miércoles, 1 de septiembre de 2010

Kikiribu


Dentro del cúmulo de antivalores humanos ( deslealtad, egoísmo, agregue aquí a su gusto); no hay ninguno que me hinche más las bolas ( que aprovecho de aclarar, no tengo), que la hipocresía. Dicho en otras palabras, es fingir que se tienen pensamientos, valores y sentimientos, que se están lejos de poseer. Son de esos que van gritando a los cuatrovientos que son virginales, buenos y honestos, y que para aumentarle el caldo a la olla, critican y juzgan a los demás. Sería yo una hipócrita, si critico a los hipócritas y lo soy al mismo tiempo; y sí, a veces lo he sido, pero inmediatamente lo corrijo. Inmediatamente me flagelo psicológicamente y me auto-penitencio. Me parece horrible. Más horrible que muchos antivalores y no sé por qué.

En psicología, el comportamiento hipócrita se relaciona con el error fundamental de atribución: los individuos tienden a explicar sus accionares por sus circunstancias, pero atribuyen las acciones de otros a la personalidad de los demás. Ya desde chica me apestaba ver a mi papá fumar y que reprochara la conducta al mismo tiempo, o ver a mis compañeras cacareando el discurso virginal, y a la vez me enteraba de que tenían relaciones sexuales con uno y que otro pelagato. Y la verdad es que no me importaba el hecho malo en sí, me molestaba el discurso, esa verborrea apestosa y rídicula que encubre una pobreza interior. Freud lo consideraba como un mecanismo de autodefensa; un recurso psicológico que nos juega la mente. De hecho, hay tipos que escriben papers defendiéndola, arguyendo que es buena para la sociedad, pues protege de los fanatismos.

Anyway, a mí me importa un reverendo orto lo que digan esos papers. Lo cierto es que conozco a unas cuantas personas hipócritas, y el mismo hecho de no encararlas me transforma a mí en una vil hipócrita más. Quisiera que leyeran esto y se viesen aludidas(os), pero , ¿ cómo hacer ver a alguien que se autoengaña? Díficil. Por lo demás, consciente estoy que esta entrada es un arma de doble filo, e inconscientemente la uso para atacar y atacar-me.

De hecho, a tal punto me enerva la hipocresía, que cuando pequeña me encantaba Kikiribu: un pollo muy estúpido que lucha por ser humano, y usa disfraces muy evidentes para engañar a los demás. Se viste de David Hasselholf, o con una ordinaria bata de laboratorio, etc. Hay otro personaje que se da cuenta de ello, y lo denuncia: ¡ Es un pollo! ¡Es un pollo!” pero nadie parece inflar una sola palabra de lo que dice. Todo el mundo lo adoraba y lo encontraba excéntrico, hasta que al final se le cae el disfraz y todos se dan cuenta de que es un pollo. En la literatura está Tartufo, de Moliére, que de por sí, es la obra de la hipocresía ( un datillo para leer). Y, por ello me encanta también George Carlin, un comediante inglés que se encarga de desenmascarar la hipocresía de la mayoría de las personas. En fin, quien se vive fijando en los engaños de los demás, termina amargándose, pues no hay fin de ello. Al menos me queda resignarme con evitar a los tartufos y flagelarme después de cada hipocresía que sale de mi boca. Mal que mal, y si lo piensan bien, la hipocresía es una especie de rito: una alabanza que le hacen los vicios, a la virtud. Y los hipócritas son, al fin y al cabo, las personas más tristes que existen. No soportándose a ellos mismos, no les queda otra que doblegarse. Y pucha que cuesta ser uno mismo: imagínense mantener a dos personas viviendo en el mismo tormento.

lunes, 9 de agosto de 2010

Paracelso





Quien no conoce nada, no ama nada.

Quien no puede hacer nada, no comprende nada.

Quien nada comprende, nada vale.

Pero quien comprende también ama, observa, ve... Cuanto mayor es el conocimiento inherente a una cosa, más grande es el amor...

