martes, 2 de febrero de 2010

Léase sin seriedad.


El otro día bailé cumbia. Con el pasito base… ya saben ustedes, “El galeón español llegó… turuturu…”, y aplausos arriba, ¡vuelta! Y el trencito, “Muchachita muchachita la peineta”… pá arriba, pa abajo, etecés. Andaba con unos zapatos altos, y mis pies me imploraban descansar. Para variar se me hincharon los deditos y me salieron unos callos: ¡Quién te manda a usar tacos, mujer!

Y en fin. Me quedé observando_ como una burda poeta que mira el mar a lo lejos_ cuán bien lo pasaba la gente con la cumbia. Allí fue cuando se cruzaron estos pensamientos: “Puta que es estúpido el baile… “ “ Y siempre es lo mismo”… “ ¿Pa´ que repiten la canción de nuevo?” “ Muchachita , muchachita , ¿¡La peineta!?” “ ¿Cómo es que llevo 15 años bailando en los cumpleaños lo mismo?”.

Sin embargo, toda esa gente, y que no se me olvide, también yo hace unos momentos, alzaba mis brazos como condenada a morir; gritando como grulla una canción que ni siquiera había pensado antes.

La misma sensación la tuve después con el Reggeaton. “Que burda la wea´… “ “Siempre el mismo compás, con distinta letra, y más encima ordinaria”… “ Pucha oh, como les puede gustar La Gasolina” “ No me había dado cuenta de lo flaite que es este baile”. Y ahí, de nuevo, Daniela volvía a disfrutar de la música. Lo popular, en efecto, no puede ser digno de análisis. Es efímero como un beso de media noche. Es dulce y superficial. Se cuestiona y se mata, se piensa y se pudre. Nadie se pone a pensar porqué debemos sentarnos en la pierna del hombre mientras bailamos Reggeaton, ni por qué nadie protesta por un cambio en la canción de Año Nuevo. Yo nací con Tommy Rey en mis oídos; y probablemente moriré con el compás de sus canciones.

Los sexólogos opinan lo mismo del sexo. Mientras más se piensa, más lejos se está de sentir orgasmos, o actividades similares. Lo mismo podríamos aplicarlo a La Cuarta, a la Moda, a las compras compulsivas, a la tomatera con los amigos, a las aventuras y al heroísmo empedernido. Hay ciertas actividades que no se piensan; pues se destruyen. ¿Es el amor una actividad pensada? Autores distintos difieren en el asunto. Un libro de Erich Fromm, “El Arte de Amar”, nos lleva por el camino de la sapiensa. El amor es, sin duda, un arte de experiencia y de análisis, que lleva hacia la felicidad última.

Otros autores prefieren dejar al amor en el católogo de lo inefable, y para efectos del blog, dejémoslo en aquella categoría de hermoso misterio humano, para que no se piense que vengo aquí a dar consejos de amor con mis pueriles 18 primaveras.

Y todo aquello que no se piensa, y sin embargo se siente como verdad, es lo que mi profe gay de Arte lo llamaba Estética. Yo no sé si él era gay, pues no existen maneras lógicas de comprobarlo sin preguntarle; no obstante, toda un aura estética me permitía intuirlo.La cumbia es un ritmo fuera de análisis exhaustivos, pues cumple su cometido al levantar miles de corazones a la pista.

Desde hoy soy fans de lo inefable, y ojo, con ello todo lo que no cuadra en lógicas. Permítanme hacerle una Oda a la Cumbia, y a la rumba, al reggeaton y a la guaracha. Si te corre por las venas algún ritmo, sin explicación, hágalo rodar por sus caderas y no pregunte. Uno de los peores invitados que tienen las fiestas, son aquellos tipejos parcos, medios seriones y de corazón frígido; que critican las letras de las cumbias en pleno jolgorio y las comparan con Obras Maestras como las de Chopin, o Vivaldi.

