viernes, 25 de diciembre de 2009

Vocación.





El otro día alguien me dijo que estudiara lo que quisiera. Esa frase, tan repetida por entre los que me aconsejan, no deja de ser mentira cada vez que la pienso. Jamás estudiaré lo que realmente quiero.
Y a pesar que me detengo a meditar qué es lo que deseo para mi futuro; no dejo de concluir que aquella decisión es un resultado involuntario, parcial y esclavizante.

Jamás podré llegar a una situación imparcial. Les explico: todas las circunstancias de mi vida han determinado que finalmente decidiera estudiar Psicología y Filosofía.

Comencemos por la primera circunstancia: No nací lo suficientemente inteligente como para decidir en el abanico de probabilidades. Si quisiera realmente aportar al mundo desde la Física y la Astronomía, como siempre he soñado; tendría que robarle 40 puntos de CI a cualquier tipejo. Tendría que haber nacido neuronalmente más capaz. Mi mente se ha conformado con entender apenas unas leyes físicas conceptuales, y de vez en cuando visitar el Discovery Channel. No debería haber gastado la mayoría de mis años aprendiendo reglas sociales y formas de adaptación a los grupos. En fin, para que la Ciencia dura hubiese sido una opción real de éxito, tendría que haber nacido de nuevo.

En segundo lugar, mi situación económica me impidió desde pequeña proyectarme estudiar Antropología, Filosofía a secas, Literatura, Teatro, Estética; y el cúmulo de carreras que le siguen. Nací en un país con bajas probabilidades de triunfar mundialmente. Con mala educación, y bajos campos laborales. No nací en Hollywood, ni en Beverly Hills. Afortunadamente tampoco en África ni en Países en los que la religión coarte aún más mis posibilidades.

Hormonalmente inestable, de personalidad múltiple y atención de corto plazo vulnerable: mi cuerpo ha arribado a los cimentos de College.

Y desde allí, las opciones se reducen a dos: Psicología o Derecho.

Ambas son estimadas en el Campo Laboral, aunque la primera es menospreciada a nivel Científico por los Psiquiatras. La segunda está declarada como una regulación de leyes de invención humana, y la primera no se decide ni qué es.

Un ramo de Civil, mi temperamento analítico, mi falta de memoria; sin olvidar las innumerables hipótesis sobre un futuro de soledad y amargura, terminaron por dejar en el banquillo a la Psicología. Y para que la inestabilidad no me espante en las noches, le he sumado la Filosofía y un Post- Grado.
Esto de ser imparcial, cuesta. Convencerse de que realmente es lo que quieres, es difícil tarea,
tomando conciencia de las circunstancias que te han llevado a ella.

Sin embargo, y después de toda esta influencia cultural-genética-económica-hormonal y mental que me determina; algo me dice que aún soy libre y puedo decidir. Por eso me gusta ser un humano: pues con mucho esfuerzo puedo contradecir mi naturaleza. Y me encantaría vivir la vida de eterna rebelde, aunque sin lugar a dudas, le haré caso a lo que el conjunto de circunstancias me dictan: he decidido ser obediente, y ello es parte de ser libre, ¿ o no?

Todo parecería estar escrito para que esto pasara. Y Quizás a esta encerrona que nos hace la vida le llamen vocación.

domingo, 13 de diciembre de 2009

El Chico del Angst. Un día cualquiera...


El chico estaba pasando por la peor etapa de su vida. Y no lo creía porque supiese el futuro y desde entonces sólo esperaría subir; sino que lo pensaba porque aquel, había sido el peor de sus días.

Se dio cuenta de algo fundamental para la existencia de un ser humano: no tenía valores. Hace rato los había negado tener, y de hecho, no les veía ninguna razón de ser más que el gusto de encontrarse con personas virtuosas, y, por cuestiones de reciprocidad, sentía deber en corresponderles.

Hace años que no creía en Dios, y tampoco le creía una pisca a todo lo que sonara arbitrario. Desde chico le dijeron qué hacer y no hacer, aunque lo único que hizo fue contradecir esas reglas. Luego no le vio sentido seguir escondiendo su realidad: no podía seguir ocultando mentiras, infidelidades y traiciones. A los 20 perdió toda culpa, y no veía causa metafísica, religiosa ni instintiva para contrariar todo lo que hacía. Con el tiempo adquiría experiencia y llegaba a su casa a escribir en una lista, aquellos valores que realmente le servían para conseguir amor en las personas. Escribía cuándo y cómo hacerlo. El chico tenía claro que robaría si tuviese hambre, asesinaría si llegaran a rozar la íntima parte de su ser y se viese aislado. Mentiría si de ello dependiera su existencia.

Evidentemente no lo hacía porque no podía: Las consecuencias eran la cárcel, el daño moral y el reproche de la sociedad. Lo único que sabía era que no quería estar solo, y para eso debía cumplir con ciertos valores que consideró correctos.

Sin embargo, ese día estaba solo. Nadie conocía a esa puta. Nadie la había visto, y si moría nadie se enteraría. ¿Por qué no hacerlo? ¿Por qué sí?

Se vio atormentado por sus instintos: todo su ser quería despedazarla, y sin embargo, no lo hizo. Le pagó y ella se fue dejando una ráfaga malolienta.

Confiaba él en su instinto de bondad; aunque la verdadera razón de no asesinarla era clara: flojera. De despedazarla, de ocultar el cuerpo y cavar una tumba. Prefirió ver televisión y comer un helado. Cuando se nos cruzan los instintos, nacía una idea. Al fin y al cabo, ellas sólo sirven para argumentarlos.

viernes, 4 de diciembre de 2009

Tractatus prematuro.


- Mamita...

- - Dime …

- - ¿Qué es mujer?

- - Mujer es una dama, como tú.

- - Sí, pero dama es lo mismo que mujer, dime, ¿qué es mujer?

- Un humano que posee útero, mamas, y habla fino. Como tú.

- - Pero allí me dijiste cómo era la mujer, no qué es.

- -Te dije, un humano.

- Pero el hombre también es un humano. ¿Qué es la mujer?

- - ¡Hay cabra e’ mierda, es un nombre que le pusieron a una especie de humano, déjate e webear!

- - Ahhh ya, di las cosas como son entonces. Mujer es un nombre. Una palabra.

Quisiera poder expresar qué es lo que pienso del Mundo. Quisiera decirlo. Pero decir lo qué es, resulta imposible. Las palabras, sólo nos dicen cómo son las cosas. No que son. Porque no son. Entiéndanlo: no existe definición para la misma definición. ¿Qué es el ser humano? Paff, son sólo palabras.