Quien cree que todas las

frutas maduran al mismo tiempo que las frutillas

nada sabe acerca de las uvas.


jueves, 29 de julio de 2010

Qué mierda hemos hecho.



Mi hogar está lleno de costumbres estúpidas. Por ejemplo, prefieren mandar a comprar todos los días una bebida al Kiosko, antes que las 30 bebidas del mes en un supermercado. Esto porque, inconscientemente, se aloja la imbécil esperanza de que esa costumbre no se haga algún día, de que se ahorre esa plata y se destine a algo menos banal que una bebida. De alguna manera, se sienten culpables al asumir que desde hace 5 años se toma bebida en la casa, sin excepciones; sin reparos ni molestias.

Otra costumbre idiota es la de que los niños lleguen a las 8 al colegio. La mayoría de ellos no puede ni abrir los ojos a las 6, ya sea por cuestiones de biología, de flojera crónica, de mala costumbre o de inconsciente colectivo. Independiente la razón, no he escuchado de alguna persona joven que le guste amanecer a las 6, como sí lo hacen los abuelos, entre aburridos de tanto soñar o cansados de mantenerse durmiendo (qué se yo como será la mente de un viejo).

Lo cierto es que, producto de esta regla que pareciera apestarle a todo el mundo, muchos llegan atrasados, cansados, requete ineficientes a sus pegas, de mal ánimo, encañados, etc. Y bien, ¿es que acaso no podemos reorganizarnos y cambiar los horarios que nosotros mismos hemos inventado? Por asuntos de mera estupidez, nos mentimos, y nos engañamos con gran facilidad.

“A las 4 y media chiquillos, en Plaza Italia”- me decía un amigo-. A las 5 veníamos llegando todos, con una excusa de medio camino, muertos de la risa al darnos cuenta de que nadie seguía la misma regla que nosotros nos habíamos impuesto.

Todos amamos comer, y aún así nos hemos implantado un estándar de belleza imposible de lograr sin vomitar después de una chorrillana o trotando horas en el Estadio. ¿Por qué ser así de delgada está bien, si a nadie le gusta dejar de comer y a los hombres les fascinan las curvas, los pechos y las caderas? ¿Qué mierda hemos hecho con nuestras reglas? ¡A quién mierda se le ocurren, y por qué mierda le hacemos caso!

Desobedecimos a nuestros instintos, reprimiéndolos y modificándolos al punto de crear un mundo fastidioso que no nos gusta. Porque cabros, los seres humanos podríamos crear un mundo agradable si quisiéramos, pero la mitad de lo que hacemos es una obligación que es impuesta por no sé quién, de no sé cuándo. ¿Qué tiene de malo el placer, hacer lo que quieres, que la gente haga lo que le gusta? Yo no firmé en ningún momento un contrato como el de Hobbes y como el de Rosseau. Ese libro no es de mi tiempo, y la verdad bastante injusto me parece, pues nadie puede firmar algo si es que no está en igualdad de conocimiento y condición. A mí me trajeron a la vida, y me tuve que levantar, contra mi voluntad, todos los días a las 5 de la mañana. Tuve que hacer dieta, dejar de ver televisión, no reírme ni eructar si lo deseaba. ¡Hasta aguantarme los deseos de besar y de conocer a alguien más! Qué vida es esta por Dios, tan mal hecha. Si es que debemos pasarnos la vida aprendiendo, para luego producir y mantener el sistema vivito y coleando, que al menos esa rutina sea de la laya que a mí me guste. Y punto.

domingo, 25 de julio de 2010

Problemática Memoria.



A veces la gente cree las historias que uno les cuenta, como si nosotros mismos, los cuenta-cuentos; recordáramos bien lo que nos pasa. Por eso, cuando me preguntaron cómo habían sido estos días, yo dije que rápidos y divertidos. No sé si serán los mejores adjetivos para describirlos, pero, en fin… cuando se es honesta, las palabras más simples llegan a la boca.

