martes, 2 de marzo de 2010

Ocho punto ocho.


Tiemblas despacio, tierra...
y me haces olvidar
de pronto,
que usaba zapatos
y me vestía vanidosa,
que oprimía más botones
y menos manos,
que ya ni caminaba por el patio
ni sabía del perro,
ni de las flores,
que no disfrutaba de la luna,
ni de la mugre entre la punta de los pies.

Tiemblas con fuerza, tierra...
y me haces olvidar
de pronto,
que vivía entre paredes
y comía sin mis manos,
que no abrazaba a mis padres,
ni a mis hermanos,
ni a la parra,
ni a la brisa de madrugada,
ni a mi misma,
allí, entre escombros asustada,
de qué, si ni siquiera te has caído
de amor,
ni de sufrimiento.
Qué sé yo de sufrir
y de terremotos,
si hace una hora reía
de esas cosas tontas,
que los jóvenes suelen reírse.

Gracias a Dios estamos vivos,
dice mi madre,
y a quién le daré gracias yo,
si a ese no le creo esmero
en este asunto,
ha de estar tomando te con el Diablo,
entre compadres,
como dice el rumor,
de la boca de los mismos que recomiendan
acomodarse en los marcos de las puertas.

No me meta a Dios en este lío,
mire que se muere y se muere gente
pa allá pal sur.
No me meta al destino,
y acostúmbrese a la fuerza del azar,
a esta naturaleza que jamás
abrirá su boca para dar explicaciones.

Porque nada de lo que diga
en esta cantata
cambiará las cosas,
ni los rezos de media noche,
ni los gritos y las revueltas.
De hechos está hecha la vida,
no de creencias,
así que guárdese la boca,
que yo la juzgo
por lo que veo.
Y por lo que veo
el tiempo sigue corriendo,
y aún se grita pa allá pal sur ayuda,
yo aún no me olvido
de mi antigua vida,
y sigo midiendo un metro cincuenta y cinco.





martes, 23 de febrero de 2010

A mis 15.



A propósito del blog de una amiga, que relataba la loca vida de una joven quinceañera, más experimentada que la abuela de Arjona ( para estar ad hoc del Festival), comencé a recordar mis pueriles quince añitos, de chiquilla tonta lanzada al viento con tanta hormona nueva en el cuerpo.

Siendo aún una credúla y creyente; recuerdo haber pololeado a esa edad, con un moreno flacuchento, de peinado engominado y ojos pequeños. Nos reíamos de todo; nos burlábamos de todos, nos besábamos riendo, muertos de la risa rodando por el pasto.

A esa edad fue así, una bellísima relación, como jamás la he vuelto a tener . Y parecida a las jóvenes de hoy, yo no fui una santa. Y no lo soy. Y no lo sería.

Tampoco fui ni soy una puta; por dos razones, lejanas a la religión, a la moral y las buenas costumbres: No puedo y no quiero serlo. Sé que no debo; pero jamás ha sido el deber un impedimento.

No quiero porque no apreciaría lo bello que es el amor de pareja; ese que transforma a una persona exquisitamente irrepetible. No pude porque la infidelidad te hace perder personas, perder la confianza de tus amigas, de quiénes te quieren, de quiénes te creen. Ser infiel, aún sin involucrar sentimientos, trae más problemas que placeres.

Lo anterior no me hacía mojigata. Disfrutaba al máximo a este moreno; nos veíamos y nos llamábamos mucho. Era un romántico y yo también entré en el personaje. Si bien nos besamos en la primera cita que tuvimos, yo inventé una carta muy pomposa para hacerlo feliz:

"Cuando nos conocimos, No sabía cuanto esperaría para besarte. A veces sentía que estaba muy lejos, como si tuviese que recorrer muchos caminos para llegar hacia tu boca. Pero en realidad estaba a unos pasos de ti, ¿cuánto podía costar acercarme sin morir antes, de sólo imaginarlo? ".

