
Lo que me enamora de las letras, es que no perecen. Y esa trascendencia, que sólo se presenta en el éter, en el universo y en la moralidad del ser humano, se esmera en conquistarme todos los días. Si de algo vamos a hablar, es de lo inefable, aquellas vicisitudes en las que el fonema ha quedado corto. Empaquetar aquello en letras, me ambiciona al punto de extender la naturaleza de las mismas palabras...
lunes, 22 de marzo de 2010
Madurez

viernes, 19 de marzo de 2010
Panchito.

Ayer llegué desde la U y vi a mi papá enchufado en la tele. Estaban pasando un programa de chiquillos guapos y ágiles: Calle 7. Todos y cada uno de ellos debe modelar su cuerpo para hacer una perfecta armonía entre la simpatía y la entereza. Abdominales y simétricos rostros nos sonreían mientras tragaba la mitad de una marraqueta.
De pronto, uno de ellos llamó mi atención. Se llama Pancho Barrena- no espero que lo conozcan ni que se desgasten la vida haciéndolo- pero resultó que después de perder una competencia, comenzó a llorar desconsoladamente. Al principio sonreí, de tonta que soy a veces. Luego me extrañó que su aflicción durara media hora. Finalmente caí en una total incredulidad al ver que su llanto era real: sus ojos rojos y su nariz mocosa delataban una completa frustración.
Entonces reflexioné profundamente. Panchito es un claro ejemplo de mucha de la gente con la cual convivo cada día. Aquella que, producto de las comodidades, no sabe lo que es sufrir. No sabe lo que es perder todos los días. No sabe lo que es no encontrar un sentido de existencia; luego de haber perdido casas, familias, respuestas, dirección y fines. Aquella que reiría si cae de un juego en un programa de televisión.
No obstante Panchito, a sus ventisiempre años, seguía lagrimeando en la pantalla. Lanzó su polera al juez; golpeó algunas sillas, volvió al estudio y luego se fue. Como cuando teníamos siete años y nos quitaban los juguetes. O cuando nos fuimos de un colegio cuando pequeños, y luego de desangrarnos de llanto nos despedíamos de nuestros compañeros, y comentábamos el día por teléfono.
¿Sabrá Panchito del real llanto? ¿Lo sabré yo? ¿Cuándo es que se llora de verdad, se abren los ojos? ¿Cuánto de sufrir es bueno para caer en la cuenta de la vida, esa de carne y hueso?
En la PUC hay muchos Panchitos. Y no es que me excluya del grupo, mal que mal tengo dieciocho. En la PUC hay muchos Panchitos, y también hay de esos peores: los que desean seguirlo siendo. Allí me excluyo yo, sin pretensiones masoquistas.
martes, 16 de marzo de 2010
Y después de un año sin sueños.

Siempre dude en ponerme un piercing, por si algún día me caía un rayo; uno de esos días de campo familiar. Los Mythbusters me respondieron con su frenética ciencia que, dentro de mi mente, se configuraba un mito falso.
Siempre fantasee con el túnel de la luz blanca al morir; camino al purgatorio, hasta que la ciencia me explicó que era producto de la biología de la córnea al perecer.
Siempre pensé que adivinaba el futuro cuando una de esas tardes se me venía a la cabeza un Deja Vu; hasta que National geographic comprobó que era simplemente la retrospección de haber vivido algo antes.
Siempre admiré a David Copperfield cuando emergían de sus manos objetos y animales ; ¡aparecían de la nada! ; hasta que Lavoisier llegó a mi fantasía, corroborando que la materia no se crea ni se destruye.
Siempre pensé que mi perrita me entendía al hablarle_ argumentaba mis cavilaciones al observar como sus ojos penetraban en los míos, ¡si me mira los ojos me estará escuchando!_ hasta que la biología me enseñó que los animales no son más que un montón de estímulos.
Siempre creí que la vida era la facultad de Dios; hasta que salió campante la ovina rompe-sueños de Dolly, a opacar mucho más mi creencia espiritual.
Siempre escuché atenta a Yolanda Sultana las tardes de los viernes; hasta que la física me convenció que el futuro no es más que una especulación de fenómenos con respecto a otro.
Siempre pregunté el por qué de las cosas; hasta hice parte de mí la filosofía, hasta que Bohr y la mecánica cuántica me convencieron de que la causalidad no es parte necesaria de la realidad.
Siempre quise conocer lo que veía a cabalidad; y llenarme de ello, hasta que comprendí gracias a la ciencia que lo que vemos es el pasado: que la luz se demora en penetrar un objeto y llegar hacia nuestros ojos.
Siempre admiré el color de tu piel mamita; hasta que un imbécil ciéntifico me explicó que es sólo efecto de la luz refractada.
Siempre me pregunté quien fue quien creó los triángulos, los círculos, y los cuadrados; ¿En qué flor, en que roca vio una forma perfecta? ¿ Por qué cuando no nos cuadra una fórmula química debemos colocar un número delante? ¿La naturaleza acaso cuenta de números que anteponen en las ecuaciones antes de una combustión, antes de una mezcla?
Ya me han destruido muchos sueños, señores de delantal y mocasines lustrados. Ya me hicieron atea, ya me destruyeron la esquizofrenia de mi niñez. ¡Ya basta! No seguiré pragmatizando mi vida; los antiguos ignorantes tenían más imaginación que ustedes.
Lo que me queda, lo poquito que me va quedando, déjenlo tranquilo. Ya explicaron la vida, ya explicaron el nacimiento del universo, y ya explicaron como se destruye una ciudad entera. Al menos me queda el amor; que aún no lo han explicado; razón por la cual aún pienso que todavía nos quedan mitos humanos.
lunes, 8 de marzo de 2010
Y tú, quién eres: ¿House o Eve?

