sábado, 26 de noviembre de 2011

El risco es alto, y hay dos opciones.



Me enternecen- profundamente- tus deseos de control.

La necesidad imperiosa que tienes de transformar una conversación en un acertijo; en el cual debes dilucidar cada encaje; cada movimiento. Te desdoblas con el afán de escribir la vida como un cuento con personajes, en el cual controlas y adivinas el futuro porque lo sabes... depende de ti, de lo que tú has escrito. Cada engranaje va colándose uno a uno y…

los ojos del acertijo son más rápidos que los tuyos.

No los sigas, simplemente disfrutalos… escúchalos como te escuchas a ti, con esa atención recelosa… insegura.

La vida no es un libro. Y si lo fuera, seríamos las letras del azaroso pasar de los días. No somos los escritores de nuestras vidas, sino que los lectores de ella cuando ya ha pasado. Pero eso…

Eso tu no lo entiendes.

No lo aceptas.

Déjate llevar. Es suficiente dar un primer paso para que la ventolera te lleve.

El risco es alto, y hay dos opciones. Decide: estás abajo esperando que otro despegue su cuerpo fuera de la tierra y caiga junto a ti, mientras descansas seguro en el fin… o,

te mantienes arriba, junto a los demás, esperando el turno.

No puedes estar en ambos lados.

O escribes en tu mente y dejas de vivir,

O vives para escribir más adelante.

Decidete.

Porque te ves en dos lugares,

y…

sólo estás ahí, contagiando tu miedo por todas partes.

jueves, 17 de noviembre de 2011

Mapa sin territorio.




Dibujaría la silueta de tu espalda una y otra vez...
una y otra vez, hasta que el mapa sea el territorio.
Dibujaría mis manos recorriendo tu espalda...
bosquejándola en mi mente,
aprendiendo de memoria cada detalle,
agregando algunos lunares,
un perfume,
el cosquilleo de las yemas deslizándose.
He escrito tanto de ti que te pareces a mis palabras.
Qué puedo hacer,
si me enamoro de tu espalda como me enamoro de los libros...
esperando la última coma,
el último punto,
rogando que sea suspensivo,
si es que las hojas terminan su curso...
dejando esa terrible ausencia,
de tiempo,
de historia,
esa ausencia que conlleva cualquier fin,
cualquier conclusión
o epílogo de novela.
Estos meses han ido de ausencia; de intensa y profunda ausencia...
de ti.

Dibujaría la silueta de tu espalda una y otra vez.
La deformaría como te he deformado a ti...
como cualquier enamorada sabe que ve algo diferente a lo que los demás ven.
Por eso dibujaría tu espalda, caminando a lo lejos.
Los demás verán un montón de rayas sueltas ocupando espacio.
El dibujo nace y se copia,
se mueve como tu espalda,
se copia hasta ser un pedazo de papel,
un montón de tinta,
un regazo de una mano que escribió,
quién sabe,
para alguien.



viernes, 4 de noviembre de 2011

Tragedia


María Olga es una mujer encantadora. Especialmente la parte que se llama Olga.
Se casó con un mocetón grande y fornido, un poco torpe, lleno de ideas honoríficas, reglamentadas como árboles de paseo.

Pero la parte que ella casó era su parte que se llamaba María. Su parte Olga permanecía soltera y luego tomó un amante que vivía en adoración ante sus ojos.
Ella no podía comprender que su marido se enfureciera y le reprochara infidelidad. María era fiel, perfectamente fiel. ¿Qué tenía él que meterse con Olga? Ella no comprendía que él no comprendiera. María cumplía con su deber, la parte Olga adoraba a su amante.
¿Era ella culpable de tener un nombre doble y de las consecuencias que esto puede traer consigo?
Así, cuando el marido cogió el revolver, ella abrió los ojos enormes, no asustados sino llenos de asombro, por no poder entender un gesto tan absurdo.
Pero sucedió que el marido se equivocó y mató a María, a la parte suya, en vez de matar a la otra. Olga continuó viviendo en brazos de su amante, y creo que aún sigue feliz, muy feliz, sintiendo sólo que es un poco zurda.