Es evidente que quien cuestiona a la cumbia por su calidad musical; no tiene idea de que la música villera es más lugar que melodía; un espacio en el cual se invita a no pensar, y con ello a unificar todas las diferencias en la pista. Comunachos y derechistas, intolerantes o extremistas bailando juntos ; la cumbia es tan chilena como el Chipamogli o Neruda. Elijan ustedes la posición que quieran. Pero que no se condene lo poco pensado: he allí donde se transgreden los límites de la razón.

lunes, 18 de enero de 2010

Nazis. ¿ Cuán lejos de ellos estamos?


Ayer vi Inglorious Bastards de Quentin Tarantino. Desde mi perspectiva, la película es una Obra Maestra del Cine, porque logra un efecto tragicómico que te engancha durante todo el filme. Un cliché de mi vida, es que me gusten los libros, las películas, y las reflexiones acerca de la Alemania Nazi; todas me parecen excelentes porque la época es reflejo de cuán involucionado puede llegar a ser el hombre cuando se olvida de su dignidad moral. Lo chistoso es que la humanidad sabe que la moralidad depende, que no existe, y que nadie puede imponerla bajo estandartes racionales. El ser humano odió a los negros durante muchos años, y se eliminaron a los judíos en la Segunda Guerra Mundial.

Hoy se odia a los gordos, y se aísla a quiénes piensan diferentes. Los nazis son la antípoda de la democracia, quiénes no toleran a nadie más que a sí mismos. Por eso, y a propósito de las elecciones, quiénes me dicen que odian la democracia por los resultados catastróficos que puede llegar a tener, les digo: A ti te encantaría vivir en una Monarquía, o en una Aristocracia, siempre y cuando seas el rey. Cuando no existen ideas mejores o peores que otras, el consenso imparcial parece ser lo más justo. En el tiempo de Hitler, miles de personas creyeron que matar judíos era legítimo, y quiénes no lo creían eran eliminados.

Quisiera tomar un extracto del guión de la película, en la que el actor Christopher Waltz ( en la foto), interpretando a Hans Landa, le explica a un francés, la animosidad por los judíos mientras allana su casa:

Capitán Hans Landa: “Lo que me hace un buen cazador de judíos, es que, a diferencia de los soldados alemanes, yo puedo pensar como un judío. Ellos sólo piensan como alemanes, y más precisamente, como soldados alemanes. Si pudiéramos determinar un atributo que compartan los alemanes con una bestia, sería el instinto astuto y depredador de un halcón. Pero si pudiéramos determinar que atributo comparte el judío y una bestia, es el instinto de la rata. Y a diferencia del Fürher y Goebbels, yo no considero que sea un insulto. Piense por un momento el mundo de la rata. Es un mundo hostil, ¿ no es cierto? Si una rata correteara por su puerta en este momento, ¿ no la recibiría con hostilidad?

Francés: Probablemente.

Hans Landa: ¿ Ha hecho la rata algo para ser recibida así?

Francés: Son sucias, y causan enfermedades al morder a la gente.

Hans Landa: Sí, pero cualquier enfermedad que cause la rata, puede causarla una ardilla. Y creo que no tiene la misma animosidad que tiene con las ratas.

Francés: Es un pensamiento interesante.

Hans Landa: Independiente de si es interesante, no hace ninguna diferencia en como usted se siente. No le gustan. Usted no sabe por qué no le gustan, simplemente les causan repulsión.

En consecuencia, un soldado alemán, al buscar un judío, busca donde él se escondería. Busca en el granero, en el ático, en el sótano, y luego se va. Pero, el Fürher me eligió amí porque estoy al tanto de las hazañas del hombre cuando ha perdido toda dignidad.”

Podrán callarnos, pero no pueden impedir que tengamos nuestras propias opiniones. Ana Frank, durante la ocupación Nazi.

domingo, 10 de enero de 2010

Había que decirlo


¡Puta que me gusta mi blog!

Así es. Había que decirlo.

miércoles, 6 de enero de 2010

¿Más humana?


