domingo, 12 de diciembre de 2010

Ser o sufrir con Summer


Muchas personas nos parecen conocidas desde hace años y fijamos la atención en ellas, sin que se den cuenta. Para cuando ellas nos conocen y nos miran a los ojos, no somos los mismos. ¿Cómo podemos ser los mismos si ya hemos visto cómo se ríen, como caminan y hasta como se rascan la cabeza cuando titubean? ¿Siquiera pueden imaginar cuánto hemos soñado con las palabras que cruzaremos algún día, entre medio de la hierba, gratuitamente, sin saber cuánto significa? Ellos verían nuestros ojos, como si fueran un montón de pestañas pegadas, en cambio nosotros fijaríamos la vista en esos detalles que hacen que los ojos no sean iguales a las miradas. Lo que para ellos constituye un azar, para nosotros una razón, un por qué.

La película 500 days with Summer trata de esa falta de equilibrio que nos juega la vida a veces. Algo nos dice, de pronto, que los detalles poseen más significado para nosotros que para nuestra pareja, y desmenuzamos los episodios pasados como si fueran una película sin revelar… intentando de desenmascarar las intenciones detrás de ellas. Todas las personas tenemos diferentes formas de amar, y algunas, como yo, aún no están seguras de cómo es que realmente se hace. Pero el instinto, ayuda, sí que sí… es una fuerte explosión al interior que te dice que no, que las cosas no están bien, que estás dando mucho o muy poco. Al momento de racionalizar ese instinto, probablemente las cosas se confunden, cuando en realidad este se expresa simple: sigue, o detente. Y es así como funciono yo cuando considero que el equilibrio no está llegando. El instinto es una buena señal que con el tiempo va creciendo y se hace más evidente. Al comienzo es una pequeña sospecha, luego hasta los demás se van dando cuenta.

No entiendo por qué sorprenden los quiebres ni por qué se llora algo que nuestro instinto nos avisó de mucho antes. Todos queremos ser amados y al final de cuenta, nos engañamos. No lloramos porque la realidad se nos presenta como un vaso de agua fría, sino porque nuestras ilusiones y fantasías fueron finalmente destruidas. Como temíamos.

Entender que así como no amamos a todos, no todos nos pueden amar, es una tarea difícil: que cuesta años. Aprender a perder, aprender a no ser deseada, a no ser querida ni tampoco merecida para alguien, a ser despreciada, aprender a ser engañada, a ser rechazada en ocasiones. Mirar las cosas de frente, y con mucha modestia esperar… hasta que para alguien nosotros seamos Summer, y veamos las cosas desde el filo del otro horizonte.

sábado, 23 de octubre de 2010

Mann

"Los sentimientos y observaciones del hombre solitario son al mismo tiempo más confusos y más intensos que los de la gente sociable; sus pensamientos son más graves, más extraños y siempre tienen un matiz de tristeza. Imágenes y sensaciones que se esfumarían fácilmente con una mirada, con una risa, un cambio de opiniones, se aferran fuertemente en el ánimo del solitario, se ahondan en el silencio y se convierten en acontecimientos, aventuras, sentimientos importantes."

La soledad hace madurar lo original, lo audaz e inquietantemente bello, el poema. Pero también engendra lo erróneo, desproporcionado, absurdo e ilícito.


" La soledad es muy hermosa... Cuando se tiene alguien a quien decírselo."



miércoles, 13 de octubre de 2010

No soy yo.


Me es urgente saber qué es lo que esperas.

Pero no es ahora cuando quiero saberlo,

Es cuando miras a lo lejos,

Y tus ojos vuelan en el vacío.

Es como si nada llegase a ti,

La vida pasa por el lado, caminando,

Y tú la ignoras,

Quizás porqué, yo no entiendo,

No entiendo de los que esperan.

Yo lo sé,

Porque eres de esos que nada hace,

Todo lo espera,

Suponiendo que la vida, vive,

y trae algo para ti.

Siempre, en cada instante,

Cuando un cigarro se amolda en tu boca,

Cuando la guitarra se acomoda en tus manos,

Piensas,

¡No! No es eso:

Deseas…

Deseas cambio,

¿Qué más podría ser sino eso?

Y entre tanta ventolera y lamento

La autora no prevé

Que el problema no es que añores,

Ni que la vida pase al lado

Y tu la ignores.

El problema es que la vida

A veces soy yo,

y no trae cambio para ti.