Cuando lo leí, ordenando el cuarto de viejas ropas, reí mucho. ¡Cuán absurdo suena ahora, tres años después! Jamás le entregué esa carta, por vergüenza. Y la misma vergüenza volvió a posarse hoy. Sin embargo, estoy triste, porque mis quince fueron geniales y ya no los tengo. Un beso ahora no es gran cosa, en cambio a esa edad era un matrimonio. Qué difícil es volver a disfrutarlo de esa manera, con la misma emoción de entonces.

En fin. Me conozco tanto, que sé que cuando tenga treinta volveré a escribir una Entrada, luego de leer ésta. "Qué tonta era entonces" , volveré a decir riendo.


jueves, 4 de febrero de 2010

En ti.


No sé lo que significa enamorarse.
Lo he leído
muchas veces.
Lo he escuchado
en repetidas ocasiones.
Lo he visto...
creo.

Sin embargo, te vi...
y no deseo
otra cosa más que verte.
Como la primera vez que vi
una ola deshacerse en el mar,
como la primera vez que vi
una flor deshojarse.

Tu rostro me llama
y no se si deseo besarte
o mantener conversación alguna...
Sólo deseo verte
como quién camina sin rumbo
o grita sin causa.

No sé si eres bello,
o si de ti he de enamorarme.
Tu mirada no es como la de otros,
es mujer y hombre,
es niño y sabio,
como la de un árbol
milenario...
de esos en que la tierra se oculta
y la historia se escribe,
algo tienes
y te reconozco,
me reconoces,
quizás nada de lo que diga
sea cierto,
pero quién es la razón
para negarlo,
si mi sangre me lo dice
y mis ojos permanecen
rendidos ante tu
belleza.

No sé que significa enamorarme.
Lo he leído
a veces.
Lo he escuchado...
en reiteradas ocasiones.
Lo he visto...
en ti.

martes, 2 de febrero de 2010

Léase sin seriedad.


El otro día bailé cumbia. Con el pasito base… ya saben ustedes, “El galeón español llegó… turuturu…”, y aplausos arriba, ¡vuelta! Y el trencito, Muchachita muchachita la peineta”… pá arriba, pa abajo, etecés. Andaba con unos zapatos altos, y mis pies me imploraban descansar. Para variar se me hincharon los deditos y me salieron unos callos: ¡Quién te manda a usar tacos, mujer!

Y en fin. Me quedé observando_ como una burda poeta que mira el mar a lo lejos_ cuán bien lo pasaba la gente con la cumbia. Allí fue cuando se cruzaron estos pensamientos: Puta que es estúpido el baile… “ “ Y siempre es lo mismo”… “ ¿Pa´ que repiten la canción de nuevo?” “ Muchachita , muchachita , ¿¡La peineta!?” “ ¿Cómo es que llevo 15 años bailando en los cumpleaños lo mismo?”.

Sin embargo, toda esa gente, y que no se me olvide, también yo hace unos momentos, alzaba mis brazos como condenada a morir; gritando como grulla una canción que ni siquiera había pensado antes.

La misma sensación la tuve después con el Reggeaton. Que burda la wea´… “ “Siempre el mismo compás, con distinta letra, y más encima ordinaria”… “ Pucha oh, como les puede gustar La Gasolina” “ No me había dado cuenta de lo flaite que es este baile”. Y ahí, de nuevo, Daniela volvía a disfrutar de la música. Lo popular, en efecto, no puede ser digno de análisis. Es efímero como un beso de media noche. Es dulce y superficial. Se cuestiona y se mata, se piensa y se pudre. Nadie se pone a pensar porqué debemos sentarnos en la pierna del hombre mientras bailamos Reggeaton, ni por qué nadie protesta por un cambio en la canción de Año Nuevo. Yo nací con Tommy Rey en mis oídos; y probablemente moriré con el compás de sus canciones.