Sin embargo hoy, recordé el motivo por el cual comencé a mirar estos días con el sentido único de fijar la vista hacia adelante, sin rememorar ni significar nada, simplemente vivir la pérdida de los momentos y esperar los nuevos.

A veces los objetos nos traen mundos enteros a la memoria, y hoy vi mi bufanda café, y te recordé usarla. Me acordé de ese momento, y ¿por qué no de otro? me pregunté, si esa bufanda tiene muchos años conmigo. Sin embargo recordé que yo salía de allí y tú, esperando que me fuera, llenaste el silencio acomodando mi bufanda en tu cuello, esperando que yo te la sacara y comenzara a jugar con el tiempo de ida.

No recuerdo nada más, y sin embargo, siendo la historia así de aburrida, para mí tiene sentido si es que, pasado el tiempo, aún puedo recordarla con tal detalle, como si realmente importara que llenaras los silencios con mi bufanda.

El tiempo hace lo suyo, y ahora sólo recuerdo los momentos en los que más me quisiste y te quise, aún cuando no fueran los únicos. A veces mi mente juega conmigo y se queda sólo con lo que le sirve para continuar. De esa manera me transformo en la peor cuenta cuentos, pues sólo me quedé con la parte de la historia más alegre, la más placentera. Y así es como te recuerdo y como te cuento cuando me imagino que me preguntan (pues nadie todavía lo ha hecho) , aunque ya tengo preparada la historia y el remate. Siendo como soy- una pésima arqueóloga de mis recuerdos- , prefiero subjetivarme e inevitablemente termino transformando la alegría en felicidad, y la sonrisa en carcajada. Recuerdo parajes y los uno como si tuviesen un hilo conductor, y los escribo en mi conciencia para poder encontrar la palabra precisa para cuando otro me pregunte qué siento, cómo es que lo siento y lo sentí. Por eso a veces la gente quiere escuchar de ti una respuesta más elaborada luego del ¿Cómo estás? , “Bien”. ¿Pero qué decir? ¿Quién puede reunir en una fracción de segundo todo aquello que sientes? ¿Puedes siquiera hacer de ti una narración? No lo creo, y por eso la mitad de lo que digo termina siendo una mentira lejana a la realidad física, y cercana a la mera conceptual. Por eso es que a veces de tanto decir cómo me siento, termino en el umbral de lo opuesto: sintiendo lo que acabo de decir.

jueves, 1 de julio de 2010

Aprender, a amar.


Mi primer beso es un recuerdo atroz. Una mezcla entre risa y vergüenza (ajena también, si esto se hace de a dos). Besar, acariciar el cuello con la mano, mirarse a los ojos mientras inhalamos el hálito del otro, acomodar nariz contra mejilla. Todo lo anterior no se nos da como regalo de la naturaleza, sino que lo aprendemos con el tiempo, con los añitos de uso, con las películas y revistas (nuestros padres no nos enseñan a besar), con los pijama party y las amigas, con Disney o Playboy; dependiendo de la crianza del cauro. A lo que voy es que el amor se aprende, como cuando nos enseñan a bailar, con gracia o con autenticidad: el amor es diferente en cada uno de nosotros, pues entendemos diferentes cosas acerca de él. Y aprender a amar es cosa de años, quizás de vidas, para los que creen en la reencarnación.

Me acuerdo perfecto de mi primer beso, de mi primer abrazo: ¡De la primera vez que me tomaron la mano! No sabía bien si me gustaba él o me gustaba lo que me pasaba, quería aprender de esa sensación que tanto veía disfrutar a los demás. Y este beso entre mordisqueado y mojado, parecía una lucha de dientes que se aleja de lo que realmente siento hoy cuando beso, con otras intenciones, con otra mente habitándome. Él me abrazaba con torpeza, yo miré hacia el suelo: ¡ Qué le iba a decir si me mordió la boca! “Sin duda, esto no es el amor”, pensaba yo, luego de mi primer beso. Y de todas maneras, feliz y rimbombante le conté a mis amigas que ya había pasado a una nueva etapa: la de los besos, la del pololeo. Porque mija´, si ya di un beso estoy pololeando pueh’. Esto no se vive tan patético como suena. Porque hoy ya suena hasta triste que una pensara estas cosas. Puedo contar aún c peores. Tenía una compañera que le daba besos a peluches para practicar su primera vez, o pasaba la lengua por el espejo, enseñándole a los demás los trucos del amor.