viernes, 5 de marzo de 2010
¿Horizonte de Sucesos?


Un amigo me hizo notar que no entendía el por qué del título del blog. "¿Tiene que ver con los hechos, con lo que pasa? No lo entiendo"- me dijo-.
Y claro, fue difícil explicarle el título, mal que mal, es como preguntarle a un autor el porqué de su libro, o a un padre el por qué del nombre del hijo. Muchos bloggeros entenderán
que el nombre del blog es de gran importancia. Esto porque reúne lo que queremos transmitir, y en el fondo abarca un poco de lo que somos.
El Horizonte de Sucesos, está lejos de ser lo que dice el título textual: un lugar donde ocurren hechos. El título es humildemente robado de la Ciencia, área de la cual poco sé pero que me esfuerzo en entender. Y desde ese punto comienza mi blog, desde el gusto por la ciencia cotidiana, por el escepticismo crítico, la duda y el absurdo existencial. Eres uno de los míos, si te asombras con los descubrimientos de la ciencia, con los existencialistas y sus pesimismos, con las paradojas del diario vivir, y con el pensamiento crítico.
Escasea en éste blog un alma romántica e idealista, y aquello es lo que aporta quién me lee, pues a mí día tras día me queda menos fe en lo que de comprobaciones carece. Cómo nos diría Bachelet: “quién no está confirmado en ésta lista, no está muerto. Está desaparecido”, y lo desaparecido es incierto, así que no rezaré ni especularé acerca de ello. No obstante, el Horizonte de Sucesos es más fascinante que todo lo que pueda aquí estar escrito, y le pido disculpas al Universo por ocupar su nombre.
Hace mucho tiempo se descubrieron los agujeros negros. Básicamente se llaman negros, porque no se ven, uno se preguntaría entonces, ¿cómo sabes de ellos si nadie los ha visto? Y se debe a la fuerza que ejercen. No se ven porque absorben la luz, y para explicarles a humanistas como yo, los físicos dicen que si la luz ha caído en las fauces de un agujero, es porque aquel agujero posee una fuerza de gravedad tan fuerte, que la luz tiene una velocidad menor que él. Y bien, si saben algo de ciencia, sabrán que desde Einstein nada es más veloz que la velocidad de la luz. Y que de hecho, todo depende, nada puede medirse, excepto la velocidad de la luz. El tiempo que sentimos, la distancia, el espacio, todo depende de la velocidad de la luz. Hasta nuestra masa. Con ello se explica que si viajamos a la velocidad de la luz, quién lo hace envejece de otra manera, porque vive otro tiempo, diferente al nuestro. Y con ello vuelvo atrás, que el tiempo depende de otras variables, no es siempre el mismo.
" Ya dany, ¿ y qué tiene que ver esto con tu blog?" me preguntaba, y desesperada le respondí que "mucho", que esperara el final del relato. En fin, existe un límite en el que la luz aún gravita e ilumina el cosmos. Ese es el Horizonte de Sucesos. Es el limbo, el contorno entre lo desconocido y lo real. Más afuera de él, las certezas. Adentro, el agujero negro es indescriptible, pues no puede ser observado aquello que no tiene luz. Allí, es donde estoy a mis dieciocho años. Sin certezas, pero con todos los mitos de la costumbre resueltos. En el limbo de la juventud, llena de preguntas pero sin más respuestas absurdas. Y si entendieron el título, y entendieron mi modesto lugar en el espacio- tiempo, pues qué más da: Bienvenidos a mi blog.
martes, 2 de marzo de 2010
Ocho punto ocho.