El problema no es que esperes,

Sino que sé que eso

Que se guarda entre miradas y bocas,

No

Soy

Yo.

sábado, 9 de octubre de 2010

Pobre, pobre Iglesia


Hace poco más de un mes, el viejo Hawking planteó al mundo la certeza de que Dios no fue necesario para crear el Universo ( tranquila Iglesia, Hawking no dijo que no existe, sino que no hizo el Universo). Y bueno, hay que darle mérito a la Iglesia Católica, pues es probablemente una de las instituciones que sabe de resiliencia. Sabe de superar obstáculos, de reinventar lo que inventaron (por supuesto), y también de olvidar aquello que daña a su memoria colectiva. La Iglesia tuvo que superar el hecho de que ya no era verdad que procedíamos de una mujer ansiosa por la manzana sino que en realidad del mono; tuvo que superar que en realidad la Tierra rodaba alrededor de una estrella, y que en el Universo somos una pizca minúscula en el infinito. Tuvo que reinventar la Biblia desde lo literal a lo metafórico, tuvo que olvidar el latín, tuvo que esconder el sudario de los científicos que lo desestimaban, y comenzar a explicar qué cresta hizo Dios, si ahora sabemos que la vida puede crearse sola ( autopoiesis de Maturana), que el universo pudo hacerse solito ( Teoría del Big Bang), y que las especies provienen unas de otras, y no de un dedo divino que las nombró y les dio vida.

No es de dudar que nuestras virtudes y vicios provienen de una herencia cultural y no de Dios; la moral es construida por los humanos y tiene como límites los límites del lenguaje. Esto quiere decir que la moral no la inventó Dios, ni tampoco el universo, ni tampoco las especies, ni tampoco a mí (porque, ya sabemos que fui creada luego de una noche de sexo). Tampoco dirige lo que hago, pues ya sabemos que podemos dirigir nuestros actos, y a lo que le llamamos destino es la suma de todos los actos de la naturaleza, más los nuestros (siendo los hechos externos aquellos de los que no tenemos control).

Por lo tanto, con todo el conocimiento que tenemos de ciencia, psicología, historia, etc, etc… ya no vale preguntarnos si Dios existe, sino que: ¿Qué hizo? Si todo pudo haberse creado solo.

Pues bien, la pregunta retórica es otra. La pregunta es: ¿Qué hicimos? Inventamos a un Dios y ahora lo cambiamos de acuerdo a nuestra conveniencia. Aún así, y después de darnos cuenta, de que no sabemos si existe o no (pues asumámoslo, jamás lo sabremos), la pregunta es si queremos seguir creyendo en un Dios medio pajero. Y sí, alguna gente sigue en esta dinámica, pues se siente protegida por lo que nos decía Freud, una sensación psicológica de un padre enaltecido, una naturaleza bondadosa que guía nuestra cabeza, que nos protege de los vacíos, y nos auxilia en la necesidad. ¿Podríamos decir que todo religioso es en sí un niño ante la incertidumbre, gritando por su padre? Freud nos dice que sí.

Por eso que es muy difícil convencer a un religioso de no serlo, porque aunque existan pruebas de la absurda existencia de un Dios, este seguirá creyendo por su necesidad de creer.

Eso sí, si es que llegan los extraterrestres, habría que preguntarles a los curitas si es que ellos van al cielo también. Apostaría dos lucas a que después de eso, mi abuelita seguiría creyendo. Por eso y por muchas cosas más, la Iglesia se merece una reverencia, pues celebran a los mineros por su fuerza, ¡Y la Iglesia ha salido de tantas! Veremos como sigue esta historia, llena de mentiras e inventos, que más que divina y sagrada, me suena a pura carne humana.

domingo, 26 de septiembre de 2010

Hacen bien en creer que van a morir.






Me resulta díficil comentar el video de Lacan, ya que quisiera que estas palabras fuesen mejor que el silencio; mejores que el hecho de dejarlos a la deriva con sus palabras.
Pero la escritura reduce todo: todo lo selecciona y omite. ¿Podrá ser esta selección el origen del inconsciente? Me refiero a que, las palabras pueden expresar tantos significados pero ¡ aún no pueden explicar las millones de sensaciones que experimentamos a diario!El lenguaje nos limita, nos enjaula en otra realidad que deja atrás a mucho que estuvo presente pero que finalmente no se hizo palabra. ¿Cuánto de lo que experimentamos no alcanza a convertirse en palabras, no alcanza a convertirse en imágenes, en recuerdos conscientes? ¿Cuánta realidad se nos queda afuera, zigzagueando? ¿Es acaso el inconsciente todo aquello que nuestra mente balbucea?

