
Lo que me enamora de las letras, es que no perecen. Y esa trascendencia, que sólo se presenta en el éter, en el universo y en la moralidad del ser humano, se esmera en conquistarme todos los días. Si de algo vamos a hablar, es de lo inefable, aquellas vicisitudes en las que el fonema ha quedado corto. Empaquetar aquello en letras, me ambiciona al punto de extender la naturaleza de las mismas palabras...
sábado, 31 de octubre de 2009
Casi imposible.

jueves, 15 de octubre de 2009
La Respuesta.
Caminaba la respuesta al frente,
cuando preguntaba
por ella:
¿Será que la veré?
¿Será que se escucha o recuerda?
Será que existe, será palabra y una sola, será mentira o una paradoja.
Será que tiene edad y se cansa de vivir,
Será que tiene tiempo
o que aún no nace
Será que es un niño que juega y se esconde.
Será que está desnuda
o al menos se viste.
Será que ni siquiera ella se conoce.
Pasó y ni supe:
Mi corazón palpitó al ver su sombra doblar la esquina.
No se imagine Ud. un edificio:
era una esquina que flotaba en el aire.
Piense Ud. cuando la conozca
y me vea cruzando las calles
Y sea yo quién dobla las esquinas
la que las pinta de sombra
la que se arranca y se venga
a la que el tiempo la envejece
y se pregunta por ella
sin saber que no es sino en su mente
donde están todas las avenidas.
domingo, 11 de octubre de 2009
De magos, sastres y Oro.
Hay quiénes leen los libros aún mejor que quienes los escriben. Hay quienes que a partir de la poquísima materia prima de las palabras, erigen edificios o los demuelen. Esa es la tarea “casi-imbécil” de los que roban un verso, se acuestan con él, lo reposan debajo de la almohada y lo transmutan en ideas al día siguiente. Digo casi, porque siendo escéptica, ya nada es una total verdad, y lo más seguro es que esté equivocada.
Muchos de estos alquimistas maniáticos somos los humanistas. Aquellos que ansiamos con fulgor descubrir códigos secretos en donde, quizás, no hay ningún disfraz. Aquellos que leemos en los zapatos de los autores y nos movemos por las letras con el mismo vaivén con el que el autor manipulaba su pluma. Y por más que intenten convencerme, a muchos humanistas les interesa poco la verdad. Más bien, algunos se han dedicado a desordenarla o a inventarla. Muy bien lo decía Einstein: “si deseas decir la verdad, hazlo con precisión. La elegancia déjasela al sastre”.
Y eso somos. Unos sastres. Y unos sastres complejos.
A ver qué diría Aristóteles si le contara que su libro ha sido traducido a cientos de lenguas, y como las mil putas se ha manoseado, mal interpretado; bien triturado con cuchillitos de críticas, molido, comido, debatido y requeté vilipendiado. Como Duchamp, que le hizo bigotes a la Monalisa. ( No caeré en analizar ese cuadro, Duchamp se reía de quiénes le veían algún sentido).
El análisis_ que es una de mis actividades predilectas_, tiene mucho de imaginería. Tiene mucho de creatividad, de cocina propia, de lenguaje inventado y propia condimentación. Y hoy le tocó al propio análisis ser analizado. Lo tomé por entre sus calzoncillos y le senté en una silla ( ¿Ven lo mucho de sastre y poco de precisa que soy?).
En fin, si me dedicaré a las mentiras, ya es hora de que también niegue esta verdad. ¿O no? Hay que ser consecuente. Al menos en esto: nada claro están los humanistas de lo que quieren, ¡Imagínense que ni siquiera han descubierto quiénes son!
Yo les tengo una noticia: no se engañen. Las palabras somos así: difusas, tan empaquetaditas que dejamos la realidad fuera. Si ni siquiera los números la abarcan por entero, no le pidamos más a nuestra ciencia de la confusión. A mí me gusta. Siempre me han gustado los magos.
miércoles, 7 de octubre de 2009
¿ Cómo pudo Nietszche vivir en esto?
