sábado, 28 de noviembre de 2009

¿Cuál es tu ética Piñera?

Hace poquito tiempo atrás, mientras procrastinaba viendo el 11, el guapo Alfonso Eicholz de Tolerancia Cero le preguntaba a Piñera, a voz de todos los chilenos: ¿Cuál es la diferencia entre gobernar una empresa y un país?

Me pareció notable la pregunta, no sólo porque salió de su boquita, sino que también fue muy lúcida y mucho más profunda de lo que Piñera creyó. De hecho, él respondió y evadió como siempre responder una cuestión más trascendental oculta en ella: ¿Usted dirige al país con la ética del economista, la del Utilitarismo, la cuantificadora y maximizadora de utilidades? ¿Usted tiene límites éticos a la hora de velar por el interés de País, o en LAN, por el interés de su empresa?

La pregunta era precisa. Era al grano, y profundamente arraigada en la ética que posee el Presidente. Porque esto de publicar la vida privada de los presis, de mostrar a los hijitos holandeses de Arrate, o que de alguna vez por todas Frei se ría, tiene que ver con la ética de nuestros próximos Presidentes. Tiene que ver con sus virtudes: si son honestos, si son carismáticos, si son buenas personas.

Lo que la lleva hoy, es ser moderado, un Rawls ( ¡gracias Milenko!). O sea, un Piñera de Derecha pero que permite la pastilla del día después. Un Frei socialista pero que comparte el neoliberalismo. Y no es una crítica. Quizás ser moderado es lo mejor. Quizás no. Nadie tiene la verdad cabros, no me canso de repetirlo.

Ahora bien, siempre hay cosas que parecen ser más correctas racionalmente. Y la desconfianza hacia Piñera va hacia sus límites: ¿Hasta donde le llegan los principios, cuando de perder platita se trata? Usted, en sus mocasines: ¿Haría lo mismo?

Hace poquito en Teoría Polític

a aprendí, de la manito de Weber, que el político sí o sí es un demonio que debe en ocasiones mentir, robar, engañar, etc. En ocasiones. Vamos, no es tan grave, ¿ o sí?. Nadie le cree, ni Eicholz, ni Villegas, ni siquiera el Piñerista más acérrimo; que él pudo conseguir tanto dinero sin haber ocupado medios corruptos. Nadie. Y ese es el problema de Piñera: que aún debe demostrar que no posee la ética del economista exitoso ( si es que no la tiene), y que realmente tiene límites. Porque quizás el dueño de un Banco no sea éticamente un consecuencialista, pero, quienes tienen éxito absoluto en los negocios sí. Y Piñera es uno de ellos.

Ahora bien, ¿cómo convencer de esto? Aún no lo logra. Pareciera tenerlo pegado como moho a sus arruguitas. El chileno medio, el que vota, el indeciso: toditos tenemos esa duda y desconfianza general al comparar la honestidad de Piñera con la de Arrate. Como el segundo no tiene nada que perder, y todo por ganar, promete y promete sin ningún técnico que le haga la peguita de hacerlo realidad.

Piñera es sin duda, una figura mediáticamente poco creíble, aunque ello no quiera decir que sea un mal político, y un mal Presidente. Apostaría veinte lucas a que lo haría mejor que Arrate. No esperen, apostaría toda mi vida como esclava.

Es una cuestión muy lógica: la ética del candidato, sus valores, sus formas de concebir las paradojas que conllevan la administración del Poder; son directamente proporcionales al voto. Y la ética del político debe ser representativa a la del chileno, que por lo demás y en general, es meramente instintiva. Ninguno de nosotros ha escrito un sistema ético propio: todos somos una pequeñita mescolanza de autores, o quizás, de opiniones diversas. Para lograr lo anterior, nos tendríamos que igualar a los grandes pensadores que construyen mundos propios. O que nos construyen el mundo.

