocasión no compartía su visión en lo absoluto, y por cortés y enamoradiza, no quise arruinar el momento.
Para mí, existen dos tipos de personas. Una es la que cree que Dios juega a los dados, y la otra, evidentemente, es la que no. La persona que por primera vez articuló esta frase fue A. Einstein mientras debatía con quien comparto una visión de mundo, Niels Bohr, durante una conferencia en Bruselas. Allí vemos a los dos tipos de personas; uno que cree en un Arquitecto del Universo, y el otro que piensa al mundo desde la probabilidad azarosa de las circunstancias. Básicamente es la teoría de relatividad de Einstein, que supone un Universo determinado y con leyes objetivas que lo ordenan; en contra de la mecánica cuántica que explica los fenómenos a menor escala, y que considera al Universo desde las posibilidades e intedeterminación del conocimiento, pues la mera observación del fenómeno lo modifica.
Einstein se mandó otra frasecilla de oro al decir que existían estos tipos de personas que creían que todo era un milagro, y las otras que pensaban que nada era un milagro. Evidentemente, para cualquiera pareciera ser más lindo ser la primera; pues la segunda rechina los oídos como el pensamiento de alguien bastante pesimista que no ve en las cosas del Universo, el milagro de las causas y las consecuencias. Pues, siendo yo del segundo tipo de personas; les puedo decir que creer que nada es milagro, no es creer lo opuesto: que las cosas no son extraordinariamente bellas; sino que es pensar que detrás de ellas no hay ninguna fuerza sobrenatural que las guíe. Las personas así, valoran las cosas por la naturalidad material que poseen, sin pensar que detrás de ellas exista esa potencia que Aristóteles insistía convincente en su libro Metafísica.
Niels Bohr, Heisenberg, Wittgenstein, etc; no son personas pesimistas. Yo no me considero una persona pesimista al pensar que el ser humano nace sin más razon alguna que morir. Esperen, sí, suena algo triste al lado de quién me dice que nació con un motivo especial por cumplir, que a lo largo de su vida debe descubrir. Y todo esto es cuestión de palabras; porque yo cambiaría el "descubrir", por el "construir".
Ya sabemos que el ser humano está dotado de sentido, porque posee lenguaje signifiticativo. Pero el significado no está en las cosas, sino que, según mi visión, el ser humano dota las cosas de sentido, y no al revés.
Y pues, creyendo yo en las posibilidades, siempre he mantenido la posición de indeterminación de la existencia de Dios. Como no sé si existe y todo funciona sin él, y no tengo como comprobarlo, pero me parece bastante improbable ( así como que no caigan las cosas por la Ley de Gravedad), también existe esa ínfima posibilidad de que sí exista, y dejémoslo para quedarme tranquila, en una posibilidad un poco más alta que el cero.
Pues en ese caso, de completa y milagrosa improbalidad, sólo en ese increíble caso, sí, creo que Dios juega a los daditos, y por lo mismo que versa el refrán, los tira con pésima puntería de tanto amor, y tan malos resultados.
primera vez que leo tu blog, y realmente es muy bueno.. me gusto, compartimos algunos temas saludos
ResponderEliminarHernan