domingo, 1 de enero de 2012

El Guardián entre el Centeno




Muchas  veces  me  imagino  que  hay  un  montón  de  niños  jugando  en  un  campo  de
centeno.   Miles   de   niños.   Y   están   solos,   quiero   decir   que   no   hay   nadie   mayor vigilándolos. Sólo yo. Estoy al borde de un precipicio y mi trabajo consiste en evitar
que los niños caigan en él. En cuanto empiezan a correr sin mirar a donde van, yo
salgo  de  donde  esté  y  los  cojo. Eso  es  lo  que  me  gustaría  hacer  todo  el tiempo.
Vigilarlos. Yo sería el guardián entre el centeno. Te parecerá una tontería, pero es lo
único que de verdad me gustaría hacer. Sé que es una locura.

J.D. Salinger.


El guardián entre el centeno es un libro que leí hace tiempo atrás, cuando era más inocente que hoy.
Lo leeré cuando ya nisiquiera pueda yo misma
clasificarme así.
Lo recomiendo totalmente, y no quiero parafrasear de qué se trata; para eso está Wikipedia.
A veces dan ganas de dejar de vivir y leer.

Cuando les pase eso,
abran ese libro y comiencen a leerlo sin fin,
y dame el gusto, lector anónimo,
de compartir conmigo qué te pareció.

Cuando escuché al docto astrónomo





Cuando escuché al docto astrónomo,
cuando me presentaron en columnas
las pruebas y guarismos,
cuando me mostraron las tablas y diagramas
para medir, sumar y dividir,
cuando escuché al astrónomo discurrir
con gran aplauso de la sala,
qué pronto me sentí inexplicablemente
hastiado,
hasta que me escabullí de mi asiento y
me fui a caminar solo,
en el húmedo y místico aire nocturno,
mirando de rato en rato,
en silencio perfecto a las estrellas.


Walt Whitman

lunes, 26 de diciembre de 2011

Vivos Acordes


La joven violonchelista
de la orquesta
ase el mástil
de su instrumento
con una pulsátil intensidad
que sólo puedo describir como
masturbatoria...

En cuanto a la música,
la verdad es que no sabría qué decir.

Roger Wolfe

sábado, 24 de diciembre de 2011




No
le hagas el amor
a una mujer,
si
en el antes,
después,
y mientras,
sólo
saldrán
gemidos de tu boca.

lunes, 19 de diciembre de 2011


La única manera
de ser feliz,
es que te guste
sufrir.

Woody Allen

domingo, 18 de diciembre de 2011

Magia

Escribió que lo amaba en una hoja de papel.
Luego la tachó, la pintó por encima y rompió en pedazos la declaración.
Inesperadamente, sintió un alivio recorrer por su cuerpo.

Comenzó a escribir todo lo que le sucedía desde entonces.
Sus sensaciones traducidas en letras se plasmaban una y otra vez.
El ritual era el mismo: escribir-tachar-borrar-hacer invisible-romper-tirar a la basura.
De a poco fue desprendiéndose de todo.
Podía estar horas escribiendo, y horas deshaciéndose de lo escrito.
No le podía contar a nadie aquel asunto.
No hay forma de que un secreto se mantenga como tal, a menos que lo tacharas,
rayaras, y botaras a la basura por un papel.
No es que escribiendo ocultara algo,
sino que se deshacía de ello,
¿Pueden notar la diferencia?
Desde entonces lo hizo una y otra vez, compulsivamente.
Las palabras se llevaban la vida lejos de ella misma,
como los alquimistas transforman la materia.
Todo se transformó en magia.

Un día quiso probar un juego.
"¿Qué tal si escribo lo que no siento? ¿Será todo al revés?- pensó-.
¿Sentiré lo que escribo si no lo arrojo a la basura?"

Entonces escribió la mentira más grande de su vida, y la llamó biografía. La leyó una y otra vez, hasta convencerse de que debía de ser así, ella misma.
Comenzó a decidir qué sentir, qué pensar, qué debía ser.

Ella- la que escribía-, era su dueña. Ella- la que pensaba- , por primera vez.

Los estúpidos le dicen madurez, pero ella...
le llamó
magia.

Tum tum tum




Sentada en el respaldo de una silla mecedora,
observaba el inquietante palpitar del cuerpo de mi perra:
tum-tum- tum- tum,

descansaba en mis pies, y:

tum tum tum tum.
Imagínenlo por un momento,
Frotaba su lengua contra el concreto
mientras el sonido de su respiración
rápido,
intenso,
imparable... tum tum tum...
Sin descanso ni quiebre,
una insoportable melodía...

junto a su lengua deslizándose por el piso.

No quisiera hacer de este escrito una onomatopeya,
pero,
cómo contarles que jamás había notado aquello:
mi perra jamás descansaba,
vivía más,
con esa ansiedad con la que los locos
e inquietos suelen convivir.
y yo,
yo estaba tan tranquila,
apenas sintiendo el roce del aire sucio en mis narices.

Me hacían falta días como estos,
apacibles,
donde y yo y nada más somos suficientes.
Yo y nadie más.
Yo,
y nada más.