No obstante, las palabras de Lacan nos concientizan de algo: ¡ No sabemos si moriremos! ¡No lo sabemos, ni lo sabremos! Sólo podemos creer en ello. Y lo hacemos. Inconscientemente lo hacemos, sino , ¿ qué sentido tendría esta vida? ¿Qué sentido tendría vivir la eternidad en contraste con 70 años de vida terrenal? Todos, religiosos y no religiosos, creemos que moriremos. Sino no cuidaríamos de nuestras vidas...

De alguna forma sabemos que después de todo, es lo único que tenemos.

martes, 21 de septiembre de 2010

Muchos somos



DE tantos hombres que soy, que somos,
no puedo encontrar a ninguno:
se me pierden bajo la ropa,
se fueron a otra ciudad.

Cuando todo está preparado
para mostrarme inteligente
el tonto que llevo escondido
se toma la palabra en mi boca.

Otras veces me duermo en medio
de la sociedad distinguida
y cuando busco en mí al valiente,
un cobarde que no conozco
corre a tomar con mi esqueleto
mil deliciosas precauciones.

Cuando arde una casa estimada
en vez del bombero que llamo
se precipita el incendiario
y ése soy yo. No tengo arreglo.
Qué debo hacer para escogerme?

Cómo puedo rehabilitarme?
Todos los libros que leo
celebran héroes refulgentes
siempre seguros de sí mismos:
me muero de envidia por ellos,
en los filmes de vientos y balas
me quedo envidiando al jinete,
me quedo admirando al caballo.

Pero cuando pido al intrépido
me sale el viejo perezoso,
y así yo no sé quién soy,
no sé cuántos soy o seremos.
Me gustaría tocar un timbre
y sacar el mí verdadero
porque si yo me necesito
no debo desaparecerme.

Mientras escribo estoy ausente
y cuando vuelvo ya he partido:
voy a ver si a las otras gentes
les pasa lo que a mí me pasa,
si son tantos como soy yo,
si se parecen a sí mismos
y cuando lo haya averiguado
voy a aprender tan bien las cosas
que para explicar mis problemas

les hablaré de geografía.


A veces quisiera... no leer poesía. Así como quienes buscan en ella reírse, quizás encontrar el amor, o llenarse de belleza, para mí la poesía es una advertencia. De alguna manera ella me recuerda que después de todo, no soy feliz.

domingo, 12 de septiembre de 2010

El árbol


Espero que no adivines de mí. Que no te enteres que uso con frecuencia este lenguaje escurridizo: " ¿qué hora es? ¿un poco de bebida?" para decir que me gustas. Todo es porque, a fin de cuentas, " que hora es" algún día será simplemente eso: una pregunta vacía, con ansias de saberse. Para eso falta algo de tiempo, pero créeme, espero con ansias que suceda, como ha sucedido tantas veces.
La receta para estas cosas es esa, que el silencio deje de ser un lenguaje para transformarse en pausas de tiempo. Porque todo quien ha pasado por esto termina en estos círculos absurdos: me pregunta el cuerpo y se contesta solo, y las palabras dan vuelta como moscas en la mierda.
Sin embargo sé que esto es esto: es tiempo. ¡Es tiempo: un maldito perfume que algunos retienen!. Lo vas dejando entre las cosas, entre las plantas, entre la gente: pero finalmente se va, si no alcanza a ser más que eso.

y...

cuando ya nada importe... ¿ es la indiferencia la más grande de las muertes? Probablemente, es lo que desea todo ermitaño de su propio cuerpo, todo budista de su apego. Es el deseo de toda mujer en busca de su independencia... esa libertad que tienen a veces los mejores y peores humanos de dejarse ir, dejarse ir y dejar ir.

Porque libre de ti es no pensarte, ni pensar si me piensas. Es de pronto verte y que seas como el árbol que suelo distinguir algunos Miércoles. A veces lo veo, entre medio de otras cosas. Y no me importa si lo podan, si lo hacen sangre y se lo toman entre todos. No me importa si le crecen hojas, si es invierno y se despelleja, si se hace agua o espuma.

Una semana más. Una semanita más. El árbol serás tú o tú y el árbol uno. Qué importa, para entonces ni fijaré la vista. Para entonces ya seré indiferente y el lenguaje literal: esa, esa será la lapida.