
Lo que me enamora de las letras, es que no perecen. Y esa trascendencia, que sólo se presenta en el éter, en el universo y en la moralidad del ser humano, se esmera en conquistarme todos los días. Si de algo vamos a hablar, es de lo inefable, aquellas vicisitudes en las que el fonema ha quedado corto. Empaquetar aquello en letras, me ambiciona al punto de extender la naturaleza de las mismas palabras...
viernes, 25 de diciembre de 2009
Vocación.

domingo, 13 de diciembre de 2009
El Chico del Angst. Un día cualquiera...

El chico estaba pasando por la peor etapa de su vida. Y no lo creía porque supiese el futuro y desde entonces sólo esperaría subir; sino que lo pensaba porque aquel, había sido el peor de sus días.
Se dio cuenta de algo fundamental para la existencia de un ser humano: no tenía valores. Hace rato los había negado tener, y de hecho, no les veía ninguna razón de ser más que el gusto de encontrarse con personas virtuosas, y, por cuestiones de reciprocidad, sentía deber en corresponderles.
Hace años que no creía en Dios, y tampoco le creía una pisca a todo lo que sonara arbitrario. Desde chico le dijeron qué hacer y no hacer, aunque lo único que hizo fue contradecir esas reglas. Luego no le vio sentido seguir escondiendo su realidad: no podía seguir ocultando mentiras, infidelidades y traiciones. A los 20 perdió toda culpa, y no veía causa metafísica, religiosa ni instintiva para contrariar todo lo que hacía. Con el tiempo adquiría experiencia y llegaba a su casa a escribir en una lista, aquellos valores que realmente le servían para conseguir amor en las personas. Escribía cuándo y cómo hacerlo. El chico tenía claro que robaría si tuviese hambre, asesinaría si llegaran a rozar la íntima parte de su ser y se viese aislado. Mentiría si de ello dependiera su existencia.
Evidentemente no lo hacía porque no podía: Las consecuencias eran la cárcel, el daño moral y el reproche de la sociedad. Lo único que sabía era que no quería estar solo, y para eso debía cumplir con ciertos valores que consideró correctos.
Sin embargo, ese día estaba solo. Nadie conocía a esa puta. Nadie la había visto, y si moría nadie se enteraría. ¿Por qué no hacerlo? ¿Por qué sí?
Se vio atormentado por sus instintos: todo su ser quería despedazarla, y sin embargo, no lo hizo. Le pagó y ella se fue dejando una ráfaga malolienta.
Confiaba él en su instinto de bondad; aunque la verdadera razón de no asesinarla era clara: flojera. De despedazarla, de ocultar el cuerpo y cavar una tumba. Prefirió ver televisión y comer un helado. Cuando se nos cruzan los instintos, nacía una idea. Al fin y al cabo, ellas sólo sirven para argumentarlos.
viernes, 4 de diciembre de 2009
Tractatus prematuro.

- Mamita...
- - Dime …
- - ¿Qué es mujer?
- - Mujer es una dama, como tú.
- - Sí, pero dama es lo mismo que mujer, dime, ¿qué es mujer?
- Un humano que posee útero, mamas, y habla fino. Como tú.
- - Pero allí me dijiste cómo era la mujer, no qué es.
- -Te dije, un humano.
- Pero el hombre también es un humano. ¿Qué es la mujer?
- - ¡Hay cabra e’ mierda, es un nombre que le pusieron a una especie de humano, déjate e webear!
- - Ahhh ya, di las cosas como son entonces. Mujer es un nombre. Una palabra.
Quisiera poder expresar qué es lo que pienso del Mundo. Quisiera decirlo. Pero decir lo qué es, resulta imposible. Las palabras, sólo nos dicen cómo son las cosas. No que son. Porque no son. Entiéndanlo: no existe definición para la misma definición. ¿Qué es el ser humano? Paff, son sólo palabras.