En fin. Cuál es el límite de Piñera, se conocerá en la praxis: cuando nos demuestre cuán empresario es como Presidente, o cuán Presidente es para sus empresas. Lo anterior quizás es bueno: quién sabe si es mejor una política de fines. Como la de Estados Unidos. Chile está en las pequeñas ligas, y las discusiones son aún de corbatitas y de Kramer. Las conversaciones aún son de la gordura de la Bachelet y de la callulla de Frei. Aún conversamos de aborto, aún conversamos de homosexuales. El resto del mundo desarrollado está en otra, una cuadra más adelante.

lunes, 23 de noviembre de 2009

El Príncipe

Hay personas que por más que las hayan criado con olor a Parra, les hayan limpiado la cara y achicharrado la voz con Neruda, y las hayan abanderado con olorcito a empanada; parecieran no haber nacido en el Chilito Lindo de Cizarro,Piñera y Arenita.

Digámoslo así, sin regodeos: hay de esos que no tienen la mínima idea de que en las calles de Cerro Navia se cuelgan zapatillas para publicitar la droga, ni que el Mote con Huesillos más rico está a la vuelta de Jota Pérez con Radal.

Pocos encuentros cercanos he tenido con esta gente, que proviene del Olympo y que poquito se nos cruza a nosotros los descendientes de Moctezuma, Atahualpa y sus derivados. Y fíjense que no les hablo de los cuicos, porque estudio en la PUC y eso es pancito de cada día. Les hablo de una caricatura más prodigiosa y más europea que los turistas.

Me lo encontré al bajar la cro-mi hacia la Estación Santa Ana. Era la 504, y para mí mala suerte, el peldaño hacia la vereda era abismante para mi pati-corta. Casi como una princesa de Disney, o como una bruta ( como se quiera ver), me tropecé y fui a caer en los brazos de un hombre dorado de pies a cabeza ( no exagero, sus ojos, su piel, su cabello, hasta sus cejas lucían radiantes).

Al principio sólo noté una camisa adornada con un Rolex que me empuñaba para sostenerme; luego me percaté de su magnánima apariencia.

Tengo esa absurda costumbre de comenzar a ver símiles a las personas, y no miento que era igualito al príncipe William de Inglaterra. Apostaría mil pesos a que si me encuestan hoy, habría votado por él de Presidente. Y dejando fuera a las hormonas ( tarea ardua y valiente); Principe William me ayudó y sonriente me preguntó si me “ encontraba bien, o si necesitaba más ayuda ”. Y, posterior al desliz, nos fuimos conversando toda la Línea a San Joaquín.

Allí comenzaron los detalles: llevaba al menos 3 rosarios colindándole el cuerpo. Yo no sé si existen detergentes tan buenos como para que le haya lucido tan blanca la camisa; y mientras cavilaba en vicisitudes; el príncipe ya había ayudado a una abuela a sujetarse del pilar.

En el Metro me contaba que estudiaba Medicina en la PUC, y que decidió tomar el Metro para no gastar más bencina, y “ finalmente darle un respiro al Planeta”.


Por la mente me cruzaba la idea de que si acaso podía haber persona más limpia que él. Creo que no tenía caries, ni siquiera un rezago de ellas. Se me olvidó nombrarles que entre que me hablaba simpático y se fijaba en el exterior, un mar de puras yeguas lo miraba. Y él: pensando en no-sé-qué: probablemente no mujeres.

La aventura terminó en San Joaquín, por supuesto. Y no es que quiera hacerle una apología a este tipo de seres humanos, sino que nunca-jamás-había-percibido -a-alguien-tan-bueno. De apariencia, y de sentimientos. Repróchenme lo que quieran ( lo viste media hora, no es concluyente). Pero simplemente me preguntaba si es que acaso él había nacido aquí: con la mugre, las papitas fritas, con Tommy Rey y Américo en la Tele. ¿Sabrá que le pueden robar ese Rolex en cualquier calle de Santiago? ¿Habrá visto alguna vez en su vida a algún flaite? ¿Sabe lo que significa una duchita caliente para el que no la tiene? ¿ Se habrá dado cuenta que es tan diferente al chileno-medio? ¿Cómo chucha cree que es Chile?

En fin. Todo un paradigma filosófico para alguien que probablemente debe estar comiendo caviar o disfrutando en algún spa chino. Y como ya saben, esto quizás puede estar plagado de prejuicios. Inevitable, por lo demás, cuando te encuentras con Príincesas y Príncipés.

domingo, 8 de noviembre de 2009

¿Cómo le explico?