Igual le pasará a los hombres, cuando descubren que su pene sirve pa’ algo más que mear. Y con vergüenza exploran su anatomía, en busca de saber… de aprender. Porque repito: ¡No se nace sabiendo besar, ni abrazar, ni se nace romántico! La vida nos trae esa magia con el tiempo, y puede que por ello sea tan confuso cuál es la línea psíquica entre el amor y lo que no lo es, entre lo que es la pasión, el tonteo, el perreo, la camboyana, la señorita, la pa’ casarse, la sucursal, y sus derivados. Se nos complica la cosa con los años, y después ya tenemos que ocupar la nueva jerga: me gusta, me atrae, me interesa, lo amo, lo quiero, lo adoro, y hasta lo “amdoro”, una especie de arrepentida(o) del amor.

Y a mis diecinueve años, sé de estas cosas, pero aún tengo mucho camino por recorrer. Puede que no aprenda de nadie ni de nada, como que vuelva a ser la misma niña con su primera vez. Lo cierto es que el amor, dicen por ahí, es algo maravilloso, que con experiencia pinta la vida con algo más que compañía, con algo más que biología de la reproducción. Vamos vida, enséñeme, que la estoy esperando.

jueves, 10 de junio de 2010

No fuimos humanos.


Un amigo me comentaba en Plaza de Armas, que “odiaba que algunos europeos y yankees nos miraran en menos, como si tuviésemos lepra”. Yo le dije, que aún teniendo lepra no habría por qué hacerlo, pero en fin; él se refería a una situación muy común y que si bien no es tan notoria hoy, tiene mucho que contar pordetrás.

La historia se remonta a un 2 de Junio de 1537 , día en el que el papa Paulo V declara en una bula que “los indígenas del Nuevo Mundo sí son humanos”. En definitiva, aún cuando fuésemos más feos que los protagonistas de Apocalypto, éramos descendientes de los flamantes Adán y Eva.

Lo chistoso es imaginarse la reacción de la gente que leía esta bula. Habrán dicho algo como: “Ah Ok, no eran monstruos”, o quizás: “ Ah Ok, no son animalitos”.

Aún así les dio lo mismo; llegaron al mundo de nuestros antepasados a imponerles la cultura, las cruces en el cuello y las Biblias en los bolsos. Aún así se llevaron nuestra platita, y sin permiso nos conquistaron la Tierra. La Bula lo decía clarito, "somos humanos", pero parece que no del mismo tipo que ellos. Quizás por cuestiones de tiempo: nosotros llevábamos recién 5 de minutos de humanos, ellos toda una vida.

Y aquí estamos. Con el Doggis en San Joaquín comiendo hot dogs y cocas zeros. No es que haga una crítica del sistema, ni tampoco me interesa discutir si era válido que los españoles nos conquistasen. El punto es: ¿Qué tal si hubiesen sido los hindúes? ¿Estaría yo en la Pontificia Universidad Católica? Obvio que no. ¿Qué tal si hubiesen sido los musulmanes? ¿Tendría un carrete esta semana? Obvio que no.

Y… Se nos olvida que nuestra cultura, lejos de ser innovadora, es una herencia, que se nos impuso y se nos impone a diario. Por nuestros padres y por nuestro entorno. Por ello es tan bueno viajar al pasado por la historia, y viajar por los países como los exploradores. Uno se despoja de lo que se debe a meras tradiciones y no a verdades. Lo bueno es, que nací en la época en la que Don Papa no dirige al mundo, y en la que sabemos que venimos del mono, europeos y latinos. En la que se reconoce a la mujer, y al menos se nos da un espacio.