Wow! Qué ganas de torcer tu cintura y besarlo. ¿Porqué ahora, justo cuando parece empinar su cuello y mirar la trayectoria de las moscas? Ganas, deseos, líbido animalesco. Todo en una dosis a las 12 de la Mañana. Piensa en algo, niña… ¡Piensa en algo frígido! A ver, sólo veo cuadernos y la derecha sus grandes manos. Qué ansias de tomarlas y hacerlas pasear por mis mejillas. Esperen, ¡ esto no funciona! Controla las hormonas Daniela. Es que ya sabes que llegan como flashes desde el hipotálamo y se van dispersando por el torrente sanguíneo. Sí, lo sé, lo tengo claro. Al pensar en el torrente sanguíneo se me apaciguan las aguas. La ciencia siempre mata los chacras, y ridiculiza los romanticismos. Es su tarea favorita: demostrar que lo sublime tiene que ver más con el cerebro que con el corazón.


Me encanta esta sensación de comenzar a ser imperturbable. Cómo si me separara de la oxitocina, y negara que todo lo que me impulsa el cuerpo. Ahora bien, ¿ para qué negarlo? O por el contrario, ¿Por qué cuestionarse y no darle rienda suelta?

Ahí está de nuevo alzando ese hermoso cuello hacia la ventana. Pero es un cuello, ¿ saben? Cómo cualquier otro. Ahora ya no me importa. Wow! Lo he controlado.¡ Lo he controlado! Gracias, siento sus aplausos desde sus asientos.

- ¿ En qué piensas? _ me pregunta_.

- Que no prestas atención.


Vaya cosa que tiene la biología de indicarme los caminos correctos. Pero ya no me importan los buenos genes. Ahora comienza el trabajo duro: separarse de lo que nos hace tan igual a dos quiltros en la calle y un mono en la jungla. Y creo que hoy, agradecida de los años, me sentí torpemente, más humana que nunca.

viernes, 25 de diciembre de 2009

Vocación.





El otro día alguien me dijo que estudiara lo que quisiera. Esa frase, tan repetida por entre los que me aconsejan, no deja de ser mentira cada vez que la pienso. Jamás estudiaré lo que realmente quiero.
Y a pesar que me detengo a meditar qué es lo que deseo para mi futuro; no dejo de concluir que aquella decisión es un resultado involuntario, parcial y esclavizante.

Jamás podré llegar a una situación imparcial. Les explico: todas las circunstancias de mi vida han determinado que finalmente decidiera estudiar Psicología y Filosofía.

Comencemos por la primera circunstancia: No nací lo suficientemente inteligente como para decidir en el abanico de probabilidades. Si quisiera realmente aportar al mundo desde la Física y la Astronomía, como siempre he soñado; tendría que robarle 40 puntos de CI a cualquier tipejo. Tendría que haber nacido neuronalmente más capaz. Mi mente se ha conformado con entender apenas unas leyes físicas conceptuales, y de vez en cuando visitar el Discovery Channel. No debería haber gastado la mayoría de mis años aprendiendo reglas sociales y formas de adaptación a los grupos. En fin, para que la Ciencia dura hubiese sido una opción real de éxito, tendría que haber nacido de nuevo.

En segundo lugar, mi situación económica me impidió desde pequeña proyectarme estudiar Antropología, Filosofía a secas, Literatura, Teatro, Estética; y el cúmulo de carreras que le siguen. Nací en un país con bajas probabilidades de triunfar mundialmente. Con mala educación, y bajos campos laborales. No nací en Hollywood, ni en Beverly Hills. Afortunadamente tampoco en África ni en Países en los que la religión coarte aún más mis posibilidades.

Hormonalmente inestable, de personalidad múltiple y atención de corto plazo vulnerable: mi cuerpo ha arribado a los cimentos de College.

Y desde allí, las opciones se reducen a dos: Psicología o Derecho.

Ambas son estimadas en el Campo Laboral, aunque la primera es menospreciada a nivel Científico por los Psiquiatras. La segunda está declarada como una regulación de leyes de invención humana, y la primera no se decide ni qué es.

Un ramo de Civil, mi temperamento analítico, mi falta de memoria; sin olvidar las innumerables hipótesis sobre un futuro de soledad y amargura, terminaron por dejar en el banquillo a la Psicología. Y para que la inestabilidad no me espante en las noches, le he sumado la Filosofía y un Post- Grado.
Esto de ser imparcial, cuesta. Convencerse de que realmente es lo que quieres, es difícil tarea,
tomando conciencia de las circunstancias que te han llevado a ella.

