miércoles, 4 de abril de 2012

Vaivén






La amé, y sólo después de consumado el beso, me interrogué sobre el significado de la entrega.
Era el primer día y aún no conocía el color de sus ojos. Me equivoqué al alabarlos, porque fui directo al fondo de la mirada.
De la misma manera que un día, el último, al caer de la noche y conociendo ya el sabor de sus ojos, me equivoqué asimismo
y para siempre por la última vez. Claro que para entonces había ya acostumbrado mis horas a ese error y amaba el error
que era Ella toda y que la hacía personal, incomparable, única.

Filoteo Samaniego, poeta ecuatoriano.