
Dibujaría la silueta de tu espalda una y otra vez...
Lo que me enamora de las letras, es que no perecen. Y esa trascendencia, que sólo se presenta en el éter, en el universo y en la moralidad del ser humano, se esmera en conquistarme todos los días. Si de algo vamos a hablar, es de lo inefable, aquellas vicisitudes en las que el fonema ha quedado corto. Empaquetar aquello en letras, me ambiciona al punto de extender la naturaleza de las mismas palabras...

Te entregas…
Te entregas y abres tus ojos, frunces el ceño, sonríes y te entregas. En cada segundo, te entregas. Sin miedo, sin miedo te veo y te entregas.
Si no estás… cuán feas se ven las rosas en el florero- decía el poeta- .No estás, no apareces.
Cruzando la puerta, al otro lado de la calle. Ahí estoy yo. ¿Dónde estás tú? Porque cae la hora y mis ojos queman las rosas del florero. Clavadas. Decías tú, cada cosa tiene vida y de cerca puedes apreciar cómo cambia. Cómo se las arregla para evitar la muerte.
Las cosas van bien aquí. Tu recuerdo alcanza a llenar este cuarto. Me sonríes, frunces el ceño, te entregas.
En cada segundo te entregas… si lo siento, si lo imagino, estás… y te entregas… y..
No estás.
No hay dudas.
Las rosas,
Sí,
Están insoportables en el florero.
Oscar Wilde solía decir con gran sabiduría, que a veces podemos pasarnos años sin vivir en lo absoluto… y de pronto, toda nuestra vida se concentra en un instante.
Y eso es lo que recuerdo yo. Quince minutos.
¿Pueden creerlo?
Quince minutos fina y detalladamente descritos en mi cabeza.
Exquisitos. Inolvidables.
Podría hacerlos palabras y dibujarlos como imágenes en mi cabeza.
Podría ponerlos a bailar, desordenándose y volviéndose a armar, como si quisieran vivir allí para siempre.
Todos necesitamos algo de qué aferrarnos. Y son esos quince minutos en los que disfruto descansar. Abrazar la inmensidad de un instante es…
Vivir esos quince minutos cuando el presente no te gusta. Viajarlo, de ida y vuelta…
Sin final.
¿Se dan cuenta?
Sin…
Final
Sin
Fin
Sin
f…
