jueves, 4 de agosto de 2011

A las 10, te consuelo.


Mis dedos se hunden en la delgadez de tu rostro.
Es como si fuera la primera vez que te tocan.
Es también como si fuera la última...
Te recorren, quizás para recordarte,
para luego dibujarte en las superficies
(esas que tocan mis manos cuando no te tengo,
cuando en el letargo del silencio
se pasean por los muros buscando tus manos.)

Qué sentido tiene mirar por las ventanas, a escondidas,
esperando enamorarse de nuevo de otro caminante.
Qué sentido tiene llorar sino la esperanza de que lo sepas,
y llores conmigo.

Mis dedos se hunden en la delgadez de tu rostro.
Es como si fuera la primera vez que te tocan
Es también como si fuera la última...
Es más íntima que un beso,
la forma con la que mi pulgar perfila tus ojos.
Estás allí, sintiendo el cosquilleo entre tus cejas.

Te quiero decir tanto. Mis manos te escriben en todas partes.

Mis manos se hunden en la delgadez de tu rostro.
A veces pienso que me amas.
A veces,
la distancia entre dos personas
aumenta cuando están más cerca.


Son las 10. Me pides que te consuele.
Es como si fuera la primera vez que te tocan,
también es como si no lo fuera.

viernes, 18 de marzo de 2011

Infinito



Te he llorado cariño.
De todas las formas posibles.
Al comienzo, ya sabes, como el común de los humanos: sintiendo ese candor en la nariz, y el humedecer de los ojos.
Luego, como el común de las mujeres: abrazada a alguien, descansando la cabeza en el hombro de un desconocido transeúnte, escuchando a otro corazón herido consolarte, escribiendote, hablándote hasta repartirte por todos lados. Quién sabe, a veces imaginando que la almohada es tu rostro y yo reposo el mío bañado en lágrimas.
Te he llorado cariño.
De todas las formas posibles.
Con el pasar del tiempo, el dolor, como todo en esta vida, descubre inéditas maneras de salir a la luz.
A veces sufro viendo a los amantes besarse, por el simple hecho de tenerse cerca.
A veces sufro cuando te veo a lo lejos, en otra gente. Y te busco en los lugares que estuviste; buscando pensarte:
y pensándote siempre busqué no pensarte más.
De alguna u otra manera te has convertido en dolor.
Incesante.
Desesperante.
A veces te lloro sonriendo. Riéndome de mí misma, como si fuésemos dos, y una apunta a la otra con el filo del juicio.
Y a veces, incluso,
pienso que no te sufro más y te he olvidado,
así, decía Nicanor,
como todas las cosas de la vida.
Eso hasta ayer, cuando vi el mar
y volvieron a caer lágrimas.

Perdóname si sentí que aquello era el infinito.
Pues ese fue el último paso del dolor:
y curiosamente,
el primero.

sábado, 8 de enero de 2011

¿Bohr o Einstein?




