Mis manos se hunden en la delgadez de tu rostro.
A veces pienso que me amas.
Son las 10. Me pides que te consuele.
Es como si fuera la primera vez que te tocan,
Lo que me enamora de las letras, es que no perecen. Y esa trascendencia, que sólo se presenta en el éter, en el universo y en la moralidad del ser humano, se esmera en conquistarme todos los días. Si de algo vamos a hablar, es de lo inefable, aquellas vicisitudes en las que el fonema ha quedado corto. Empaquetar aquello en letras, me ambiciona al punto de extender la naturaleza de las mismas palabras...
Muchas personas nos parecen conocidas desde hace años y fijamos la atención en ellas, sin que se den cuenta. Para cuando ellas nos conocen y nos miran a los ojos, no somos los mismos. ¿Cómo podemos ser los mismos si ya hemos visto cómo se ríen, como caminan y hasta como se rascan la cabeza cuando titubean? ¿Siquiera pueden imaginar cuánto hemos soñado con las palabras que cruzaremos algún día, entre medio de la hierba, gratuitamente, sin saber cuánto significa? Ellos verían nuestros ojos, como si fueran un montón de pestañas pegadas, en cambio nosotros fijaríamos la vista en esos detalles que hacen que los ojos no sean iguales a las miradas. Lo que para ellos constituye un azar, para nosotros una razón, un por qué.
La película 500 days with Summer trata de esa falta de equilibrio que nos juega la vida a veces. Algo nos dice, de pronto, que los detalles poseen más significado para nosotros que para nuestra pareja, y desmenuzamos los episodios pasados como si fueran una película sin revelar… intentando de desenmascarar las intenciones detrás de ellas. Todas las personas tenemos diferentes formas de amar, y algunas, como yo, aún no están seguras de cómo es que realmente se hace. Pero el instinto, ayuda, sí que sí… es una fuerte explosión al interior que te dice que no, que las cosas no están bien, que estás dando mucho o muy poco. Al momento de racionalizar ese instinto, probablemente las cosas se confunden, cuando en realidad este se expresa simple: sigue, o detente. Y es así como funciono yo cuando considero que el equilibrio no está llegando. El instinto es una buena señal que con el tiempo va creciendo y se hace más evidente. Al comienzo es una pequeña sospecha, luego hasta los demás se van dando cuenta.
No entiendo por qué sorprenden los quiebres ni por qué se llora algo que nuestro instinto nos avisó de mucho antes. Todos queremos ser amados y al final de cuenta, nos engañamos. No lloramos porque la realidad se nos presenta como un vaso de agua fría, sino porque nuestras ilusiones y fantasías fueron finalmente destruidas. Como temíamos.
Entender que así como no amamos a todos, no todos nos pueden amar, es una tarea difícil: que cuesta años. Aprender a perder, aprender a no ser deseada, a no ser querida ni tampoco merecida para alguien, a ser despreciada, aprender a ser engañada, a ser rechazada en ocasiones. Mirar las cosas de frente, y con mucha modestia esperar… hasta que para alguien nosotros seamos Summer, y veamos las cosas desde el filo del otro horizonte.

Me es urgente saber qué es lo que esperas.
Pero no es ahora cuando quiero saberlo,
Es cuando miras a lo lejos,
Y tus ojos vuelan en el vacío.
Es como si nada llegase a ti,
La vida pasa por el lado, caminando,
Y tú la ignoras,
Quizás porqué, yo no entiendo,
No entiendo de los que esperan.
Yo lo sé,
Porque eres de esos que nada hace,
Todo lo espera,
Suponiendo que la vida, vive,
y trae algo para ti.
Siempre, en cada instante,
Cuando un cigarro se amolda en tu boca,
Cuando la guitarra se acomoda en tus manos,
Piensas,
¡No! No es eso:
Deseas…
Deseas cambio,
¿Qué más podría ser sino eso?
Y entre tanta ventolera y lamento
La autora no prevé
Que el problema no es que añores,
Ni que la vida pase al lado
Y tu la ignores.
El problema es que la vida
A veces soy yo,
y no trae cambio para ti.
El problema no es que esperes,
Sino que sé que eso
Que se guarda entre miradas y bocas,
No
Soy
Yo.