viernes, 17 de diciembre de 2010

Fugitivos.


Son las 1 de la tarde, estás junto a mí.
Un niño asustado me mira desde tus ojos.
¿Quién es? ¿A qué le teme?

Me dices hola, pero no te creo.
Te digo hola, y no me crees.
Se mueven bocas balbuceando nada;
cada uno habla consigo mismo.

Te digo qué hora es; no quiero saberlo.
Me dices la 1:05; no quieres responderme.
Tus ojos huyen despavoridos de los míos,
y sin moverte estás viajando.
Comienza el acertijo de siempre.

Son las 1 de la tarde, estás junto a mí.
Un niño asustado me mira desde tus ojos.
¿Quién soy ahora? ¿A qué le temo?
Te digo chao, pero no me crees.
Me dices adiós, y no te creo.
Mis pies se arrastran solitarios, dibujando muros,
los tuyos se van con los míos.

Escapamos, los dos,
¡correríamos si no fuésemos cobardes!
huyendo del dolor,
evitando vivir;
fugitivos del sufrimiento.

Son las 1 de la tarde. No estoy junto a ti.
Una niña asustada te mira desde mis ojos.
Nos decimos allí,
el más sincero adiós.

domingo, 12 de diciembre de 2010

Ser o sufrir con Summer


Muchas personas nos parecen conocidas desde hace años y fijamos la atención en ellas, sin que se den cuenta. Para cuando ellas nos conocen y nos miran a los ojos, no somos los mismos. ¿Cómo podemos ser los mismos si ya hemos visto cómo se ríen, como caminan y hasta como se rascan la cabeza cuando titubean? ¿Siquiera pueden imaginar cuánto hemos soñado con las palabras que cruzaremos algún día, entre medio de la hierba, gratuitamente, sin saber cuánto significa? Ellos verían nuestros ojos, como si fueran un montón de pestañas pegadas, en cambio nosotros fijaríamos la vista en esos detalles que hacen que los ojos no sean iguales a las miradas. Lo que para ellos constituye un azar, para nosotros una razón, un por qué.

La película 500 days with Summer trata de esa falta de equilibrio que nos juega la vida a veces. Algo nos dice, de pronto, que los detalles poseen más significado para nosotros que para nuestra pareja, y desmenuzamos los episodios pasados como si fueran una película sin revelar… intentando de desenmascarar las intenciones detrás de ellas. Todas las personas tenemos diferentes formas de amar, y algunas, como yo, aún no están seguras de cómo es que realmente se hace. Pero el instinto, ayuda, sí que sí… es una fuerte explosión al interior que te dice que no, que las cosas no están bien, que estás dando mucho o muy poco. Al momento de racionalizar ese instinto, probablemente las cosas se confunden, cuando en realidad este se expresa simple: sigue, o detente. Y es así como funciono yo cuando considero que el equilibrio no está llegando. El instinto es una buena señal que con el tiempo va creciendo y se hace más evidente. Al comienzo es una pequeña sospecha, luego hasta los demás se van dando cuenta.

No entiendo por qué sorprenden los quiebres ni por qué se llora algo que nuestro instinto nos avisó de mucho antes. Todos queremos ser amados y al final de cuenta, nos engañamos. No lloramos porque la realidad se nos presenta como un vaso de agua fría, sino porque nuestras ilusiones y fantasías fueron finalmente destruidas. Como temíamos.

Entender que así como no amamos a todos, no todos nos pueden amar, es una tarea difícil: que cuesta años. Aprender a perder, aprender a no ser deseada, a no ser querida ni tampoco merecida para alguien, a ser despreciada, aprender a ser engañada, a ser rechazada en ocasiones. Mirar las cosas de frente, y con mucha modestia esperar… hasta que para alguien nosotros seamos Summer, y veamos las cosas desde el filo del otro horizonte.