Una vez, alguien a quien etiqueto hoy como ex; me dijo que si me había encontrado a mí y no a otra persona, era por algo. Una frase bastante cliché que se repite como Tommy Rey en el año nuevo, y que habita en las bocas de los amantes poco originales.
Pues bien, qué dulce suena eso en los oídos de una mujer encantada y extaciada en hormonas; aunque en realidad en aquella ocasión no compartía su visión en lo absoluto, y por cortés y enamoradiza, no quise arruinar el momento.
Para mí, existen dos tipos de personas. Una es la que cree que Dios juega a los dados, y la otra, evidentemente, es la que no. La persona que por primera vez articuló esta frase fue A. Einstein mientras debatía con quien comparto una visión de mundo, Niels Bohr, durante una conferencia en Bruselas. Allí vemos a los dos tipos de personas; uno que cree en un Arquitecto del Universo, y el otro que piensa al mundo desde la probabilidad azarosa de las circunstancias. Básicamente es la teoría de relatividad de Einstein, que supone un Universo determinado y con leyes objetivas que lo ordenan; en contra de la mecánica cuántica que explica los fenómenos a menor escala, y que considera al Universo desde las posibilidades e intedeterminación del conocimiento, pues la mera observación del fenómeno lo modifica.
Einstein se mandó otra frasecilla de oro al decir que existían estos tipos de personas que creían que todo era un milagro, y las otras que pensaban que nada era un milagro. Evidentemente, para cualquiera pareciera ser más lindo ser la primera; pues la segunda rechina los oídos como el pensamiento de alguien bastante pesimista que no ve en las cosas del Universo, el milagro de las causas y las consecuencias. Pues, siendo yo del segundo tipo de personas; les puedo decir que creer que nada es milagro, no es creer lo opuesto: que las cosas no son extraordinariamente bellas; sino que es pensar que detrás de ellas no hay ninguna fuerza sobrenatural que las guíe. Las personas así, valoran las cosas por la naturalidad material que poseen, sin pensar que detrás de ellas exista esa potencia que Aristóteles insistía convincente en su libro Metafísica.
Niels Bohr, Heisenberg, Wittgenstein, etc; no son personas pesimistas. Yo no me considero una persona pesimista al pensar que el ser humano nace sin más razon alguna que morir. Esperen, sí, suena algo triste al lado de quién me dice que nació con un motivo especial por cumplir, que a lo largo de su vida debe descubrir. Y todo esto es cuestión de palabras; porque yo cambiaría el "descubrir", por el "construir".
Ya sabemos que el ser humano está dotado de sentido, porque posee lenguaje signifiticativo. Pero el significado no está en las cosas, sino que, según mi visión, el ser humano dota las cosas de sentido, y no al revés.
Y pues, creyendo yo en las posibilidades, siempre he mantenido la posición de indeterminación de la existencia de Dios. Como no sé si existe y todo funciona sin él, y no tengo como comprobarlo, pero me parece bastante improbable ( así como que no caigan las cosas por la Ley de Gravedad), también existe esa ínfima posibilidad de que sí exista, y dejémoslo para quedarme tranquila, en una posibilidad un poco más alta que el cero.
Pues en ese caso, de completa y milagrosa improbalidad, sólo en ese increíble caso, sí, creo que Dios juega a los daditos, y por lo mismo que versa el refrán, los tira con pésima puntería de tanto amor, y tan malos resultados.

viernes, 17 de diciembre de 2010

Fugitivos.


Son las 1 de la tarde, estás junto a mí.
Un niño asustado me mira desde tus ojos.
¿Quién es? ¿A qué le teme?

Me dices hola, pero no te creo.
Te digo hola, y no me crees.
Se mueven bocas balbuceando nada;
cada uno habla consigo mismo.

Te digo qué hora es; no quiero saberlo.
Me dices la 1:05; no quieres responderme.
Tus ojos huyen despavoridos de los míos,
y sin moverte estás viajando.
Comienza el acertijo de siempre.

Son las 1 de la tarde, estás junto a mí.
Un niño asustado me mira desde tus ojos.
¿Quién soy ahora? ¿A qué le temo?
Te digo chao, pero no me crees.
Me dices adiós, y no te creo.
Mis pies se arrastran solitarios, dibujando muros,
los tuyos se van con los míos.

Escapamos, los dos,
¡correríamos si no fuésemos cobardes!
huyendo del dolor,
evitando vivir;
fugitivos del sufrimiento.

Son las 1 de la tarde. No estoy junto a ti.
Una niña asustada te mira desde mis ojos.
Nos decimos allí,
el más sincero adiós.

domingo, 12 de diciembre de 2010

Ser o sufrir con Summer


Muchas personas nos parecen conocidas desde hace años y fijamos la atención en ellas, sin que se den cuenta. Para cuando ellas nos conocen y nos miran a los ojos, no somos los mismos. ¿Cómo podemos ser los mismos si ya hemos visto cómo se ríen, como caminan y hasta como se rascan la cabeza cuando titubean? ¿Siquiera pueden imaginar cuánto hemos soñado con las palabras que cruzaremos algún día, entre medio de la hierba, gratuitamente, sin saber cuánto significa? Ellos verían nuestros ojos, como si fueran un montón de pestañas pegadas, en cambio nosotros fijaríamos la vista en esos detalles que hacen que los ojos no sean iguales a las miradas. Lo que para ellos constituye un azar, para nosotros una razón, un por qué.