Este joven lo tenía todo claro. Iba a la Universidad a enseñar; a reírse de los profesores. Lo sabía todo. Todo. Sabía tanto y de tantos, que la mayoría de la vida se la pasaba durmiendo: lo que no sabía era qué iba a soñar.

Quisiera contarles qué es eso que sabía, pero no lo sé, sólo se que todo estaba en su cabeza.
Un día, caminaba yo con mi parsimonia de siempre; cuando el viento me desordenó la ropa y desmaquilló mi rostro. Allí fue cuando me lo encontré, camino a casa.

No sé, muy extraña es la vida: sentí que me observó y en segundos se llevó lo que era. Y me imaginaba que si él sabía lo que pasaría, no habría hecho lo que hizo: me sonrió, vi sus encías, subió al Metro y se esfumó.
Lo de las encías era necesario nombrarlo: me quedé pensando en ellas un buen rato.

Luego me pregunté: Si lo sabe todo, ¿ sabrá él que pienso en sus encías? ¿ Sabrá él que yo no creo que lo sepa?
Fue entonces cuando me embargó esta vergüenza, porque imagínense algo peor: ¡¡¿Qué tal si sí lo sabe!!?? ¿ Cómo le explico que pasé más de media hora pensando en encías?

sábado, 31 de octubre de 2009

Casi imposible.




No sé cómo
se me ocurrió escribir poemas.
No sé ni cómo huelen:
menos cómo se escriben.

Y sin embargo sé
que te quiero
escribir
el poema
más bello de todos,
y que mis manos sueltas:
desvergonzadas,
te recorrerán en las noches
y te vomitarán en
los papeles.

¡Hacer el poema más bello del mundo:
o del Universo,
o de los universos!
Con la ciencia nunca se sabe.

Para eso
recorrí el mundo;
créeme,
buscaré para este poema:
a la dama más enamorada,
a el mar más frondoso
desde una elegante
desembocadura.

Hallaré metáforas
donde nadie las ha leído.
Cambiaré el nombre
hasta del mismo poema.
Copiaré un verso
si es necesario:
apiádense poetas,
he aquí una ladrona de bellezas.

Mas:
¡Cómo hacer que rime,
que emocione
y que se aplaudan ellas al leerse!,
¡Que todo gavilán se arrepienta
de volar
sin hacerlo antes por mis hojas:
que la palabra agradezca ser tan
embellecida!

Que el poeta sea juez del mundo.
Que la poesía cree al hombre
y no al revés.

Porqué, nos preguntamos,
todos los poetas, y yo,
por qué separó la Naturaleza
tanta belleza:
quizás toda junta,
en un poema,
quizás una belleza
por cada poema
y luego de eso,
me dirás tú: quietud.

Por ese motivo,
y con las peores intenciones
de un anti-anti-poeta,
quise unir lo más bello.
El resto:
el resto del trabajo
déjaselo al amor.



jueves, 15 de octubre de 2009

La Respuesta.


Caminaba la respuesta al frente,

cuando preguntaba

por ella:

¿Será que la veré?

¿Será que se escucha o recuerda?

Será que existe, será palabra y una sola, será mentira o una paradoja.

Será que tiene edad y se cansa de vivir,

Será que tiene tiempo

o que aún no nace

Será que es un niño que juega y se esconde.

Será que está desnuda

o al menos se viste.

Será que ni siquiera ella se conoce.

Pasó y ni supe:

Mi corazón palpitó al ver su sombra doblar la esquina.

No se imagine Ud. un edificio:

era una esquina que flotaba en el aire.


Piense Ud. cuando la conozca

y me vea cruzando las calles

Y sea yo quién dobla las esquinas

la que las pinta de sombra

la que se arranca y se venga

a la que el tiempo la envejece

y se pregunta por ella

sin saber que no es sino en su mente

donde están todas las avenidas.



domingo, 11 de octubre de 2009

De magos, sastres y Oro.


Hay quiénes leen los libros aún mejor que quienes los escriben. Hay quienes que a partir de la poquísima materia prima de las palabras, erigen edificios o los demuelen. Esa es la tarea “casi-imbécil” de los que roban un verso, se acuestan con él, lo reposan debajo de la almohada y lo transmutan en ideas al día siguiente. Digo casi, porque siendo escéptica, ya nada es una total verdad, y lo más seguro es que esté equivocada.

