
Hace poquito tiempo atrás, mientras procrastinaba viendo el 11, el guapo Alfonso Eicholz de Tolerancia Cero le preguntaba a Piñera, a voz de todos los chilenos: ¿Cuál es la diferencia entre gobernar una empresa y un país?
Me pareció notable la pregunta, no sólo porque salió de su boquita, sino que también fue muy lúcida y mucho más profunda de lo que Piñera creyó. De hecho, él respondió y evadió como siempre responder una cuestión más trascendental oculta en ella: ¿Usted dirige al país con la ética del economista, la del Utilitarismo, la cuantificadora y maximizadora de utilidades? ¿Usted tiene límites éticos a la hora de velar por el interés de País, o en LAN, por el interés de su empresa?
La pregunta era precisa. Era al grano, y profundamente arraigada en la ética que posee el Presidente. Porque esto de publicar la vida privada de los presis, de mostrar a los hijitos holandeses de Arrate, o que de alguna vez por todas Frei se ría, tiene que ver con la ética de nuestros próximos Presidentes. Tiene que ver con sus virtudes: si son honestos, si son carismáticos, si son buenas personas.
Lo que la lleva hoy, es ser moderado, un Rawls ( ¡gracias Milenko!). O sea, un Piñera de Derecha pero que permite la pastilla del día después. Un Frei socialista pero que comparte el neoliberalismo. Y no es una crítica. Quizás ser moderado es lo mejor. Quizás no. Nadie tiene la verdad cabros, no me canso de repetirlo.
Ahora bien, siempre hay cosas que parecen ser más correctas racionalmente. Y la desconfianza hacia Piñera va hacia sus límites: ¿Hasta donde le llegan los principios, cuando de perder platita se trata? Usted, en sus mocasines: ¿Haría lo mismo?
Hace poquito en Teoría Polític

a aprendí, de la manito de Weber, que el político sí o sí es un demonio que debe en ocasiones mentir, robar, engañar, etc. En ocasiones. Vamos, no es tan grave, ¿ o sí?. Nadie le cree, ni Eicholz, ni Villegas, ni siquiera el Piñerista más acérrimo; que él pudo conseguir tanto dinero sin haber ocupado medios corruptos. Nadie. Y ese es el problema de Piñera: que aún debe demostrar que no posee la ética del economista exitoso ( si es que no la tiene), y que realmente tiene límites. Porque quizás el dueño de un Banco no sea éticamente un consecuencialista, pero, quienes tienen éxito absoluto en los negocios sí. Y Piñera es uno de ellos.
Ahora bien, ¿cómo convencer de esto? Aún no lo logra. Pareciera tenerlo pegado como moho a sus arruguitas. El chileno medio, el que vota, el indeciso: toditos tenemos esa duda y desconfianza general al comparar la honestidad de Piñera con la de Arrate. Como el segundo no tiene nada que perder, y todo por ganar, promete y promete sin ningún técnico que le haga la peguita de hacerlo realidad.
Piñera es sin duda, una figura mediáticamente poco creíble, aunque ello no quiera decir que sea un mal político, y un mal Presidente. Apostaría veinte lucas a que lo haría mejor que Arrate. No esperen, apostaría toda mi vida como esclava.
Es una cuestión muy lógica: la ética del candidato, sus valores, sus formas de concebir las paradojas que conllevan la administración del Poder; son directamente proporcionales al voto. Y la ética del político debe ser representativa a la del chileno, que por lo demás y en general, es meramente instintiva. Ninguno de nosotros ha escrito un sistema ético propio: todos somos una pequeñita mescolanza de autores, o quizás, de opiniones diversas. Para lograr lo anterior, nos tendríamos que igualar a los grandes pensadores que construyen mundos propios. O que nos construyen el mundo.
En fin. Cuál es el límite de Piñera, se conocerá en la praxis: cuando nos demuestre cuán empresario es como Presidente, o cuán Presidente es para sus empresas. Lo anterior quizás es bueno: quién sabe si es mejor una política de fines. Como la de Estados Unidos. Chile está en las pequeñas ligas, y las discusiones son aún de corbatitas y de Kramer. Las conversaciones aún son de la gordura de la Bachelet y de la callulla de Frei. Aún conversamos de aborto, aún conversamos de homosexuales. El resto del mundo desarrollado está en otra, una cuadra más adelante.