La película 500 days with Summer trata de esa falta de equilibrio que nos juega la vida a veces. Algo nos dice, de pronto, que los detalles poseen más significado para nosotros que para nuestra pareja, y desmenuzamos los episodios pasados como si fueran una película sin revelar… intentando de desenmascarar las intenciones detrás de ellas. Todas las personas tenemos diferentes formas de amar, y algunas, como yo, aún no están seguras de cómo es que realmente se hace. Pero el instinto, ayuda, sí que sí… es una fuerte explosión al interior que te dice que no, que las cosas no están bien, que estás dando mucho o muy poco. Al momento de racionalizar ese instinto, probablemente las cosas se confunden, cuando en realidad este se expresa simple: sigue, o detente. Y es así como funciono yo cuando considero que el equilibrio no está llegando. El instinto es una buena señal que con el tiempo va creciendo y se hace más evidente. Al comienzo es una pequeña sospecha, luego hasta los demás se van dando cuenta.

No entiendo por qué sorprenden los quiebres ni por qué se llora algo que nuestro instinto nos avisó de mucho antes. Todos queremos ser amados y al final de cuenta, nos engañamos. No lloramos porque la realidad se nos presenta como un vaso de agua fría, sino porque nuestras ilusiones y fantasías fueron finalmente destruidas. Como temíamos.

Entender que así como no amamos a todos, no todos nos pueden amar, es una tarea difícil: que cuesta años. Aprender a perder, aprender a no ser deseada, a no ser querida ni tampoco merecida para alguien, a ser despreciada, aprender a ser engañada, a ser rechazada en ocasiones. Mirar las cosas de frente, y con mucha modestia esperar… hasta que para alguien nosotros seamos Summer, y veamos las cosas desde el filo del otro horizonte.

sábado, 23 de octubre de 2010

Mann

"Los sentimientos y observaciones del hombre solitario son al mismo tiempo más confusos y más intensos que los de la gente sociable; sus pensamientos son más graves, más extraños y siempre tienen un matiz de tristeza. Imágenes y sensaciones que se esfumarían fácilmente con una mirada, con una risa, un cambio de opiniones, se aferran fuertemente en el ánimo del solitario, se ahondan en el silencio y se convierten en acontecimientos, aventuras, sentimientos importantes."

La soledad hace madurar lo original, lo audaz e inquietantemente bello, el poema. Pero también engendra lo erróneo, desproporcionado, absurdo e ilícito.


" La soledad es muy hermosa... Cuando se tiene alguien a quien decírselo."



miércoles, 13 de octubre de 2010

No soy yo.


Me es urgente saber qué es lo que esperas.

Pero no es ahora cuando quiero saberlo,

Es cuando miras a lo lejos,

Y tus ojos vuelan en el vacío.

Es como si nada llegase a ti,

La vida pasa por el lado, caminando,

Y tú la ignoras,

Quizás porqué, yo no entiendo,

No entiendo de los que esperan.

Yo lo sé,

Porque eres de esos que nada hace,

Todo lo espera,

Suponiendo que la vida, vive,

y trae algo para ti.

Siempre, en cada instante,

Cuando un cigarro se amolda en tu boca,

Cuando la guitarra se acomoda en tus manos,

Piensas,

¡No! No es eso:

Deseas…

Deseas cambio,

¿Qué más podría ser sino eso?

Y entre tanta ventolera y lamento

La autora no prevé

Que el problema no es que añores,

Ni que la vida pase al lado

Y tu la ignores.

El problema es que la vida

A veces soy yo,

y no trae cambio para ti.

El problema no es que esperes,

Sino que sé que eso

Que se guarda entre miradas y bocas,

No

Soy

Yo.