Muchos de estos alquimistas maniáticos somos los humanistas. Aquellos que ansiamos con fulgor descubrir códigos secretos en donde, quizás, no hay ningún disfraz. Aquellos que leemos en los zapatos de los autores y nos movemos por las letras con el mismo vaivén con el que el autor manipulaba su pluma. Y por más que intenten convencerme, a muchos humanistas les interesa poco la verdad. Más bien, algunos se han dedicado a desordenarla o a inventarla. Muy bien lo decía Einstein: “si deseas decir la verdad, hazlo con precisión. La elegancia déjasela al sastre”.

Y eso somos. Unos sastres. Y unos sastres complejos.

A ver qué diría Aristóteles si le contara que su libro ha sido traducido a cientos de lenguas, y como las mil putas se ha manoseado, mal interpretado; bien triturado con cuchillitos de críticas, molido, comido, debatido y requeté vilipendiado. Como Duchamp, que le hizo bigotes a la Monalisa. ( No caeré en analizar ese cuadro, Duchamp se reía de quiénes le veían algún sentido).

El análisis_ que es una de mis actividades predilectas_, tiene mucho de imaginería. Tiene mucho de creatividad, de cocina propia, de lenguaje inventado y propia condimentación. Y hoy le tocó al propio análisis ser analizado. Lo tomé por entre sus calzoncillos y le senté en una silla ( ¿Ven lo mucho de sastre y poco de precisa que soy?).

En fin, si me dedicaré a las mentiras, ya es hora de que también niegue esta verdad. ¿O no? Hay que ser consecuente. Al menos en esto: nada claro están los humanistas de lo que quieren, ¡Imagínense que ni siquiera han descubierto quiénes son!

Yo les tengo una noticia: no se engañen. Las palabras somos así: difusas, tan empaquetaditas que dejamos la realidad fuera. Si ni siquiera los números la abarcan por entero, no le pidamos más a nuestra ciencia de la confusión. A mí me gusta. Siempre me han gustado los magos.

miércoles, 7 de octubre de 2009

¿ Cómo pudo Nietszche vivir en esto?


Creo que el nihilismo debe tener un punto culmine. Y creo que lo estoy viviendo, al punto de cuestionarse hasta si este nihilismo no hace más que volver a negarse. El síntoma de muerte total la tiene esta diarrea mental que sólo me hace pensar absurderías. (
Pero ya casi todo es absurdo, ¿no?). Y así te la pasas caminando, hasta que besas a alguien y en un instante te preguntas: ¡Qué sentido tiene!, o quizás te introduces en el pasado de los griegos, alucinas con sus ideas, y te preguntas: ! Qué sentido tiene! , comes sin hambre y te preguntas: !Qué sentido tiene!, escribes en el blog y te preguntas: !Qué sentido tiene! , te preguntas! qué sentido tiene preguntarse el sentido!

¿Ven? Una tautología, como le llaman algunos: volver a lo mismo. En mi caso, NADA.
En fin, el urinario es bellísimo, quizás dice más cosas que las que Duchamp creyó.

Para seguir con mi línea los dejo con un chiste que aprendí hoy de la boca de un amigo, jaajaja, aún me río:

Un hombre va al médico y le dice:

- Doctor, tengo un problema muy serio.
- A ver, ¿cuál es?
- Es que me tiro unos pedos tremendos. Y lo raro es que no huelen mal.
- Oiga, es algo bien raro, porque siendo tan grandes tendrían que apestar.
- A ver a ver, tírese uno. El hombre se tira uno tan fuerte que empiezan a retumbar los cristales se mueven las lámparas, vuelan los papeles, empiezan a temblar los muebles y el pedo continúa.
Al cabo de unos segundos aparecen grietas en las paredes y el edificio se resquebraja y finalmente se hunde. Después de unos minutos el terremoto anal acaba. El paciente se queda mirando alrededor tratando buscar al Doctor entre los escombros, cuando de repente sale su cabeza de debajo de una piedra y dice:
- ¡Hay que operar, urgente!...
- ¿ Del ano, doctor?
- ¡No! de la nariz, weon!

jajajajaja...