Creo que el nihilismo debe tener un punto culmine. Y creo que lo estoy viviendo, al punto de cuestionarse hasta si este nihilismo no hace más que volver a negarse. El síntoma de muerte total la tiene esta diarrea mental que sólo me hace pensar absurderías. ( Pero ya casi todo es absurdo, ¿no?). Y así te la pasas caminando, hasta que besas a alguien y en un instante te preguntas: ¡Qué sentido tiene!, o quizás te introduces en el pasado de los griegos, alucinas con sus ideas, y te preguntas: ! Qué sentido tiene! , comes sin hambre y te preguntas: !Qué sentido tiene!, escribes en el blog y te preguntas: !Qué sentido tiene! , te preguntas! qué sentido tiene preguntarse el sentido!
miércoles, 30 de septiembre de 2009
¿Debate?
viernes, 25 de septiembre de 2009
Taldo al anochecer

Llegan esos días en las que el mundo es un absurdo. En mi caso, porque es un sentir de muerte. Al fin y al cabo, moriré. Y no hay nada más. No recordaré nada más. Para qué todos esos para qué’s. Y allí, caigo en ese ocaso aún más absurdo que engañarse con el sentido.
Buscar afanosamente a un ídolo: a un filósofo tan elocuente y lúcido; capaz de conocerse a sí mismo. El hombre más sabio de todos, vamos, díganme quién es. Que me responda todas estas sandeces que me cruzan el estómago, y que evito vomitarlas entre la multitud. Cada vez que encuentro a esa figura: se mancha, vuelve a parecer tan humano. Los grandes hombres, más animales que yo. Somos esclavos de nuestro cuerpo, de nuestra biología, de nuestro tiempo y nuestra cultura. Y qué nos queda: el absurdo. Muchos kilómetros al Oeste, en este mismo instante, un africano se mutila. Un gringo se suicida. Un filósofo descubre un nuevo juego de palabras. Una suiza tiene un orgasmo. Y yo, que wea hago, escribo. Por la mierda: ¡Por qué si no elegí vivir no quiero suicidarme!
viernes, 18 de septiembre de 2009
Qué rabia.
Qué decepción fue encontrarte de nuevo. Preferiría no haberte visto, que no me hubieses saludado; después de todo no sueles gastar el tiempo con personas como yo: siempre fuiste un lobbysta por dentro, y añoraste que llegara el día en el que toda la sarta de rotos se despojaran de tu espalda. Ahora eres tú quien le sobas las espaldas a una larga faena de contactos políticos y camaradas gremialistas, y como los parásitos, no vives sin comer un poquito de su suculenta existencia.
Yo sé que naciste cínico, y créeme que es un talento aplaudido en estos tiempos. Me sonreíste con esa hilera de dientes que el resentimiento te fabricó; y con esas comisuras te la pasabas engañándote: no soportabas ser un roteque.
Te dignaste a preguntarme cómo me iba, aunque ya sé que nada te importa. Y no es que sea una imprudente, pero mijito, aún cuando gastes millones en perfumería, se le siente el olor a caldo Maggie al abrazarme; y detrás de toda esa burocracia aún te bailan los pies con la cumbia y quisieras transformar Martini en chichita.
Cómo te ha cambiado el mundo, cabrito, que ahora el verde de los billetes te parece más atractivo que el de los campos. Cómo y cuándo te convertiste en la bandera de los levantados de raja, y blanqueaste el pasado como quien barre la basura de su casa y espera que alguien la recoja.
Te entró o descubriste la bulimia del poder, y todos los días vomitas pobreza… (cómo cae en el retrete lo que eras).
Supiste siempre que terminarías pisoteando gente, pero dime, ¿Cuándo es que intercambiaste tu corazón por venganza? No estoy exagerando ni caricaturizándote. Realmente lo veía venir. Odiaste al cuico porque en promedio es más alto, más bello, más educado y listo. Y ahora, no sé si fuiste tú o el destino quién te sembró una papa en la garganta y le lustras los zapatos a quienes tanto crucificaste. Quién soy yo para criticarte, si apenas me leen 3 o 4 personas. Eso, en una calculadora, o en un porcentaje, se parece al 0.
Te admire tanto porque pensé que aún no te resignabas a vivir en este mundo real: lleno de leviatanes, mentiras, cinismos y miedos.
Pensé que con tu brillante cerebro terminarías siendo un gran líder. Y de eso queda harto poco, pueh compadrito, ute nunca podría mandar a su jefe. Pero vamos, no es tan terrible. No eres el único ex socialista, ex marxista, ex idealista, ex anti-pinochetista, ex revolucionario.
Yo sabía que el brillito de tus ojos, cuando decías que querías cambiar el mundo sería abatido. La desgracia fue encontrarte hecho todo lo contrario: sin pelo, con más guata, con una cabeza de economista, y camuflado con el gris de un terno.
Anyway, te doy las gracias por el abrazo, mal que mal fue gratis, y esa palabra no está en tu vocabulario. Y, si es que nos encontramos de nuevo, espero que me evites, no vaya a ser que a mí se me pegue todo ese resentimiento, y usted se vaya a las reuniones pasado a sopaipilla.