Vicente Huidobro

lunes, 31 de octubre de 2011

Rosas


Te entregas…

Te entregas y abres tus ojos, frunces el ceño, sonríes y te entregas. En cada segundo, te entregas. Sin miedo, sin miedo te veo y te entregas.

Si no estás… cuán feas se ven las rosas en el florero- decía el poeta- .No estás, no apareces.

Cruzando la puerta, al otro lado de la calle. Ahí estoy yo. ¿Dónde estás tú? Porque cae la hora y mis ojos queman las rosas del florero. Clavadas. Decías tú, cada cosa tiene vida y de cerca puedes apreciar cómo cambia. Cómo se las arregla para evitar la muerte.

Las cosas van bien aquí. Tu recuerdo alcanza a llenar este cuarto. Me sonríes, frunces el ceño, te entregas.

En cada segundo te entregas… si lo siento, si lo imagino, estás… y te entregas… y..

No estás.

No hay dudas.

Las rosas,

Sí,

Están insoportables en el florero.

lunes, 17 de octubre de 2011

Carta en el camino




"Tal vez llegará un día,

en que un hombre

y una mujer, iguales

a nosotros,

tocarán este amor, y aún tendrá la fuerza

para quemar las manos que lo toquen".

Pablo Neruda.


jueves, 13 de octubre de 2011

15


Oscar Wilde solía decir con gran sabiduría, que a veces podemos pasarnos años sin vivir en lo absoluto… y de pronto, toda nuestra vida se concentra en un instante.

Y eso es lo que recuerdo yo. Quince minutos.

¿Pueden creerlo?

Quince minutos fina y detalladamente descritos en mi cabeza.

Exquisitos. Inolvidables.

Podría hacerlos palabras y dibujarlos como imágenes en mi cabeza.

Podría ponerlos a bailar, desordenándose y volviéndose a armar, como si quisieran vivir allí para siempre.

Todos necesitamos algo de qué aferrarnos. Y son esos quince minutos en los que disfruto descansar. Abrazar la inmensidad de un instante es…

Vivir esos quince minutos cuando el presente no te gusta. Viajarlo, de ida y vuelta…

Sin final.

¿Se dan cuenta?

Sin…

Final

Sin

Fin

Sin

f…

lunes, 3 de octubre de 2011

Adiós


Te miré a los ojos. Tú no lo hacías. Te clavaban; quemándote lentamente...
Ya no éramos amigos.
¿Alguna vez alguien ha guardado el preciso instante en el que ganas a un amigo?

Ya sabes como soy.
Entiendes que me perdiste.
¿Alguna vez alguien ha guardado el preciso instante en el que pierdes a un amigo?
No me refiero a una cajita,
ni a una nota,
me refiero a quizás...
un recuerdo,
una pequeña imagen asociada a un olor; a una calle; una herida,
un llanto en silencio.
Entiendes que me voy, que me perdiste.
Que no hay recuerdo, olor, calle ni palabra que lo explique,
mis pies caminan despavoridos,
escapando de ti.

Te miré a los ojos.
Entiendes que me voy, que no volveré.

No es lo mismo perderte que partir,
tomando para siempre ese instante que nunca sucedió
e inventarlo en un recuerdo,
quizás en una cajita,
quizás en una nota al viento,
en un beso sincero sin intenciones de ser correspondido,
y llevarte sin llevarte, conmigo.
¿Te das cuenta?
Estoy partiendo.

Desde muy lejos te escribo.
Sé que me quieres. Quizás más que eso.
Siempre te querré,
aunque vaya muy lejos
y un día sienta tu olor a cuero desgastado
rozar el mío, ignórandome.

Hay muchas cosas que no sabes de mí. Esta carta, por ejemplo.
Hay otras que no se de ti, como el momento en que la leas en tu mente,
con todos los ridículos cauces de tu voz.

No quiero verte.
No te necesito.
Siempre me las he arreglado para ser feliz.

Entiendes que me fui.
Así,
es el olvido.
Tiempo.