Los sexólogos opinan lo mismo del sexo. Mientras más se piensa, más lejos se está de sentir orgasmos, o actividades similares. Lo mismo podríamos aplicarlo a La Cuarta, a la Moda, a las compras compulsivas, a la tomatera con los amigos, a las aventuras y al heroísmo empedernido. Hay ciertas actividades que no se piensan; pues se destruyen. ¿Es el amor una actividad pensada? Autores distintos difieren en el asunto. Un libro de Erich Fromm, “El Arte de Amar”, nos lleva por el camino de la sapiensa. El amor es, sin duda, un arte de experiencia y de análisis, que lleva hacia la felicidad última.

Otros autores prefieren dejar al amor en el católogo de lo inefable, y para efectos del blog, dejémoslo en aquella categoría de hermoso misterio humano, para que no se piense que vengo aquí a dar consejos de amor con mis pueriles 18 primaveras.

Y todo aquello que no se piensa, y sin embargo se siente como verdad, es lo que mi profe gay de Arte lo llamaba Estética. Yo no sé si él era gay, pues no existen maneras lógicas de comprobarlo sin preguntarle; no obstante, toda un aura estética me permitía intuirlo.La cumbia es un ritmo fuera de análisis exhaustivos, pues cumple su cometido al levantar miles de corazones a la pista.

Desde hoy soy fans de lo inefable, y ojo, con ello todo lo que no cuadra en lógicas. Permítanme hacerle una Oda a la Cumbia, y a la rumba, al reggeaton y a la guaracha. Si te corre por las venas algún ritmo, sin explicación, hágalo rodar por sus caderas y no pregunte. Uno de los peores invitados que tienen las fiestas, son aquellos tipejos parcos, medios seriones y de corazón frígido; que critican las letras de las cumbias en pleno jolgorio y las comparan con Obras Maestras como las de Chopin, o Vivaldi.

Es evidente que quien cuestiona a la cumbia por su calidad musical; no tiene idea de que la música villera es más lugar que melodía; un espacio en el cual se invita a no pensar, y con ello a unificar todas las diferencias en la pista. Comunachos y derechistas, intolerantes o extremistas bailando juntos ; la cumbia es tan chilena como el Chipamogli o Neruda. Elijan ustedes la posición que quieran. Pero que no se condene lo poco pensado: he allí donde se transgreden los límites de la razón.

lunes, 18 de enero de 2010

Nazis. ¿ Cuán lejos de ellos estamos?


Ayer vi Inglorious Bastards de Quentin Tarantino. Desde mi perspectiva, la película es una Obra Maestra del Cine, porque logra un efecto tragicómico que te engancha durante todo el filme. Un cliché de mi vida, es que me gusten los libros, las películas, y las reflexiones acerca de la Alemania Nazi; todas me parecen excelentes porque la época es reflejo de cuán involucionado puede llegar a ser el hombre cuando se olvida de su dignidad moral. Lo chistoso es que la humanidad sabe que la moralidad depende, que no existe, y que nadie puede imponerla bajo estandartes racionales. El ser humano odió a los negros durante muchos años, y se eliminaron a los judíos en la Segunda Guerra Mundial.

Hoy se odia a los gordos, y se aísla a quiénes piensan diferentes. Los nazis son la antípoda de la democracia, quiénes no toleran a nadie más que a sí mismos. Por eso, y a propósito de las elecciones, quiénes me dicen que odian la democracia por los resultados catastróficos que puede llegar a tener, les digo: A ti te encantaría vivir en una Monarquía, o en una Aristocracia, siempre y cuando seas el rey. Cuando no existen ideas mejores o peores que otras, el consenso imparcial parece ser lo más justo. En el tiempo de Hitler, miles de personas creyeron que matar judíos era legítimo, y quiénes no lo creían eran eliminados.