Quisiera que llegara el día que Don Papa reconociera a la comunidad gay y les dieran el status de “humanos”; que las personas los acepten y los traten como iguales. Muy lejos de aquello, nuevamente tendrían que borrar algunos pasajes de la afamada Biblia.

Me pregunto yo: si transformaron lo de Adán y Eva desde algo literal a algo interpretativo, ¿por qué no pueden hacerse los locos con el asunto del matrimonio mujer-hombre? Piénselo bien, si total, ya nadie se acuerda del 2 de Junio de 1537, ni de las Cruzadas. Muchos de nosotros ni sabíamos que, en algún momento, no fuimos humanos.

miércoles, 2 de junio de 2010

Explíquenos Don Hawking.


Mucha gente abusa de la frase “ todo es por algo”. Sobre todo mi mamá.

Y… Que los efectos se deban a causas, o sea, la noción de que todo posee un origen, proviene de la misma sensación de vivir en el tiempo: que un suceso A es anterior a B. Este tiempo es una línea recta de sucesos que van convirtiéndose en pasado y que sus posibilidades son el futuro. ¿Es posible nacer antes que mi madre, o viajar al pasado y asesinarla antes que nazca?

Para los científicos de hoy aquello contradice las leyes de la física, pero entonces: ¿Jamás podremos viajar en el tiempo? La respuesta a ello es que sí. Hace mucho tiempo Einstein nos dijo que la velocidad más alta en nuestro universo es la velocidad de la luz. ¿Nada puede andar más rápido que ella? No. ¿Es porque no se ha descubierto algo más rápido? No. Es porque si se viaja a casi la velocidad de la luz, el tiempo de lo que viaja, se hace más lento. Y ello provoca que, jamás, algo alcance esa velocidad. Es como si la luz compitiera con un tren que quiere igualarla. El tren, al alcanzar una velocidad casi de la luz ( 299,999999999 mil km/s), viajaría en un tiempo más lento, y jamás alcanzaría la luz. O sea, para nosotros los observadores, puede que pasen 5 años, pero para ellos han pasado solamente 2. Y si mi hermana de 17 años se sube al tren, para cuando llegue ya no tendrá 2 años menos que yo, sino que 5. Entonces, ¡ella ha viajado 3 años en el tiempo hacia el futuro, en 2 años!

Así es como explica la ciencia el viaje hacia el futuro, cuestión que es posible hoy. Ahora bien, los astrónomos no han encontrado vida artificial al menos en muchos años luz de distancia: ¿ Cómo es que Hawking nos dijo que la presencia de extraterrestres es un hecho? ¿Cómo pueden viajar tantos años luz? ¿Con qué vehículo?

He allí lo inimaginable. Como ya les he dicho: viajar a casi la velocidad de la luz es hacerlo en el tiempo. Y al parecer, los monigotes verdes de la ciencia ficción ya lo hacen, pues no habría otra forma de que llegaran a la Tierra.

Pareciera de locos y rayados, pero este tema es muy común para los astrofísicos y ufólogos. Siguiendo con la consecuencia escéptica del blog, la palabra de Hawking valerá más para unos y para otros menos. A él le debo el título de mi blog, así que le tengo cierto cariño, además que su vida es excepcionalmente honorable en relación a la mía. Mal que mal, si es que vivimos entre extraterrestres, o si ellos llegan a la Tierra, tendremos muy pocas posibilidades de hacer algo. Menos aún con lo organizada que es la ONEMI por estos días. Se nos corta la luz y ahí quedamos. A tomarse las manitos. Lo que es yo, e intentando no ridiculizar el tema, me encantaría ver un extraterrestre. Es mi segundo sueño después de tener un hijo. Y loca como soy, me encantaría que leyeran esto y llegaran a mí casa. Luego vendría el drama y los gritos, pero es un detalle. Mal que mal, moriré. Qué más estilo que con una vida fuera de nuestro planeta.