Sin embargo, y después de toda esta influencia cultural-genética-económica-hormonal y mental que me determina; algo me dice que aún soy libre y puedo decidir. Por eso me gusta ser un humano: pues con mucho esfuerzo puedo contradecir mi naturaleza. Y me encantaría vivir la vida de eterna rebelde, aunque sin lugar a dudas, le haré caso a lo que el conjunto de circunstancias me dictan: he decidido ser obediente, y ello es parte de ser libre, ¿ o no?

Todo parecería estar escrito para que esto pasara. Y Quizás a esta encerrona que nos hace la vida le llamen vocación.

domingo, 13 de diciembre de 2009

El Chico del Angst. Un día cualquiera...


El chico estaba pasando por la peor etapa de su vida. Y no lo creía porque supiese el futuro y desde entonces sólo esperaría subir; sino que lo pensaba porque aquel, había sido el peor de sus días.

Se dio cuenta de algo fundamental para la existencia de un ser humano: no tenía valores. Hace rato los había negado tener, y de hecho, no les veía ninguna razón de ser más que el gusto de encontrarse con personas virtuosas, y, por cuestiones de reciprocidad, sentía deber en corresponderles.

Hace años que no creía en Dios, y tampoco le creía una pisca a todo lo que sonara arbitrario. Desde chico le dijeron qué hacer y no hacer, aunque lo único que hizo fue contradecir esas reglas. Luego no le vio sentido seguir escondiendo su realidad: no podía seguir ocultando mentiras, infidelidades y traiciones. A los 20 perdió toda culpa, y no veía causa metafísica, religiosa ni instintiva para contrariar todo lo que hacía. Con el tiempo adquiría experiencia y llegaba a su casa a escribir en una lista, aquellos valores que realmente le servían para conseguir amor en las personas. Escribía cuándo y cómo hacerlo. El chico tenía claro que robaría si tuviese hambre, asesinaría si llegaran a rozar la íntima parte de su ser y se viese aislado. Mentiría si de ello dependiera su existencia.

Evidentemente no lo hacía porque no podía: Las consecuencias eran la cárcel, el daño moral y el reproche de la sociedad. Lo único que sabía era que no quería estar solo, y para eso debía cumplir con ciertos valores que consideró correctos.

Sin embargo, ese día estaba solo. Nadie conocía a esa puta. Nadie la había visto, y si moría nadie se enteraría. ¿Por qué no hacerlo? ¿Por qué sí?

Se vio atormentado por sus instintos: todo su ser quería despedazarla, y sin embargo, no lo hizo. Le pagó y ella se fue dejando una ráfaga malolienta.

Confiaba él en su instinto de bondad; aunque la verdadera razón de no asesinarla era clara: flojera. De despedazarla, de ocultar el cuerpo y cavar una tumba. Prefirió ver televisión y comer un helado. Cuando se nos cruzan los instintos, nacía una idea. Al fin y al cabo, ellas sólo sirven para argumentarlos.

viernes, 4 de diciembre de 2009

Tractatus prematuro.


- Mamita...

- - Dime …

- - ¿Qué es mujer?

- - Mujer es una dama, como tú.

- - Sí, pero dama es lo mismo que mujer, dime, ¿qué es mujer?

- Un humano que posee útero, mamas, y habla fino. Como tú.

- - Pero allí me dijiste cómo era la mujer, no qué es.

- -Te dije, un humano.

- Pero el hombre también es un humano. ¿Qué es la mujer?

- - ¡Hay cabra e’ mierda, es un nombre que le pusieron a una especie de humano, déjate e webear!

- - Ahhh ya, di las cosas como son entonces. Mujer es un nombre. Una palabra.

Quisiera poder expresar qué es lo que pienso del Mundo. Quisiera decirlo. Pero decir lo qué es, resulta imposible. Las palabras, sólo nos dicen cómo son las cosas. No que son. Porque no son. Entiéndanlo: no existe definición para la misma definición. ¿Qué es el ser humano? Paff, son sólo palabras.