Quisiera tomar un extracto del guión de la película, en la que el actor Christopher Waltz ( en la foto), interpretando a Hans Landa, le explica a un francés, la animosidad por los judíos mientras allana su casa:

Capitán Hans Landa: “Lo que me hace un buen cazador de judíos, es que, a diferencia de los soldados alemanes, yo puedo pensar como un judío. Ellos sólo piensan como alemanes, y más precisamente, como soldados alemanes. Si pudiéramos determinar un atributo que compartan los alemanes con una bestia, sería el instinto astuto y depredador de un halcón. Pero si pudiéramos determinar que atributo comparte el judío y una bestia, es el instinto de la rata. Y a diferencia del Fürher y Goebbels, yo no considero que sea un insulto. Piense por un momento el mundo de la rata. Es un mundo hostil, ¿ no es cierto? Si una rata correteara por su puerta en este momento, ¿ no la recibiría con hostilidad?

Francés: Probablemente.

Hans Landa: ¿ Ha hecho la rata algo para ser recibida así?

Francés: Son sucias, y causan enfermedades al morder a la gente.

Hans Landa: Sí, pero cualquier enfermedad que cause la rata, puede causarla una ardilla. Y creo que no tiene la misma animosidad que tiene con las ratas.

Francés: Es un pensamiento interesante.

Hans Landa: Independiente de si es interesante, no hace ninguna diferencia en como usted se siente. No le gustan. Usted no sabe por qué no le gustan, simplemente les causan repulsión.

En consecuencia, un soldado alemán, al buscar un judío, busca donde él se escondería. Busca en el granero, en el ático, en el sótano, y luego se va. Pero, el Fürher me eligió amí porque estoy al tanto de las hazañas del hombre cuando ha perdido toda dignidad.”

Podrán callarnos, pero no pueden impedir que tengamos nuestras propias opiniones. Ana Frank, durante la ocupación Nazi.

domingo, 10 de enero de 2010

Había que decirlo


¡Puta que me gusta mi blog!

Así es. Había que decirlo.

miércoles, 6 de enero de 2010

¿Más humana?


Wow! Qué ganas de torcer tu cintura y besarlo. ¿Porqué ahora, justo cuando parece empinar su cuello y mirar la trayectoria de las moscas? Ganas, deseos, líbido animalesco. Todo en una dosis a las 12 de la Mañana. Piensa en algo, niña… ¡Piensa en algo frígido! A ver, sólo veo cuadernos y la derecha sus grandes manos. Qué ansias de tomarlas y hacerlas pasear por mis mejillas. Esperen, ¡ esto no funciona! Controla las hormonas Daniela. Es que ya sabes que llegan como flashes desde el hipotálamo y se van dispersando por el torrente sanguíneo. Sí, lo sé, lo tengo claro. Al pensar en el torrente sanguíneo se me apaciguan las aguas. La ciencia siempre mata los chacras, y ridiculiza los romanticismos. Es su tarea favorita: demostrar que lo sublime tiene que ver más con el cerebro que con el corazón.


Me encanta esta sensación de comenzar a ser imperturbable. Cómo si me separara de la oxitocina, y negara que todo lo que me impulsa el cuerpo. Ahora bien, ¿ para qué negarlo? O por el contrario, ¿Por qué cuestionarse y no darle rienda suelta?

Ahí está de nuevo alzando ese hermoso cuello hacia la ventana. Pero es un cuello, ¿ saben? Cómo cualquier otro. Ahora ya no me importa. Wow! Lo he controlado.¡ Lo he controlado! Gracias, siento sus aplausos desde sus asientos.

- ¿ En qué piensas? _ me pregunta_.

- Que no prestas atención.


Vaya cosa que tiene la biología de indicarme los caminos correctos. Pero ya no me importan los buenos genes. Ahora comienza el trabajo duro: separarse de lo que nos hace tan igual a dos quiltros en la calle y un mono en la jungla. Y creo que hoy, agradecida de los años, me sentí torpemente, más humana que nunca.